Sanidad
“Pensé que nunca conseguiría ser la misma de antes”: así ayuda la rehabilitación cardiaca tras un infarto en Málaga
El Hospital Clínico combina el ejercicio físico supervisado, el apoyo psicológico y la educación sanitaria, y cuenta con un programa de género específico para mujeres que busca mejorar su acceso y adherencia a la rehabilitación

Arancha Tejero

Tras sufrir un infarto, lo habitual es tener miedo. El corazón ya ha fallado una vez y muchos pacientes temen que pueda volver a hacerlo. El instinto empuja al reposo, a evitar esfuerzos y a protegerse. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que una de las mejores formas de cuidar el corazón después de un evento cardiovascular es precisamente moverse: hacer ejercicio físico y adoptar hábitos de vida saludable.
Por eso, el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga cuenta con un Programa de Rehabilitación Cardíaca y con un gimnasio propio para ayudar a los pacientes a fortalecer de nuevo su corazón y reducir el riesgo de un nuevo episodio cardiovascular. No es, sin embargo, un gimnasio convencional. Está diseñado para personas con cardiopatías, lo que significa que toda la actividad que se realiza está personalizada y adaptada a la capacidad de cada paciente, y es supervisada y monitorizada por profesionales. Durante toda la sesión, se lleva un registro electrocardiográfico individual para poder detectar cualquier posible alteración del ritmo cardiaco, ya que se trata de pacientes de alto riesgo.
“Es una oportunidad para que el paciente tenga una nueva vida”, afirma Adela Gómez, directora de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Física y Rehabilitación del hospital. El centro fue pionero en la creación de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca en 2002, que está conformada por un equipo multidisciplinar compuesto por médicos rehabilitadores, cardiólogos, endocrinos, urólogos, médicos de familia, enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos y nutricionistas.

Profesionales médicos y pacientes del programa de género de la Unidad de rehabilitación cardiaca del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. / Álex Zea
Programa de Género
Además, es el primer y único hospital público de la provincia que cuenta, desde 2015, con un Programa de Género centrado en la mujer dentro de la rehabilitación cardíaca. Los profesionales detectaron que existía un sesgo de género y que, pese a los beneficios demostrados de estos programas, la rehabilitación cardíaca seguía siendo un recurso infrautilizado por las pacientes. Por un lado, porque eran derivadas en menor medida por los propios especialistas y, por otro, porque muchas mujeres rechazaban participar.
Por ello, la unidad decidió crear un programa específico, con horarios que facilitan la conciliación familiar, ejercicios adaptados a sus necesidades y gustos, y con grupos exclusivos de mujeres para favorecer el sentimiento de pertenencia y el apoyo emocional entre ellas. “El programa de género nos permite que las mujeres puedan tener esa segunda vida”, remarca Gómez.
Dos pacientes, un mismo miedo
Remedios Góngora e Isabel Romero están separadas por más de cuatro décadas, pero comparten una misma sensación: el miedo a que el corazón vuelva a fallar. Una llegó al programa después de una angina de pecho; la otra, tras un infarto que la sorprendió en el trabajo. Las dos pensaron al principio que hacer ejercicio era imposible. Ahora, cada avance, lo celebran como una pequeña victoria.
“Estoy muy contenta. Se lo aconsejo a todo el mundo. Que lo hagan, porque te fortalece y tienes otro espíritu. Conoces a compañeras, conoces su problema, ellas conocen el mío y la verdad es que esto es como una familia”, cuenta Remedios a La Opinión de Málaga, que ha tenido la oportunidad acudir a una de las sesiones del Programa de Género para conocerlo por dentro.

Profesionales médicos y pacientes del programa de género de la Unidad de rehabilitación cardiaca del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. / Álex Zea
"No podía ni abrir la botella de agua y ya lo he conseguido. Y el ejercicio poquito a poco lo estoy haciendo. Con las pesas ya he conseguido un kilo, que para mí es un récord”, resalta. Aunque Remedios es la mayor del grupo, tiene casi 82 años, realiza cada ejercicio con energía: hace zancadas, pedalea con fuerza en la bicicleta y completa todas las series con las pesas.
Isabel, de 36 años, sufrió un infarto el pasado 3 de septiembre de 2025 mientras trabajaba. Tras un mes en el programa, ya empieza también a notar los avances y se siente “más fuerte” y “con muchas más ganas de seguir adelante”. “Me encuentro mucho mejor. Mi corazón todavía sigue débil, pero poco a poco voy recuperando mi fuerza. Y lo que quiero es conseguir tener mi vida de antes”, subraya. Tras el alta, recuerda, estaba tan débil que no podía ni comer sola ni atarse los cordones. “Me tenían que llevar al baño, vestirme, ponerme los zapatos... Estaba sin fuerza ninguna”, señala.

