Investigación
La capa de la UMA aplicada sobre el pavimento pone fin a los resbalones y permite retirar la cera en tiempo récord
La nueva alfombra "de sacrificio” aplicada esta Semana Santa en las calles, en vez de esparcir el líquido anticera, facilita una retirada mucho más rápida de la vela que podría completarse en solo dos semanas, frente al mes que suele requerirse en otras ciudades, y ha acabado con todos los problemas más criticados por cofrades y viandantes en los últimos años

En el Centro trabajan simultáneamente ocho equipos con hidrolimpiadores para retirar la cera acumulada sobre la capa aplicada. / Miguel Ferrary

La batalla contra la cera en el Centro de Málaga ha dado este año un giro importante. La nueva capa de sacrificio diseñada por la Universidad de Málaga para proteger el pavimento durante la Semana Santa está ofreciendo resultados que el Ayuntamiento y los investigadores consideran muy positivos: la cera se retira con más facilidad, los trabajos avanzan a un ritmo muy superior al habitual y, además, se han evitado los resbalones que tantos problemas y críticas habían generado en años anteriores.
La imagen de estos primeros días de Pascua de operarios de Limasam retirando cera a contrarreloj forma parte del paisaje habitual del Centro con una novedad relevante en este 2026 tras una de las polémicas más persistentes de los últimos años: el tratamiento del pavimento. El nuevo sistema impulsado por el Consistorio y desarrollado por el Departamento de Química Inorgánica, Cristalografía y Mineralogía de la facultad de Ciencias de la UMA ha permitido cambiar el modelo de limpieza y abrir una vía que ya se mira con atención desde otras ciudades.
El corazón del avance está en una “capa de sacrificio protectora” aplicada sobre la solería. Su función ha sido clara: impedir que la cera se adhiera directamente a la piedra. En lugar de penetrar en los poros de la roca, el residuo se ha quedado fijado en esa película superficial, diseñada para retirarse con mayor facilidad una vez terminadas las procesiones.
El profesor Paco Franco, director del equipo de investigación, resume así el cambio: “La cera no está pegada a la roca, sino a la capa que se quita con facilidad”. Esa diferencia técnica, aparentemente mínima, a la vista, pero con espectaculares resultados prácticos, antes, durante y después de las procesiones de Semana Santa, está siendo decisiva en el resultado final.
Cambio de modelo: sin líquido anticera y más protección del pavimento
Hasta ahora, el sistema tradicional se apoyaba en el conocido líquido anticera, que facilitaba una recogida diaria rápida mediante un simple barrido. Al caer sobre el pavimento tratado, la cera se curvaba y no se adhería a la solería, de modo que las barredoras podían retirarla cada mañana con agilidad.
Pero ese modelo arrastraba también sus alargadas y cargantes sombras: resbalones, manchas en los bajos de túnicas y capas, críticas de las cofradías y una presencia constante del operativo de limpieza en pleno recorrido procesional, delante de cada cruz guía, lo que suponía un grave impacto antiestético en cada cabeza de procesión.
De ahí que este año se haya apostado por otro esquema. Como adelantó La Opinión de Málaga, en vez de retirar la cera a diario, el sistema ha permitido que esta se acumule sobre la capa protectora para eliminarla al final de la semana con mayor eficacia. Y el balance, según el equipo investigador, está siendo muy positivo.
“Este año, nuestro modelo requiere esperar a que la cera se acumule y hacer una retirada final, pero está siendo muy fácilmente eliminable”, explica Franco. La clave está en que, si se hubiera dejado caer directamente sobre la piedra, “habría penetrado en los poros de la roca y sería mucho más difícil retirarla”.

