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Comerciantes denuncian la congestión turística del Mercado de Atarazanas: "Vienen para hacer fotos como si fuera un museo, pero no compran"
Mientras los usuarios locales se ven expulsados de los pasillos del mercado, algunos establecimientos piden al Ayuntamiento implementar una tasa turística de acceso que se invierta en la mejora de las instalaciones del espacio
El Ayuntamiento de Málaga ha colocado carteles de prohibido hacer fotografías a los productos en el Mercado de Atarazanas, con el objetivo de que los turistas no se paren y colapsen los pasillos. / Álex Zea

"No tocar el producto, no fotografiar sin permiso y no colapsar los pasillos" son algunas de las normas básicas de convivencia que los comerciantes del histórico Mercado de Atarazanas piden a los turistas que merodean en su interior. Los trabajadores entienden que sus ventas dejaron de depender del usuario local hace tiempo, pero hacen menos caja desde que este emblemático edificio de producto fresco y de proximidad se entiende como "un museo" del mar donde parar a echar un par de fotos a gambas blancas u orinar aprovechando el carácter público del espacio.
El Ayuntamiento de Málaga ha escuchado a Julián Sánchez Guerrero, frutero, presidente del mercado y, como tal, el encargado de comunicar las plegarias de los trabajadores que, como él, se ganan la vida cada día en un puesto de este espacio. La solución que han recibido son carteles tamaño folio en versión castellano e inglés que los comerciantes pueden decidir si colgar en algún lugar visible de su establecimiento o, directamente, desechar. La Opinión ha escuchado a buena parte de los comercios de Atarazanas. Hay quienes todavía miran con buenos ojos una medida que pronto servirá para fotografiar el antes y el después del mercado, pero hay escépticos que la consideran insuficiente y proponen soluciones.

Un cartel del Ayuntamiento de Málaga en Atarazanas / Álex Zea
Turismo del "todo incluido"
"En verano las ventas son más tranquilas porque viene el turismo del todo incluido", relata Paola García, dueña de una charcutería de Atarazanas. Con "turismo del todo incluido" se refiere a aquellos usuarios que se bajan de los grandes barcos y cruceros que apean en el Puerto de Málaga y que no tienen necesidad de gastar fuera porque ya tienen desayuno, comida y cena previamente pagadas. Sánchez Guerrero corrobora que ese tipo de turistas que llegan a la ciudad en los meses junio, julio o agosto "no gastan nada" a no ser "que vengan a apartamentos con cocina". En ese caso sí se llevan algo para probar.
Los comerciantes cuentan que el pasillo central es el más aclamado por el perfil turístico y, por consiguiente, el más colapsado. "Necesitábamos esta medida porque hay momentos en los que el mercado se llena de turistas. Las calles se obstruyen y la gente protesta", reivindica el presidente. Y añade: "Esta es una queja general, el 90% de los que vienen son turistas que tocan mucho los artículos".
Alicia y Lola son trabajadoras un establecimiento de helados y desayunos para llevar y relatan a este periódico que "es imposible moverse por el mercado" porque están "todos los pasillos saturados de gente echando fotos y dando vueltas sin comprar nada". Ella cuenta que sus ventas se han visto perjudicadas de un tiempo a esta parte por esta problemática. "Vienen como si esto fuera un museo", se lamentan.

Turistas degustando productos en Atarazanas / Álex Zea
Degustar sin comprar
En Atarazanas, el pescado ha pasado de ser un bien de consumo a un objeto a fotografiar. "Hay mucho turista que viene y nunca ha visto un pescao con forma de pescao. Solo han visto un lomo de salmón. Es que no han visto ni una gamba fresca, entonces no saben lo que es y les llama la atención", cuenta Inma a este periódico mientras trata de vender alguna de las joyas del mar que vende en su pescadería.
"Quiero probar" es una de las frases diarias que más escucha Paola García, que entre otros productos de charcutería vende buen jamón. Al parecer, la degustación es también el deporte favorito de quienes se acercan a grabarla mientras lo corta. "Cuando estamos cortando el jamón viene la gente a mirar y a grabar y se creen que nosotros estamos aquí para degustar", explica. Ella, consciente de que los jamones que maneja "son muy caros", insiste en su filosofía: "Para probar hay que comprar". García confiesa que su público principal es el extranjero respetuoso que guarda la fila y la vez, pero no cree que esta medida vaya a solucionar "nada" y menos aún en verano, "cuando las ventas son más tranquilas".

Pasillo central del mercado / Álex Zea
Tasa turística y baño privado para trabajadores del mercado
Varias trabajadoras del mercado confiesan que los baños de Atarazanas son parada casi obligatoria en las excursiones turísticas por Málaga. Inma reivindica que el mercado necesita una regulación de sus aseos públicos. "Como trabajadores deberíamos tener un baño privado en el mercado o que se regule la afluencia de personas porque los que trabajamos salimos a orinar dos veces que podemos en toda la mañana y tenemos que hacer fila de 15 o 20 personas porque están los de las excursiones", explica. La solución que propone no es otra que el cobro de un euro simbólico por entrar al mercado. "En muchos sitios te cobran por entrar a orinar", se justifica.
Jessica, de pescadería La Morena, tiene la suerte de poder vender a la lonja de una amiga el pescado fresco que no vende en el mercado. Ella asegura que "con el 10% de turistas que compran no pueden comer" todas las pescaderías que hay en este espacio. "Si pusieran un precio simbólico de entrada para los turistas a lo mejor del 90% de turistas entraría el 50% y se daría paso a la gente aquí", se suma a la idea de su compañera. Coinciden en que con ese dinero se podría pagar la limpieza de los aseos o la vigilancia.
María es usuaria habitual del mercado desde hace 50 años y advierte de que "incomoda muchísimo" la masificación, pero que el mercado "no ha empeorado" porque siempre será "especial" comprar en él como símbolo de algo "muy malagueño". De hecho, algún que otro comerciante del mercado cree que hablar del turismo como problema, cuando es el principal sustento de sus negocios, puede influir en la imagen que los autóctonos tienen de este lugar de culto de quienes todavía confían en el producto fresco y de proximidad.
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