Profesionales médicos y pacientes del programa de género de la Unidad de rehabilitación cardiaca del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. / Álex Zea
Ejercicio, psicología y educación
La rehabilitación cardíaca es un programa multidisciplinar, supervisado médicamente, dirigido para pacientes con enfermedades cardiovasculares. Se divide en tres pilares: ejercicio físico, apoyo psicológico y educación sanitaria. “El objetivo es que el paciente adquiera un estilo de vida cardiosaludable para que no vuelva a tener otro infarto de miocardio”, explica la especialista de Medicina Física y Rehabilitación.
El perfil más habitual es el de pacientes con cardiopatía isquémica —como el infarto o la angina de pecho—, aunque también está indicado para personas que han sido operadas del corazón, han tenido un trasplante o sufren insuficiencia cardíaca.

Profesionales médicos y pacientes del programa de género de la Unidad de rehabilitación cardiaca del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga. / Álex Zea
El programa tiene una duración de dos meses. Durante ese tiempo, los pacientes acuden tres días a la semana. En unas sesiones realizan solo ejercicio físico; en otras, el entrenamiento se combina con terapia psicológica grupal; y el tercer día reciben charlas educativas —abiertas también a los familiares— sobre cuestiones como la dieta, la medicación, la disfunción sexual o el control de los factores de riesgo. Porque el objetivo no es solo que recuperen la forma física y la funcionalidad, sino también acompañarles en la transición hacia una nueva vida más saludable.
Mujeres cada vez más jóvenes
Cada año, la Unidad de Rehabilitación Cardíaca valora alrededor de 1.200 pacientes. De ellos, unos 350 —en torno al 30%— realizan el programa de forma presencial, mientras que el 70% restante lo realizan de forma no supervisada mediante recomendaciones de hábitos saludables y ejercicio físico adaptado en el domicilio. “En la unidad valoramos, según como esté el paciente, si puede ser un programa domiciliario o un programa presencial”, apunta Gómez, que indica que los pacientes se clasifican en riesgo bajo, moderado o alto. Estos dos últimos son los que acuden principalmente al programa presencial.