Una niña pide cera a un nazareno. / Eduardo Nieto
Limpieza en dos semanas frente al mes de otras ciudades
Uno de los datos más llamativos está en los tiempos. Mientras en otras ciudades la retirada total de la cera puede prolongarse durante cerca de un mes, en Málaga la previsión es completar el trabajo en dos semanas.
“La velocidad de retirada es el doble”, señala Franco, que destaca la coordinación del dispositivo activado por Limasam tras el Domingo de Resurrección. Ahora mismo trabajan de forma simultánea ocho hidrolimpiadoras o calderas, aplicando agua a presión a temperaturas de entre 80 y 90 grados para levantar la cera adherida a la capa superficial.
El investigador no oculta su satisfacción con el operativo: “Estoy impresionado con el operativo de limpieza a lo largo de toda la Semana Santa”. Y añade: “Me enseñaron el operativo el Lunes de Pascua y me impresionó todo el personal dedicado a la limpieza y la coordinación”.
Tres capas para proteger, agarrar y repeler la cera
El producto aplicado en el Centro no actúa como una simple película. Se trata de un sistema compuesto por tres fases, según explica Franco. Una primera capa protectora, una segunda con fuerte efecto antideslizante y una tercera capa superficial oleofóbica, pensada para repeler la cera en los primeros días.
Con el paso de miles de personas durante la Semana Santa, esa superficie se va desgastando. Aun así, el comportamiento del tratamiento ha sido el esperado: al principio repele mejor; después permite la acumulación controlada del residuo. Y esa acumulación final, lejos de ser un problema, ha acelerado la limpieza posterior.
Franco lo explica así: “Los primeros días la cera no se pegaba tanto y, cuando la capa superficial se iba desgastando, la cera se iba acumulando, pero nos alegramos porque el proceso de limpieza posterior se acelera notablemente”.
Menos resbalones y más seguridad para los cortejos
La otra gran prueba de fuego estaba en la seguridad. El líquido anticera había quedado muy tocado tras años de críticas por su efecto deslizante. La preocupación no era menor: había cofrades, hombres de trono y nazarenos que señalaban ese producto como origen de caídas, manchas y escenas poco deseadas en pleno paso de las procesiones.
En este sentido, la nueva capa protectora ha supuesto un avance importante. Según el equipo investigador, el sistema ha contribuido a evitar los resbalones que tanto malestar habían generado en la Semana Santa malagueña. La investigación nació precisamente por esa doble necesidad: proteger el patrimonio pétreo del Centro y mejorar la seguridad sobre el pavimento. El encargo llegó desde el Ayuntamiento en el otoño de 2024, dentro de una línea de trabajo que no se ha detenido desde entonces.
“Me llena de orgullo que el Ayuntamiento no se conforme y quiera seguir mejorando”, afirma Franco. “Las exigencias de calidad son de altos estándares para el Ayuntamiento y la UMA, buscando la excelencia”.
La investigación sigue: objetivo, una retirada diaria en 2027
El éxito de este año no cierra el problema, sino que abre una nueva fase. El grupo de la facultad de Ciencias de la UMA, adscrito al Departamento de Química Inorgánica, Cristalografía y Mineralogía, seguirá trabajando para mejorar el producto de cara a 2027.
La meta ya está definida: lograr una fórmula mixta que no solo proteja la roca y evite los resbalones, sino que también permita retirar buena parte de la cera cada día, sin tener que optar por un modelo exclusivamente acumulativo.
Estamos trabajando para que en 2027 ese modelo acumulativo sea mixto: no solo acumule, sino que permita la retirada de gran parte de la cera a diario; sería lo ideal
“Estamos trabajando para que en 2027 ese modelo acumulativo sea mixto: no solo acumule, sino que permita la retirada de gran parte de la cera a diario; sería lo ideal”, sostiene Franco. Y remacha: “Daremos todo lo mejor que tiene la ciencia para encontrar una solución muy optimizada y solo prometemos más trabajo”.
La línea de investigación ya apunta en esa dirección. “Ya estamos buscando aditivos para que genere fuerte repulsión de la cera, además de proteger la roca y evitar resbalones”, adelanta el director del proyecto.
Interés de otras ciudades por la solución malagueña
El resultado no ha pasado desapercibido. Según explica el propio investigador, desde hace tiempo se han producido consultas de otros municipios interesados en conocer esta experiencia desarrollada en Málaga. No obstante, Franco subraya que es el Ayuntamiento quien debe canalizar esa posible transferencia de conocimiento, al tratarse de una investigación encargada por el Consistorio.
Detrás del proyecto hay un equipo multidisciplinar de especialistas de la Universidad de Málaga, con Paco Franco al frente, que lleva desde 2024 intentando resolver uno de los grandes quebraderos de cabeza de la Semana Santa malagueña: cómo hacer compatible la limpieza, la seguridad, la conservación del pavimento y la estética de los cortejos.
Este año, al menos, Málaga ha dado un paso de calado. Quizá no sea todavía la solución definitiva. Pero sí una evidencia de que el problema del anticera ya no se aborda solo con costumbre o resignación, sino con investigación, tecnología y una hoja de ruta clara para seguir mejorando.
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