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Sanidad | Esmeralda Núñez Cuadros Jefa de servicio de Pediatría del Hospital Regional Universitario

Esmeralda Núñez, jefa de Pediatría del Hospital Regional de Málaga: "Hay tiritas en el corazón que no se borran nunca"

La pediatra subraya la importancia de dar visibilidad al cáncer infantil y anima a la sociedad malagueña a participar en la marcha solidaria del próximo domingo 14 de junio, cuya recaudación se destinará a la investigación

Esmeralda Núñez, jefa de servicio de Pediatría del Hospital Regional de Málaga en la ludoteca del Hospital Materno.

Esmeralda Núñez, jefa de servicio de Pediatría del Hospital Regional de Málaga en la ludoteca del Hospital Materno. / L.O.

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Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

A Esmeralda Núñez Cuadros la Pediatría le sigue emocionando como el primer día. Si tuviese que volver a empezar su carrera profesional, asegura que escogería de nuevo esta especialidad “sin dudarlo”. Llegó al Hospital Materno Infantil de Málaga como residente y, 23 años después, acaba de ser nombrada oficialmente jefa de servicio de Pediatría del Hospital Regional Universitario de Málaga, tras cinco años ejerciendo el cargo en funciones. 

Asumió la responsabilidad en plena pandemia y hoy reconoce que no es la misma persona que entonces. “Yo era una chica tímida de pueblo que me ponía roja al hablar en público”, confiesa en su despacho, desde el que dirige un servicio compuesto por medio centenar de pediatras y una docena de subespecialidades. “Me ha hecho crecer mucho”, sostiene la profesional, que habla con gran orgullo de sus compañeros. “Tengo un gran equipo, sin duda”. Junto a ellos, defiende una forma de entender la medicina basada en el rigor, la cercanía y la sensibilidad con los niños y sus familias. Una profesión en la que, sostiene, no conviene endurecerse. “Si las emociones no nos tocan, ahí hemos perdido la esencia”, resume. 

El Hospital Materno Infantil prepara la segunda edición de la Marcha Solidaria por el Cáncer Infantil, que tendrá lugar el próximo domingo 14 de junio, ¿qué significa para el hospital volver a sacar esta causa a la calle?

Significa dos aspectos básicos. Por un lado, queremos promocionar los hábitos saludables entre la población infantil de Málaga, pero, en concreto, entre los niños con cáncer. Se han visto grandes beneficios en la calidad de vida de los supervivientes del cáncer cuando, durante el proceso de recuperación, no solo reciben el tratamiento, que es clave y les permite sobrevivir —como la quimioterapia, radioterapia o la cirugía—, sino que además cuentan con un programa de ejercicio individual. Y no solo destinado a la rehabilitación en tumores sólidos, como pueden ser los tumores cerebrales, que provocan secuelas a nivel motor, sino también en niños con leucemia, con linfoma, con tumores renales, en los que a priori no se piensa tanto en esas secuelas. Pero hay que tener en cuenta que la hospitalización prolongada y la afectación muscular por los tratamientos hacen que esos niños permanecen mucho tiempo inactivos. Entonces, un programa estructurado se ha visto que a largo plazo tienen beneficios tanto a nivel físico como emocional. Por eso, queremos destinar lo recaudado a poner en marcha un proyecto de investigación a ese nivel para la recuperación durante la fase activa del tratamiento. 

¿Qué mensaje os gustaría trasladar con esta marcha a las familias, a los pacientes y al conjunto de la sociedad malagueña?

Primero, que el cáncer infantil existe, porque todo el mundo asocia la palabra cáncer al adulto. Sin embargo, los niños pueden tener cáncer desde los primeros días de vida —hay tumores congénitos con los que ya nacen los niños— y en cualquier momento de la edad pediátrica. Entonces, hay que darle visibilidad, porque la investigación del cáncer en pediatría va muy por detrás del adulto. Hay muchos ensayos clínicos y muchas líneas de tratamiento en los tumores prevalentes del adulto. Sin embargo, en pediatría vamos muy por detrás. Y creo que, dándole visibilidad, también conseguimos que la gente se conciencie, que sepan que existe esta realidad y que las autoridades financien también proyectos de investigación en niños. 

El servicio de Pediatría del Hospital Materno es precisamente uno de los servicios más activos en investigación, con cerca de 35 ensayos clínicos activos. 