Adela Gómez, directora de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Física y Rehabilitación / Álex Zea
La doctora advierte también de un cambio en el perfil de las pacientes. La edad media de las mujeres que acuden a la unidad ha bajado a los 50 años. Hace dos décadas, las pocas mujeres que llegaban al programa —apenas el 2%— tenían más de 65. “Antiguamente, la mujer cardiópata era la postmenopáusica, pero en los últimos 10 o 15 años estamos viendo que es más joven”, expone Gómez. La especialista lo relaciona con el aumento de factores de riesgo cardiovascular en mujeres, como el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la hipertensión o la depresión, antes asociados con mayor frecuencia a los hombres.
Beneficios del ejercicio
Gómez recalca que participar en un programa así supone un “cambio radical” en el pronóstico tras un infarto. “Muchos pacientes se convierten en bajo riesgo”, sostiene la especialista, que asegura que la mayoría puede volver a llevar una “vida normal” al terminar el programa. La rehabilitación cardíaca ayuda a reducir el riesgo de mortalidad, de nuevos eventos cardiovasculares y de rehospitalización. “Mejoran la capacidad funcional, controlan la tensión arterial, la dislipemia y la glucosa en el caso de los pacientes diabéticos; el 90% deja de fumar y el 95% mantiene el hábito de ejercicio”. En definitiva, resume, “mejoran la calidad de vida”.
“El ejercicio es una de las mejores armas que tenemos, no solo para fortalecer el corazón, sino para controlar los factores de riesgo: controlamos la tensión, la diabetes, el colesterol y hacemos nuestro organismo muchísimo más eficiente”, defiende el cardiólogo Ángel Montiel Trujillo, coordinador de la unidad junto a la doctora Gómez. Por ello, resalta que la rehabilitación cardíaca se ha convertido en una oportunidad clave para los pacientes y en un recurso cada vez más presente en los hospitales.
Aprender a moverse sin miedo
A pesar de sus beneficios, los pacientes suelen llegar con miedo, angustia y desconfianza. “Al principio vienen con mucho miedo”, describe Gómez. En los primeros días, explica, es habitual que presenten la tensión arterial o la frecuencia cardíaca alteradas por la propia inseguridad. Sin embargo, esa percepción cambia pronto. “A la semana siguiente ya vienen más relajados y, a la segunda o tercera semana, es como si fueran de la familia. Ven que es un programa seguro, que están controlados por profesionales y van cogiendo confianza”, añade.
Isabel y Remedios admiten que llegaron al programa con “muchísimo miedo”. Les sorprendía que, después de un problema cardiaco, la recomendación médica fuera precisamente hacer ejercicio. Pensaban que sería imposible estando tan débiles. “Al principio te choca mucho, porque no te ves capaz de hacerlo”, comenta Isabel.
“El ejercicio es una de las mejores armas que tenemos, no solo para fortalecer el corazón, sino para controlar los factores de riesgo”
“Cuando llegué el primer día pensé: ‘¿cómo me voy a poner ahí?’”, recuerda Remedios, señalando la bicicleta estática. “Pero poco a poco lo voy consiguiendo”. Para ella, lo más valioso del programa es que le ha permitido volver a hacer cosas que creía imposibles, como subir una cuesta. “Por mi edad, pensé que nunca conseguiría ser la misma de antes”, confiesa.
Apoyo emocional
Isabel comparte esa sensación. El infarto supuso un cambio “muy brusco” en su vida: siempre había sido una persona activa, de ir “a cien”, y el proceso ha sido “bastante duro”, especialmente con tres hijos pequeños. Por eso, insiste en que el programa le está ayudando mucho, no solo por el ejercicio, sino también por el apoyo que ha encontrado en sus compañeras. “Te das cuenta de que no estás sola. Te ayuda muchísimo escuchar también a las demás. Te dan fuerzas”, relata la joven paciente, que asegura que siempre sale de la sesión con una mentalidad “mucho más positiva”.
Durante la sesión, la confianza y la complicidad se perciben en el ambiente. No solo entre las pacientes, sino también con los profesionales que las acompañan. “Hacen piña, se ayudan unas a otras, se apoyan emocionalmente y mantienen el contacto después de los programas de rehabilitación, algo que con los hombres es muy raro”, reafirma la doctora Gómez.
La especialista destaca que, aunque los estudios suelen reflejar peores tasas de participación y adherencia entre las mujeres, la experiencia del Programa de Género del Clínico ha demostrado lo contrario. “Tenemos una tasa de adherencia y participación del 90%”, celebra.
Un entrenamiento a medida
Antes de entrar en el programa, se les realiza siempre una prueba de esfuerzo y una analítica para que el cardiólogo valore previamente su estado. “La prueba de esfuerzo nos dice cómo ha llegado su corazón y hasta dónde puede llegar. A partir de eso, planificamos el entrenamiento”, resalta la especialista.
Al empezar cada sesión se toman las constantes para comprobar que todo está correcto. Después, comienza el calentamiento, seguido del entrenamiento de fuerza y del trabajo aeróbico, en bicicleta o en cinta. La sesión termina con una fase de relajación y una nueva toma de constantes. Solo cuando los profesionales comprueban que la persona se encuentra bien puede marcharse. “El ejercicio mejora, sobre todo, la musculatura periférica y, con ello, también ayuda a mejorar la fuerza del corazón”, apunta Gómez.
La coordinadora de la unidad advierte, no obstante, de que el compromiso del paciente es fundamental. “Si el paciente no se mentaliza, no se conciencia y no colabora, no sirve de nada”, remarca. Al final, insiste, el objetivo es que el paciente “modifique su estilo de vida”.
La rehabilitación cardíaca no consiste solo en levantar pesas, caminar en una cinta o pedalear bajo supervisión. También busca recuperar la confianza en un corazón que ha fallado y demostrar que, después de un infarto, existe una segunda oportunidad para empezar de nuevo en un gimnasio de hospital.
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