Salud
De la heroína a las pantallas, 40 años ayudando a vencer las adicciones en Málaga
El Centro Provincial de Drogodependencias celebra cuatro décadas de vida tras atender a más de 33.000 personas. Hoy la cocaína y el alcohol concentran la mayor parte de la demanda, mientras crecen las adicciones al juego, las apuestas y las nuevas tecnologías

La monitora Macarena Barrientos junto a varios usuarios en el taller de artes plásticas del CPD. / ÁLEX ZEA

En el barrio malagueño de Carlinda existe un oasis de calma en medio del caos de la ciudad. Con solo cruzar la puerta principal, el ruido del tráfico queda convertido por una especie de bruma de fondo y es sustituido por el silencio y el piar de los pájaros. Rodeado de árboles, se encuentra el Centro Provincial de Drogodependencias y otras Adicciones de Málaga (CPD), que este año celebra su 40º aniversario ayudando a los malagueños a vencer a las adicciones. Desde que abrió sus puertas en 1986, ha atendido a más de 33.000 personas.
Al entrar en el centro sigue reinando un ambiente de tranquilidad. En los diferentes talleres, un hilo musical de fondo invita a la relajación y la concentración. «Son talleres terapéuticos en los que trabajamos la recuperación a nivel cognitivo, emocional y social», explica Macarena Barrientos, monitora del taller de artes plásticas. «Lo importante de los talleres es que se genere un espacio en el que la persona se sienta cómoda, y que, sea cual sea su situación, sepa que es un sitio al que puede ir, que es refugio, es familia y en el que sabe que no le van a juzgar», añade.
Allí, varios usuarios trabajan concentrados en sus quehaceres. Practican técnicas como el azulejo, la cuerda seca o el pirograbado. En el taller de reciclaje creativo, un hombre comienza a moldear una pieza de barro guiado por la monitora Silvia Peláez. «Estos talleres les sirven, sobre todo, para trabajar la paciencia, la concentración y volver a su rutina», resume. En las paredes se acumulan obras hechas por los propios usuarios.

Juan Jesús Ruiz, director del CPD en la entrada del centro. / ÁLEX ZEA
Juan Jesús Ruiz, director del CPD desde hace 15 años, luce orgulloso varias de esas piezas en su despacho. Entre ellas, una con la imagen de sus dos hijos. Ruiz es médico especialista en adicciones y lleva más de treinta años en este ámbito. «Tienes mucha recompensa de trabajar con ellos. El verles cómo van cambiando, cómo van mejorando... eso no está pagado con nada. Es muy bonito», relata. «La mayoría de la gente que trabaja aquí es muy motivacional», afirma.
Para él, el componente humano y vocacional es una de las grandes señas de identidad de este centro de tratamiento de adicciones. «Nosotros le dedicamos tiempo a escuchar al paciente», subraya. «Somos grandes acogedores». La filosofía del centro es sencilla, pero profunda: que la persona que entra por la puerta quiera volver. «Si tú consigues adherencia con el paciente, vas a conseguir que mejore su calidad de vida y que, posiblemente, mejore también su evolución respecto a las adicciones».
En el taller de deporte, aquella mañana, un usuario que prefiere preservar el anonimato destaca el gran apoyo que ha sido para él el equipo humano del centro. «He estado en otros sitios, pero aquí encontré otra cosa: el equipo humano, un tratamiento más enfocado a la persona, más directo, más individual», cuenta. Su problema principal era la cocaína, aunque reconoce que, salvo la heroína, había consumido prácticamente de todo.
«Gracias al trabajo de todos ellos he estado mucho tiempo limpio, entre cinco y siete años», comparte. Pero hace algo más de un año volvió a caer. Fue, dice, una recaída «bastante gorda». Aun así regresó al centro. «Es que tienes un equipo humano a tu disposición. Para mí, es mi equipo A». Asegura que está motivado y que se ve con fuerzas para volver a salir, pues considera que ahora conoce mejor las herramientas que tiene.

Un usuario participa en el taller de deportes del CPD. / Álex Zea
«Aquí a mí me han dado la vida», afirma Damián, 41 años, otro usuario del centro. En su caso, fue una adicción a los opiáceos la que le llevó al CPD. Aunque, confiesa, estaba tan mal, que no recuerda nada de los primeros meses. De los más de 90 kilos que pesaba llegó a quedarse en 39. A raíz de un desplazamiento de una vértebra, le recetaran Dolantina y, cuando quiso darse cuenta, era completamente dependiente de ella. Ahora, tras mucho esfuerzo y la ayuda de todo el equipo del centro, se encuentra mucho mejor y defiende que él mismo es un ejemplo de que, aunque parezca imposible, la adicción se supera.
De la heroína a la cocaína
Ruiz destaca que el perfil de los pacientes ha cambiado por completo en estas cuatro décadas. Cuando el CPD abrió sus puertas, la heroína era la principal causa de demanda de tratamiento. El centro nació, precisamente, como respuesta a la «epidemia» que golpeaba con dureza a los barrios, desbordaba a muchas familias y marcó a toda una generación. «Estaba muriendo gente, había muchas sobredosis», recuerda Ruiz.
«A partir de 2008 empieza a decrecer paulatinamente la demanda de tratamiento por heroína y comienzan a crecer otras sustancias», explica el director. Hoy, la mayor parte de los casos que llegan al servicio están relacionados con la cocaína y el alcohol, muchas veces combinados.

