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Hantavirus

Fernando Esperón, experto en enfermedades de fauna silvestre: “La transmisión del hantavirus es muy difícil. No va a haber una epidemia ni una pandemia”

El experto Fernando Esperón insiste en la escasa capacidad de transmisión entre humanos de este virus, incluso en sus variantes más peligrosas como la Andes

El crucero holandés MV Hondius donde se han localizado los casos de hantavirus.

El crucero holandés MV Hondius donde se han localizado los casos de hantavirus. / ELTON MONTEIRO / EFE

Esperanza Mendoza

Esperanza Mendoza

Málaga

Los recientes casos detectados en el crucero MV Hondius han vuelto a situar en el foco sanitario al hantavirus, un patógeno poco habitual en titulares pero bien conocido en el ámbito científico. Para aclarar su alcance real, su capacidad de transmisión y el nivel de riesgo para la población, el especialista en fauna silvestre y profesor titular de la Universidad Europea, Fernando Esperón, llama a la calma.

El hantavirus se contagia al inhalar partículas de orina, heces o saliva de roedores infectados. Puede causar enfermedades graves como el síndrome pulmonar por hantavirus, por lo que es importante evitar la exposición a este tipo de restos. Lejos de tratarse de una única amenaza homogénea, Esperón detalla que es “un grupo de virus diversos, parecidos entre sí, pero que pueden causar distintos cuadros de enfermedad”.

Actualmente, son 5 los infectados y 3 fallecidos en el crucero MV Hondius que partío desde el puerto de Ushuaia, en Argentina, con destino a las islas Canarias. En total, la embarcación cuenta con 149 personas abordo, de las cuales 14 son de nacionalidad española.

Dos grandes grupos con distinto impacto

Este virus se distingue principalmente entre dos grandes familias. Por un lado, los hantavirus del ámbito euroasiático, asociados a enfermedades renales y hemorrágicas. “Llama mucho la atención por el nombre, pero la tasa de mortalidad está generalmente por debajo del 1%”, subraya el profesor.

Por otro lado, se encuentran los virus del llamado “nuevo mundo”, más preocupantes por su impacto respiratorio. “Provocan enfermedades de tipo neumónico, mucho más graves que las renales”, apunta. Dentro de este grupo destaca la variante Andes, considerada la más peligrosa: “Puede causar entre un 30% y un 40% de mortalidad”.

Según los datos conocidos hasta ahora, esta sería precisamente la cepa implicada en el caso del crucero MV Hondius, lo que ha incrementado la atención mediática.

Transmisión limitada y difícil

Pese a la gravedad potencial de algunas variantes, el experto insiste en que el hantavirus presenta una capacidad de transmisión muy limitada. “Se transmite mal en todos sus aspectos”, afirma Esperón. El contagio habitual se produce desde roedores a humanos, generalmente por contacto con secreciones o polvo contaminado.

La transmisión entre humanos, uno de los aspectos que más preocupa a la población, es extremadamente rara. “Todas las variantes, salvo la Andes, no tienen transmisión de humano a humano”, explica. Incluso en este caso, insiste en que el riesgo es bajo: “Es tremendamente difícil y poco eficaz. Tiene que haber un contacto muy estrecho, por saliva o secreciones”.

Para ilustrarlo, Esperón utiliza una imagen clara: “Este virus es como una llama que acaba apagándose sola”. Por ello, descarta escenarios de gran alcance: “No va a haber una epidemia ni una pandemia, ni de broma”.

Incubación, síntomas y tratamiento

El periodo de incubación del virus es variable. “Puede ir desde un mínimo de 7 días hasta 40, aunque lo más frecuente son entre dos y tres semanas”, detalla el experto. Los síntomas dependen de la variante: desde afecciones renales en los casos menos graves hasta cuadros respiratorios severos en los más peligrosos.

Otra de las pregunta más frecuentes sobre el hantavirus tiene que ver con su tratamiento una vez que alguien se ha infectado, aunque actualmente no existe un tratamiento específico. “Se trata la sintomatología: soporte respiratorio, soporte hemodinámico, y esperar a que el organismo elimine el virus”, explica Esperón, que recuerda que la clave sigue siendo la prevención.

“El mejor tratamiento es evitar el contacto con roedores, especialmente con polvo contaminado o sus excrementos”, señala, destacando la importancia de medidas de control y desratización.

Tres presuntos pacientes con caso de hantavirus son evacuados del barco y están en camino de recibir atención médica en los Países Bajos en coordinación con OMS, el operador del buque y las autoridades nacionales de Cabo Verde, Reino Unido, España y los Países Bajos.

Tres presuntos pacientes con caso de hantavirus son evacuados del barco y están en camino de recibir atención médica en los Países Bajos en coordinación con OMS, el operador del buque y las autoridades nacionales de Cabo Verde, Reino Unido, España y los Países Bajos. / L.O.

Un virus conocido y bajo vigilancia

A diferencia de lo ocurrido con el coronavirus en 2020, el hantavirus no es un desconocido para la ciencia. “Este virus se lleva estudiando más de 70 años, para los profesionales del área científica no es ningún desconocido”, afirma el especialista. De hecho, existen datos suficientes para contextualizar su impacto. En regiones como Argentina, donde la variante Andes es relativamente frecuente, los casos siguen siendo escasos. “En todo 2025 hubo menos de 30 casos en todo el país”, apunta Esperón, evidenciando la dificultad del virus para saltar a humanos.

En España también se han registrado episodios, aunque con variantes menos agresivas. El último caso documentado, en 2024, estuvo relacionado con el virus Puumala, otra variante del hantavirus. “No pasó nada grave y tiene una mortalidad inferior al 1%”, indica el experto. Aun así, Esperón insiste en que estos virus requieren vigilancia constante. “Tienen que darse muchas circunstancias encadenadas para que lleguen al ser humano”, explica.

En este sentido, pone el foco en la importancia del seguimiento de enfermedades en fauna silvestre: “Hay muchas enfermedades que conviene vigilar para disminuir riesgos”. Aunque reconoce que en España se controlan bien algunas como la gripe aviar, advierte de carencias en otras áreas: “Hay patologías más cotidianas que probablemente no se están vigilando tanto como deberían”.

Tras la experiencia de la pandemia, el experto entiende la preocupación social, pero insiste en que hay que rebajar la alarma: “Es normal que la gente se asuste al oír hablar de un virus, pero en este caso la buena noticia es que no es nuevo para la comunidad científica”.

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