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Tribunales

Diez años de prisión para Don Carlos, el histórico narco de Marbella que cayó en las redes del agente encubierto Neri

Condenado por introducir 48 kilos de coca en un vuelo comercial Bogotá-Madrid, la sentencia recoge que su siguiente plan era meter 2.500 kilos por Barajas con el avión privado de un amigo

Detenido en Marbella el histórico narcotraficante conocido como 'Don Carlos'

Agencia ATLAS | Foto: EP

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Málaga

Diez años de prisión y una multa de 3,9 millones de euros. Esta es la condena que la Audiencia Provincial de Málaga ha impuesto al histórico narcotraficante Florentino Carlos F.G. (Avilés, 1946), detenido en Marbella en 2022 mientras dirigía a distancia la entrega en Sevilla de casi 48 kilos de cocaína que su trama había introducido por Barajas bajo la supervisión de varios agentes encubiertos de la Policía Nacional. La sentencia, que establece la misma condena a otros dos hombres y es recurrible, absuelve al primero del delito de tenencia ilícita de armas por el revólver que tenía en su casa, ya que esa infracción penal se obvió por error en el auto de procesamiento y quedó fuera de la vista oral. Don Carlos, como se le conoce a ambos lados del Atlántico, tiene hoy 80 años.

Los hechos probados de la resolución judicial parecen el guion cinematográfico que arranca a finales de 2021, cuando la Udyco Central, tras otra investigación sobre el asturiano que no prosperó, obtuvo la autorización judicial para que hasta siete agentes se infiltraran en la organización que lideraba el objetivo. Ese permiso, que parte de la base de que el infiltrado no puede inducir a delinquir, se sostuvo en la información que el agente con código Neris, a quien el traficante acudió cuando supo que tenía muy buenos contactos en Barajas, trasladó a sus superiores. Don Carlos le había dicho en octubre que tenía previsto enviar a una persona a Sudamérica para que introdujera un lote de cocaína en un vuelo. Como garantía de su influencia en el recinto aeroportuario, le pidió que fotografiara y grabara un avión privado negro con matrícula norteamericana que un amigo suyo tenía en la terminal ejecutiva. El topo cumplió y el investigado, satisfecho, le dijo que abriera la guantera del coche en el que se habían reunido y cogiera un sobre que resultó estar cebado de billetes de 50 euros. Neris estaba dentro.

El tribunal rechaza el delito provocado por los agentes encubiertos, como alegó en el juicio la defensa del acusado. En los fundamentos de derecho, los magistrados se apoyan en la iniciativa y el elaborado plan que ya había antes de la llegada del infiltrado. Argumentan que, una vez establecida la confianza entre ambos, Don Carlos le contó que la operación que tenía en marcha sólo era una prueba, que si todo salía bien su intención era meter 2.500 kilos de cocaína en el jet privado que le había encargado fotografiar en el aeropuerto, un Bombardier Global Express cuya propiedad atribuyó a un amigo suyo de la familia Uribe, pero le detalló que lo explotaba una compañía de vuelos chárter que se lo alquilaba a otra para realizar un viaje que, a su vez, lo arrendaba a un tercero para realizar un transporte. Recoge el tribunal que incluso le aclaró que ambas compañías sabían que el avión iba a ser utilizado para trasladar cocaína hasta España y que esta estrategia de contratos en cadena era para no perder el aparato en el caso de que la droga fuera incautada.

Envío de prueba

A lo largo de enero de 2022, se reunieron para planificar el envío piloto en dos maletas desde Bogotá a finales de mes, pero la misión se canceló en el último momento y se pospuso al 5 de febrero. Don Carlos llamó por Whatsapp a Neris ese día a las 5.48 de la madrugada, cuando la droga ya sobrevolaba el Atlántico, y le aportó los datos de los palés en los que la coca viajaba oculta entre unas flores. El alijo fue entregado en el aeropuerto de El Dorado de Bogotá por una agente encubierta de la policía colombiana a otro policía español infiltrado en la trama, por lo que la mercancía estuvo controlada cuando se introdujo en la bodega del avión de Iberia Paco de Lucía y durante el vuelo, ya que este último embarcó y la entregó a compañeros de la Policía Nacional en Barajas para su posterior traslado al complejo policial de Canillas, en el distrito de Hortaleza.

Desde aquí, la agente encubierta Sena y su compañero Freser, reclutados previamente por Neris con el consentimiento de Don Carlos, trasladaron la droga por carretera al punto que Richard, otro de los procesados, había indicado previamente a la primera. El cómo llegar les llevó a una nave del Parque Tecnológico Aeroespacial de Sevilla donde se encontraron con Richard y El sevillano, el tercer condenado. La entrega se fue haciendo paso a paso bajo las instrucciones que Don Carlos daba en tiempo real a través de Neris desde una mesa del Grand Café Cappuccino del Hotel Don Pepe de Marbella. La Policía Nacional irrumpió en la nave de Sevilla justo en el momento en que los agentes encubiertos y los investigados introducían los 48 ladrillos de coca en la caleta con cierre hidráulico de un Seat León.

Minutos después, con la droga asegurada, la escena se repitió en la cafetería preferida del narco. Don Carlos fue detenido y Neris les siguió la corriente a sus compañeros, que también lo tiraron al suelo para esposarlo. En su casa de Marbellamar, cerca del hotel, los agentes hallaron más de 200.000 euros que había entre unas planchas de cartón que forraban el fondo de un armario y un revólver con su munición.

La droga arrojó una pureza del 79,79% y fue valorada entonces en más de 5 millones de euros si se vendiera al por menor, casi dos millones al por mayor.

El hombre de la gorra: cárteles, la sombra de ETA y un doble secuestro en Marbella

Tras su detención en Marbella, la Policía Nacional describió a Don Carlos como un objetivo de interés desde el año 1993, época en la que ya se le situaba en la órbita del Cartel de Medellín y en la que llegó a vivir en la casa que tuvo en Madrid Gilberto Orejuela, unos de los hermanos fundadores del Cartel de Cali. Sin embargo, el asturiano no fue condenado en sus años dorados por narcotráfico ni por poner en marcha «una gigantesca red de lavado de dinero» para las grandes redes de Colombia y Venezuela, donde vivió muchos años. La sentencia más dura a la que se ha enfrentado llegó cuando regresó a España y participó en 1996 en el secuestro en Marbella de las mujeres de dos narcos para cobrar una deuda: 24 años de cárcel. Su nombre también estuvo sobre la mesa del juez Baltasar Garzón. Las hemerotecas recuerdan que el entonces magistrado de la Audiencia Nacional investigó los posibles contactos entre ETA y Don Carlos por posibles conexiones entre la banda terrorista y el narcotráfico. La prensa colombiana, que siempre lo apodó como El viejo o El hombre de la gorra, complemento que llevaba cuando fue detenido junto a Neris, lo relacionó en un supuesto caso de narcofinanciación en una campaña electoral del presidente colombiano Ernesto Samper. n

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