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Callejeando por Málaga

El declive del comercio tradicional en la calle Pelayo: la transformación de Málaga hacia un entorno más turístico

El cierre del Mercado de Bailén para su restauración y la falta de aparcamiento en la zona han afectado a los negocios de la calle Pelayo, que buscan reinventarse para adaptarse a la nueva realidad

Vista de la calle Pelayo hacia la calle Martínez Maldonado

Vista de la calle Pelayo hacia la calle Martínez Maldonado / C.C.

Carlos Cordero Rosado

Es primera hora de la mañana en la calle Pelayo, los negocios abren las persianas metálicas y los residentes locales comienzan a realizar las compras del día tirando de un carrito de la compra. Bullicio, jaleo y ambiente serían las palabras perfectas para describir esta calle llena de negocios locales que incluyen desde un zapatero hasta una frutería o un cerrajero. Después de realizar la compra de productos frescos del día y antes de comenzar a realizar un delicioso guiso, la gente se toma un pequeño aperitivo o tapa con su correspondiente copa de vino o cerveza. Se respira vitalidad y placer. Pero ya no.

La calle Pelayo fue durante años una importante arteria comercial donde la vida giraba en torno a lo cercano: comprar el pan, arreglar un electrodoméstico, tomar un café y conversar sin prisa. Hoy, esa rutina sobrevive, pero con grietas. Quienes llevan décadas en esta vía hablan de otra calle. Una más viva, más ruidosa y más llena. “Esto era una de las calles más comerciales de la ciudad”, recuerda María José, panadera que lleva 27 años con el negocio. “Había movimiento todo el día”, subraya Carmen, propietaria de una tienda de joyas que heredó de su familia.

Calle Pelayo

Calle Pelayo / C.C.

Este movimiento ya casi no existe. La clientela de siempre, la de toda la vida, la que le gustaba tratar cara a cara con el propietario de un negocio, ha ido desapareciendo poco a poco. Algunos jóvenes que crecieron en esta calle se han marchado a otros lugares de la periferia de la ciudad y otros que pasaron toda su vida en esta calle ya no están. Con ellos también se ha ido una forma de consumir, una más delicada, más pausada, más cercana. Ahora la prisa es la que marca nuestro hábito. Comprar más rápido, todo en un mismo sitio, no detenerse. Es por ello por lo que los negocios de barrio no consiguen mantenerse y los centros comerciales o supermercados son cada vez más predominantes en las ciudades.

Adaptarse para continuar

Ante este cambio, toca reinventarse para sobrevivir. En la cafetería Pelayo 23 tienen claro que hay que diferenciarse para evitar el cierre. Por eso, decoran el local con las distintas tradiciones de la ciudad según la época del año. Ahora, tienen una decoración de carteles de Semana Santa, pero va cambiando si es Carnavales o Navidad. Desde los años 70 sirven desayunos, comidas caseras y menús. Mantienen ese trato cercano y la mayoría de los clientes llaman por su nombre al camarero. Pepe, su propietario, ha visto con sus propios ojos el gran cambio que ha sufrido esta calle. “Lo que antes era una droguería o una papelería, ahora es una vivienda turística”, afirma. Este negocio puede ser de los pocos de esta calle que mantienen la antigua esencia de barrio. Su ambiente dicharachero mezclado con el ronco sonido de la máquina de café y las conversaciones marcadas con el acento malagueño, te hace volver a los orígenes de lo que fue un día esta calle.

Pepe, propietario del restaurante Pelayo 23, en su día a día

Pepe, propietario del restaurante Pelayo 23, en su día a día / C.C.

Mercado de Bailén, esperando que recupere su actividad

Justo enfrente de esta cafetería, hay una tienda de moda para mujer. Ana es la propietaria de Chade y, aunque no lleva muchos años con el negocio abierto, sí que es vecina del barrio de toda la vida. Afirma que su negocio se ha visto muy afectado por el cierre para la restauración del Mercado de Bailén. "El mercado daba mucha vida al barrio porque la gente subía y bajaba por calle Pelayo. Con su restauración, los clientes dejaron de ir y ahora en su reapertura son pocos los que vuelven a comprar en el mercado", explica Ana.

