Sanidad
Jorge Báez, primer niño trasplantado de médula ósea en Málaga: “Lo recuerdo como una segunda oportunidad”
Treinta años después, el malagueño es profesor de Educación Física y director del CEIP Salvador Rueda, desde donde impulsa la concienciación sobre la importancia de la donación entre los más jóvenes

Arancha Tejero

En aquel momento, con apenas once años, Jorge Báez no lo sabía, pero estaba protagonizando un hito en la sanidad malagueña: era el primer niño en recibir un trasplante de médula ósea en la ciudad. “Como niño yo no entendía la magnitud de esto”, rememora hoy a sus 41 años. Aquella intervención, realizada en enero de 1997 en el entonces Hospital Carlos Haya —actual Hospital Regional Universitario—, no solo salvó su vida, sino que marcó un antes y después en Málaga, abriendo camino a muchos niños más.
Actualmente, es director del CEIP Salvador Rueda y ha convertido aquella experiencia en un compromiso activo con la concienciación en las aulas. Desde su centro lleva años impulsando iniciativas para acercar a los más jóvenes la importancia de la donación de médula y sangre, con la certeza de que la conciencia se siembra desde la infancia.
“Los niños son esponjas y, al final, lo que se intenta es naturalizar este mensaje”, afirma el malagueño, que desde que se convirtió en docente se ha esforzado en trasladar a sus alumnos la importancia de este gesto que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por ello, la creación del I Día Escolar de la Donación de Médula y Sangre es, para él, “un sueño hecho realidad”. “Ha sido un camino largo, pero, al final, todo llega”, celebra.
El diagnóstico
“Yo enfermé en mayo del 96”, cuenta. No obstante, su diagnóstico no fue inmediato. Durante semanas, su madre lo llevó de consulta en consulta sin obtener respuestas claras. “En mi caso se manifestó con dolores en la rodilla, punciones muy fuertes, hinchazón en el estómago…”. Sin embargo, los médicos no daban con la clave. Hasta que el 6 de mayo de 1996 le llevaron a las Urgencias del Hospital Materno Infantil y, tras “un día larguísimo, desde por la mañana hasta por la noche”, le dieron la noticia: padecía leucemia.
Aquel mismo día le ingresaron. Estuvo seis días en el Materno y después le trasladaron a Sevilla, donde permaneció 33 días, antes de regresar a Málaga, donde se sometió a distintos tratamientos, varios ingresos, “muchos pinchazos” y controles periódicos. Su evolución fue «relativamente rápida» y favorable, lo que permitió planificar el trasplante para enero de 1997, coincidiendo con el 40 aniversario del hospital.

Jorge Baéz, director del CEIP Salvador Rueda / Álex Zea
“Desde que nos dieron la noticia hasta que se realizó todo era un hilo de esperanza”, explica. Antes del trasplante, tuvo que permanecer 21 días en una cámara de aislamiento —una habitación estéril—, donde era el único niño. “En cada habitación había algún paciente, pero siempre adultos”, resalta.
Recuerdos de aquella época
Aunque tan solo tenía diez años, conserva recuerdos muy nítidos de aquella etapa. Y, pese a la dureza del proceso, asegura que no tiene “malos recuerdos”. “Todo lo recuerdo como una segunda oportunidad”. Sí hay momentos que permanecen grabados con especial intensidad: “Recuerdo los distintos ingresos, el miedo, por ejemplo, al pinchazo en la espalda, que era muy doloroso”.
Pero, sobre todo, guarda las vivencias más amables como las amistades que aún conserva o las excursiones organizadas por la Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil (AVOI). “Recuerdo los juegos que hacían en la habitación, los juguetes que nos dejaban, los talleres, los campamentos…”, comparte echando la vista atrás.
Con el paso del tiempo ha comprendido que su familia vivió aquella etapa de forma muy distinta. “Esos miedos y esas vivencias diarias que tenían ellos no las compartían conmigo o intentaban que yo no las notara”, relata. Aun así, insiste en que su recuerdo global es positivo: “Solo tengo palabras de agradecimiento hacia toda la comunidad médica”.
Primer niño trasplantado
En aquel momento, no era consciente de la dimensión que tenía ser el primer niño trasplantado de médula. “Estando todavía ingresado en el Materno un médico me estuvo haciendo fotos en la habitación, pero yo no comprendía la magnitud de lo ocurrido”. Con los años esa percepción cambió: “Como niño vivía el día a día, con esperanza. Y a medida que uno se hace adulto comprende la importancia de esto”.
El trasplante fue un éxito. Tras meses de revisiones, llegó el alta definitiva y, con ella, “una vida normal". En su caso, desconoce la identidad de su donante, pero tiene claro que le estará eternamente agradecido. “Tuve la suerte de encontrarlo, someterme a este tratamiento y que, a día de hoy, todo quede como un recuerdo lejano del que he aprendido bastante”.
Trayectoria profesional
El malagueño destaca que aquella vivencia ha marcado su trayectoria personal y profesional. Como director del CEIP Salvador Rueda y maestro de Educación Física, ha luchado siempre por integrar la donación de médula en el día a día del centro, donde, asegura, siempre se ha sentido “muy arropado”.
Sus alumnos, explica, están “muy concienciados”. Báez no tiene problema en compartir con ellos su historia y afirma que la reacción al escucharla por primera vez suele ser de sorpresa. “Al principio se quedan como diciendo: ‘¿tú has pasado por eso?’”, detalla. “Entonces comprenden que esto es una realidad”.
Día Escolar de la Donación de Médula
De esa convicción nace su implicación el Día Escolar de la Donación de Médula y Sangre, un proyecto impulsado por AVOI, Héroes hasta la Médula y Paula y la Fábrica de Médula. La fecha elegida es el 26 abril en homenaje al cumpleaños de Pablo Ráez, el joven malagueño que falleció tras varios años luchando contra una leucemia. No obstante, este año, al caer en domingo, se trasladará al 24 de abril, día en el auditorio Eduardo Ocón acogerá una jornada con diferentes actividades de concienciación.
Báez señala que AVOI le ha acompañado prácticamente durante toda su vida. Les conoció como paciente y ahora colabora con ellos como docente y como institución educativa. “Intento ser un centro promotor de esta donación de médula y un referente para el resto de centros educativos”, sostiene.
“No hablamos de una efeméride más en el calendario. Para mí es la más importante, porque con ella se salvan vidas”, subraya Báez, que espera que esta iniciativa se extienda pronto a nivel andaluz. “La vida me ha llevado a estar en este puesto y lo veo como una oportunidad de dar gracias y aportar mi granito de arena”, concluye. “Yo me conseguí salvar y espero que con esto también se pueda salvar a más gente”.
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