Sanidad
Más de 300 niños con enfermedades graves han cumplido su sueño en Málaga gracias a la Fundación Pequeño Deseo
Desde convertirse en princesa por un día hasta conocer a su ídolo, la entidad, en colaboración con el Hospital Materno Infantil, ofrece apoyo anímico a menores hospitalizados haciendo realidad su mayor deseo

A la izq. Selena junto a su hermana convertidas en princesa. A la dcha. David cumple su sueño de concer un molino eólico. / L.O.

A veces, la fuerza no llega en forma de medicamento ni de tratamiento, sino de ilusión. En los niños que atraviesan una enfermedad grave, cumplir un deseo puede convertirse en una manera de recuperar el ánimo, la alegría y la energía para afrontar el proceso con más esperanza.
Con esa vocación nació hace más de 25 años la Fundación Pequeño Deseo, una entidad que apoya emocionalmente a menores y adolescentes hospitalizados con patologías graves —como enfermedades oncológicas, neurológicas, crónicas o raras, como la piel de mariposa— a través del cumplimiento de su mayor deseo, bajo la convicción de que “a veces, cumplir un deseo es la mejor medicina”.
En Málaga, la fundación colabora desde hace más de una década con el Hospital Materno Infantil. Desde entonces, ha hecho realidad el sueño de 319 menores de la provincia, con el objetivo de ayudarles a afrontar mejor la enfermedad. Solo en 2025 cumplió 25 deseos y, en lo que va de 2026, ya suma ocho. A nivel nacional, desde su creación, la entidad ha superado los 7.700 deseos cumplidos.
“Sabemos que el estado anímico también es muy importante en los procesos de recuperación de los niños y que forma parte también del tratamiento. Sabemos que la medicina no es solamente la parte física, sino que también se cuida mucho toda la parte emocional”, explica Cristina Pozo, psicóloga infantil y directora de proyectos de la Fundación Pequeño Deseo. Este año, la entidad ha renovado su acuerdo con el Hospital Materno Infantil de Málaga, uno de los más de 35 centros hospitalarios con los que trabaja en toda España.

Selena (dcha.) cumple su deseo, junto a su hermana, de convertirse en princesa por un día. / L.O.
Deseos cumplidos
Los deseos son tan diversos como los propios niños y, aunque a veces puedan parecer sencillos, para ellos encierran un gran significado. La fundación los agrupa en cuatro grandes categorías: tener, conocer, ir o ser. Selena, por ejemplo, llevaba mucho tiempo hospitalizada y soñaba con poder ser una princesa. Gracias a la colaboración del Gran Hotel Miramar, que se convirtió en su palacio por un día, pudo cumplir su sueño. Allí la vistieron para la ocasión y, al bajar la gran escalinata del hotel, la esperaba una carroza de caballos junto a otras princesas.

David cumple su deseo de visitar por dentro un molino eólico. / L.O.
“Son experiencias muy bonitas”, resume Pozo, que destaca que otro de los aspectos más emocionantes de todo el proceso es la cantidad de personas que, de manera altruista, se implican para hacer posible el deseo de un niño.
En otra ocasión, David pidió ver el interior de un molino eólico. “De camino al hospital siempre veía los molinos eólicos por la ventana y le apasionaban. Así que organizamos una experiencia junto con Iberdrola y le llevamos a conocer por dentro un molino para que lo viera de cerca”, rememora la psicóloga.
Otro de esos deseos cumplidos fue el de Miguel Ángel, que pudo conocer a los futbolistas Unai Simón y Álvaro Morata. O el de José, que junto a Pelayo (de Sevilla), cumplieron su sueño de conocer a Rafa Nadal y Carlos Alcaraz.

José (izq.) y Pelayo (dcha.) conocen a Rafa Nadal y Carlos Alcaraz. / L.O.
Volver a ser niños
“Luego tenemos niños que quieren tener algo y siempre lo envolvemos con una experiencia, que es algo muy importante para nosotros porque es luego lo que recuerdan y lo que les da fuerzas durante el tratamiento”, cuenta Pozo. A pesar de la gran variedad de deseos, sostiene que hay un rasgo común en todos ellos: “lo que quieren es volver a sentirse niños”. Recuerda que estos menores se ven obligados a afrontar largos periodos de hospitalización y tratamientos muy duros que interrumpen su vida cotidiana y les arrebatan, al menos durante un tiempo, parte de su infancia.
Asimismo, aclara que nada de todo esto sería posible sin la coordinación con los hospitales. Son los profesionales sanitarios quienes les derivan los casos de los niños que consideran que más pueden beneficiarse de ese impulso emocional. Después llega el trabajo con las familias, a las que desde el primer momento convierten en “cómplices” del proceso. “La ilusión de los padres empieza antes que la del niño, porque nos ayudan un poco a preparar todo”, señala.

Cristina Pozo, psicóloga infantil y directora de proyectos de la Fundación Pequeño Deseo. / L.O.
La fuerza de la sorpresa
A partir de ahí comienza una labor minuciosa. Toca visitar al menor, hablar con él, intentar conocer mejor sus intereses y averiguar qué le hace verdadera ilusión, pero sin desvelar en ningún momento la identidad de la fundación. “Para nosotros es muy importante el efecto sorpresa. Creemos que es mucho más beneficioso cuando de repente el deseo se cumple sin que los niños tengan ni idea”, subraya la psicóloga. Una vez descubierto “el deseo”, se pone en marcha una compleja maquinaria que implica a terceras personas, muchas llamadas y una gran coordinación de agendas, permisos y desplazamientos, siempre con el visto bueno y el respaldo del equipo sanitario.
Todos los gastos corren a cargo de la Fundación gracias a las aportaciones de las empresas colaboradoras y los socios. “Hay mucho trabajo detrás de cada deseo”, reconoce Pozo. “Pero se hace con mucha ilusión, porque estás trabajando para cumplir el deseo de un niño. No veo cosa más maravillosa ni una motivación mayor”. Siempre que un sueño se hace realidad, la fundación entrega al menor una “varita mágica” como símbolo de ese instante especial.
Mucho más que alegría
Pozo insiste en que cumplir un deseo va mucho más allá de regalar un momento feliz. Según explica, estas experiencias ayudan a mejorar el estado anímico de los niños, reducen el miedo y la ansiedad y les ayudan a recuperar la ilusión en una etapa especialmente difícil. Esa inyección emocional se traduce, además, en más motivación, energía, fuerza y esperanza para afrontar los tratamientos. “Al final dicen: ‘Si se ha podido cumplir esto, que para mí era inalcanzable, ¿cómo no voy a poder yo con todo este proceso de la enfermedad?’”, relata. “Cambia la actitud con la que lo afrontan”.
Ese impacto emocional no es solo una percepción, sino que cuenta también con un respaldo científico. Un estudio realizado junto al Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y la Universidad Complutense evidenció que el 97% de los niños afirmaron que la experiencia les servía para animarse en momentos difíciles, mientras que el 81% señaló que había aumentado su espíritu de lucha. La investigación también concluyó que esos efectos no eran pasajeros: podían mantenerse hasta nueve meses después del cumplimiento del deseo, actuando como un “salvavidas emocional” para el niño frente a la enfermedad.
En mitad de un proceso marcado por ingresos, pruebas y tratamientos, la Fundación Pequeño Deseo abre un pequeño paréntesis de alegría para que los niños vuelvan a ser, por un momento, solo niños y recuperen la sonrisa y las ganas de luchar.
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