Entrada de Modas Chade

Entrada de Modas Chade / C.C.

Contiguo a su negocio había un locutorio hace un par de años, ahora ese local está reconvertido en vivienda. Esto muestra el rumbo que ha tomado no solo la ciudad de Málaga, también calle Pelayo. Ana es profesora de inglés y escribe libros de cocina. Admite que cada vez son más los turistas que pasean por Pelayo y que entran a su local. Aprovechando su conocimiento sobre el idioma extranjero, añadió un cartel en la entrada en el que puede leerse "We speak english". Esta forma de reinventarse le permite mantener su negocio y adaptarse a la nueva clientela de la ciudad.

Ana añade que la vida comercial de la calle Pelayo era muy activa antiguamente debido a Almacenes Mérida, lo que ahora es el Hotel Málaga Plaza. Este gran edificio comercial era uno de los lugares en los que todos los malagueños iban a realizar grandes compras. Y no solo eso, los habitantes de pueblos cercanos llegaban a esta zona en autobús y realizaban también importantes compras en este almacén y en comercios locales de la zona.

Cartel en "Modas Chade"

Cartel en "Modas Chade" / C.C.

Unos metros más abajo, camino a la calle Mármoles, se encuentra la tapería Pelayo. Su dueña regenta el negocio desde hace 8 años y el cambio hasta el día de hoy es muy notable. El restaurante ha pasado de ser un lugar de encuentro a tener que reinventarse en internet. Un bar que era de barrio, de toda la vida, de tapa y cerveza, ahora espera a los turistas que llegan a través de Google Maps para poder tener una alegría durante la semana. “También tengo mi negocio en Glovo, pero no pide tanta gente”, confiesa su propietaria que añade que no es lo mismo que antes, pero al menos le da para vivir.

La pandemia y los aparcamientos

A estos problemas se le suma la falta de aparcamiento en el barrio. La imposibilidad de aparcar cerca de esta zona dificulta la llegada de consumidores. “Sin facilidad para aparcar, la gente no viene a comprar”, coinciden varios propietarios de negocios. Son muchos también los que coinciden en otro aspecto que puede ser clave. La pandemia. Esto supuso un golpe duro para muchos negocios que no consiguieron reabrir cuando se restableció la normalidad. La suma de falta de aparcamiento y la pandemia han sido unos factores crueles de cara a la prosperidad de esta calle. Son varios los vecinos de la zona que responden de forma similar sobre este tema. Además, este problema se acentúa con el cierre del Mercado de Bailén para su restauración, que tardó más de lo previsto. Los usuales que realizaban sus compras en el mercado, buscaron otra alternativa durante su cierre y, según cuentan los vecinos de la zona, ya se han amoldado a comprar en otras zonas y no han vuelto al mercado o son pocos los que han vuelto. Esto genera menos tráfico de personas en el barrio y repercute en todos los negocios de la zona.

Nuevo edificio en construcción

En el número 17 de calle Pelayo está en construcción un nuevo edificio y la pregunta que surge en el barrio es evidente. ¿Realzará esto al barrio y sus negocios o se convertirá en un nuevo edificio lleno de turistas e inversores? La apertura de este edificio se espera con ansia y los negocios se aferran al clavo ardiendo de que les beneficie económicamente. Este edificio tendrá 28 viviendas con 28 garajes y desde la promotora aseguran que "es una propuesta perfecta tanto para quienes los que quieren vivir en el centro de Málaga, como para quienes quieren invertir en la ciudad de referencia del territorio nacional". Hasta el momento, el fruto de este edificio es una incógnita y el resultado que tendrá en los comercios del barrio también.

Maqueta del nuevo edificio en calle Pelayo

Maqueta del nuevo edificio en calle Pelayo / Loiola

Hoy esta calle muestra dos realidades en las que se encuentra la ciudad de Málaga. El comercio tradicional de barrio y la transformación hacia un entorno más turístico y globalizado. Sigue habiendo tradición, negocios y gente del barrio, pero se puede palpar que poco a poco se escapan. Mientras que algunos negocios cierran la persiana, otros siguen reinventándose cada día porque se niegan a desaparecer y perder lo que son.

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