Damián durante una sesión del taller de reciclaje creativo del CPD. / Álex Zea
Ese cambio ha traído también una transformación del paciente. Frente a la imagen de la marginalidad asociada a los años de la heroína, hoy muchas de las personas que acuden al centro tienen trabajo, familia y una vida aparentemente normal. «Atendemos ya fundamentalmente a clase media», describe Ruiz. «La mayoría están trabajando». El perfil medio, indica, es varón, generalmente de clase media, con trabajo y con familia.
Por eso, las adicciones actuales están más «invisibilizadas». Pero no solo pasan más desapercibidas, sino que también están mucho más normalizadas y banalizadas, comenzando por el alcohol o el consumo de marihuana. «Hemos normalizado muchas adicciones», advierte Ruiz. Y esa normalización retrasa muchas veces la petición de ayuda.
«La heroína los aplacaba muchísimo y provocaba un deterioro físico importante, no tanto por la heroína, sino por la forma de consumirla y el tipo de vida que llevaban», rememora el facultativo, que puntualiza que en aquella época era habitual padecer también otras enfermedades como sida o hepatitis C. «Pero las sustancias actuales los trastornan mucho más. Hay un índice mucho mayor de patología mental en ellos», señala. «Tenemos muchos pacientes que tienen patología dual». Es decir, adicción y un trastorno mental.
Una tendencia que no ha cambiado a lo largo de estas décadas es que la mayoría de usuarios son hombres. Las mujeres solo representan entre un 17-18% del total. «Salvo en una adicción a las benzodiacepinas. Ahí son mayoritariamente mujeres», apunta. El motivo, para Ruiz, es que las adicciones siguen estando mucho mas estigmatizadas entre ellas. «A cualquier adicto le cuesta decir: soy adicto. Pero si es una mujer, tiene muchas más dificultades». En el caso del alcoholismo, por ejemplo, el varón bebe en el bar sin ocultarse, mientras que muchas mujeres «beben de forma oculta en casa».
Ruiz reconoce que todavía existe un gran estigma en torno a las adicciones y lamenta que los estereotipo siguen pesando demasiado. Por eso, incide en que, aunque el centro nació bajo la denominación de Centro Provincial de Drogodependencias, hoy prefieren hablar de centro de tratamiento de adicciones, un término más amplio y menos estigmatizante.

«Las sustancias actuales trastornan mucho más. Hay un índice mucho mayor de patología mental en ellos» / ÁLEX ZEA
La acogida
Cruzar la puerta del centro nunca es fácil. Algunos pacientes acuden de manera voluntaria; otros llegan empujados por sus familias. «Muchos vienen asustados». La primera cita es de acogida. Allí se escucha qué le ocurre a la persona, por qué acude y qué quiere conseguir. Después, si decide continuar, se le asigna un equipo formado al menos por tres profesionales: médico, psicólogo y trabajador social. La idea es abordar todas las áreas afectadas por la adicción: la física, la psicológica y la social. «Siempre se ha hablado de la regla de las ‘Tres S’ que abarcan la adicción: sujeto sustancia y sociedad».
A partir de ahí se establecen objetivos comunes, generalmente pequeños y alcanzables, para que el propio paciente «se vaya motivando». Además, cada tratamiento es individualizado. No todos necesitan lo mismo ni llegan en el mismo momento. Hay quienes aún no reconocen el problema; otros empiezan a aceptarlo; algunos ya están preparados para actuar; y otros llevan tiempo en mantenimiento. Ruiz lo resume en cuatro fases: precontemplación, contemplación, preparación y acción. Después llega una quinta, la de mantenimiento, cuando han conseguido la abstinencia.
Las recaídas
No obstante, el especialista aclara que en cualquiera de esas fases existe la recaída. «La recaída forma parte del proceso», recuerda Ruiz. «Salir de esto es muy complicado, pero todos los días sale gente», remarca. Junto al tratamiento y las consultas periódicas con el equipo, un pequeño porcentaje de paciente son derivados a los talleres ocupacionales. Además del de artes plásticas y el de reciclaje creativo, cuentan con uno de actividades deportivas y otro sociocultural, en el que los propios usuarios editan una revista cada tres meses.

En cualquiera de esas fases existe la recaída. «La recaída forma parte del proceso» / ÁLEX ZEA
Más de 4.000 usuarios
Solo en 2025, la red provincial atendió a unos 4.000 usuarios activos entre el centro principal de Carlina, los dispositivos periféricos de Palma-Palmilla, Mijas Costa y Carretera de Cádiz, y los equipos que se desplazan a las prisiones de Alhaurín de la Torre y Archidona.
Algunos pacientes permanecen unos meses; otros, un año y medio; y hay personas que llevan más de dos décadas vinculadas al centro, especialmente usuarios antiguos de heroína incluidos en programas de mantenimiento con metadona. Para muchos, mantener ese contacto es también una forma de seguridad.
A las sustancias tradicionales se suman ahora las llamadas adicciones sin sustancia. «Que son adicciones tan duras como cualquiera», aclara Ruiz. Adicciones al juego, a las apuestas —sobre todo en gente joven — o a las nuevas tecnologías, como los videojuegos o al teléfono móvil. El centro también trabaja con menores, aunque representan un porcentaje reducido de los pacientes.
Con motivo del 40 º aniversario del centro, la Diputación de Málaga ha organizado durante el mes de mayo un ciclo de actividades en el Centro Cultural La Térmica, con conferencias, stands informativos y una exposición con trabajaos de los usuarios realizados en los talleres terapéuticos del centro.
El mensaje del CPD en su aniversario es claro: nadie tiene que enfrentarse solo a una adicción. «Estas puertas están abiertas», insiste el director del centro, que recuerda que cualquiera persona que tenga un problema o crea tener un problema de consumo, abuso o dependencia, debe saber que allí «no va a ser juzgada». «Le vamos a ayudar en ese camino y le vamos a acompañar si ellos quieren», afirma. Pero, por encima de todo, Ruiz deja un mensaje de esperanza: «Hay gente que sale de esto todos los días».
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