Tenemos 35 en toda Pediatría y, en Oncología, puede haber unos diez. Recientemente, además, la Consejería de Salud nos ha acreditado como centro UPRA, que es unidad de referencia en determinada patología o procedimiento. Para el cáncer infantil han acreditado al Hospital Virgen del Rocío para Andalucía Occidental y a nuestro hospital para Andalucía Oriental, por lo que vamos a ser referencia para Almería, Jaén, Granada y, por supuesto, Málaga. Eso nos permite atraer ensayos, porque para que un ensayo se ponga activo en un centro necesita un número mínimo de diagnósticos de cáncer infantil, y nosotros lo cumplimos. Entonces, eso nos permite dar opciones terapéuticas nuevas a niños, sobre todo de medicina de precisión. Ahora, además, se están secuenciando los tumores, que ese es otro avance importante. Antes lo hacíamos a nivel investigación y ahora ya está establecido a nivel asistencial. Junto con IBIMA, donde está situada la unidad de secuenciación de tumores, y desde enero, se secuencian todos los tumores infantiles en nuestro propio centro. Eso nos permite ver mutaciones genéticas que nos orientan para poder poner unos tratamientos específicos en niños que antes no tenían esa alternativa. 

"La investigación del cáncer en pediatría va muy por detrás del adulto"

¿Cuál es hoy la realidad del cáncer infantil que se atiende en el Hospital Materno Infantil de Málaga?

Yo creo que hemos avanzado mucho en el abordaje y en los tiempos, que son claves en una patología tan grave y que provoca tanto impacto. Desde que un paciente entra por Urgencias y se establece la sospecha de cáncer infantil, se ponen en marcha todos los mecanismos lo más rápido posible para llegar a un diagnóstico definitivo, para no tener a los padres con esa incertidumbre y poder buscar la mejor alternativa de tratamiento. Todas las semanas hay dos comités de tumores —uno para tumores cerebrales y otro para el resto— en los que se reúnen especialistas de cirugía, de radiología, de anatomía patológica y distintas áreas implicadas en el tratamiento con el cáncer. Y, enseguida, establecen cuál es el plan de tratamiento y su calendario. Esa es la parte grande del tratamiento, pero luego hay también una red de apoyo social y de entretenimiento, donde se incluyen las asociaciones, trabajadores sociales, psicólogos... Todo es una maraña de apoyo para los niños con cáncer.

Esmeralda Núñez, en la terraza de la ludoteca del Hospital Materno.

Esmeralda Núñez, en la terraza de la ludoteca del Hospital Materno. / L.O.

¿Ha cambiado mucho el pronóstico del cáncer infantil en los últimos años? 

Casualmente, la semana pasada se celebró en Málaga el Congreso Nacional de Hematología y Oncología Pediátricas y la presidenta de la sociedad dio el dato de que ya estamos en el 84% en supervivencia. Ha mejorado mucho. Evidentemente, nuestro objetivo es llegar al 100% en algún momento y todavía quedan escollos por salvar, pero, sin duda, y comparado con el adulto, la supervivencia del niño ha aumentado mucho.   

¿Cómo se comunica a unos padres que su hijo tiene cáncer? ¿Hay alguna forma de prepararse para una conversación así?

La verdad es que los compañeros de Oncología y Hematología Pediátrica para eso ya tienen un máster. Yo los he acompañado en algún momento puntual, de hecho, los acompañé recientemente en un caso donde los afectados eran conocidos míos, y fue duro. Pero lo hacen con tanto cariño, mostrando su apoyo y dejando claro que van a estar ahí ofreciendo lo mejor que tienen, porque saben que es una de las noticias más duras que te pueden dar en la vida: la enfermedad grave de un hijo por el que darías la vida. Pero tienen, de verdad, una entereza y una capacidad de ponerse en el lugar de los padres que es envidiable. Yo me quito el sombrero ante ellos. 

En el caso de la Pediatría, la relación médica no es solo con el paciente, sino también con sus padres. ¿Cómo se trabaja ese acompañamiento a las familias? 

Los pediatras siempre decimos que lo mejor de la pediatría son los niños, porque son nuestro paciente en estado puro y se ganan fácil. Pero realmente nuestro reto es ganarnos a los padres, porque, por ese amor que tienen hacia su hijo, lo defienden con capa y espada. Yo creo que la clave es informarlos de la mejor manera posible. Siempre se los transmito a los residentes: un padre bien informado nunca te va a echar en cara nada. El que te desvivas por su hijo, pero, sobre todo, que informes de cada paso. A veces para bien y otras para mal, porque no siempre son buenas noticias, pero tienes que contarle cada paso que das y por qué lo das. Y más ahora en la era actual de la infoxicación, y de la inteligencia artificial, en la que los padres pueden meter datos sobre el caso de su hijo y consultar alternativas. Te someten a un estrés diario, a un examen diario. Y tú tienes que ponerte en su lugar, pero ser riguroso y darle datos reales basados en la evidencia. Si ellos ven que lo haces así, sin duda van a confiar, pero es complicado.

"Siempre se los transmito a los residentes: un padre bien informado nunca te va a echar en cara nada"

Se habla mucho de humanización en sanidad, pero en Pediatría esa idea adquiere una dimensión especial. ¿Cómo se consigue que un niño siga sintiéndose niño dentro del hospital?

Pues ofreciéndole, aunque sea un poco diferente, lo mismo que podría tener fuera. A nivel asistencial, intentamos que la infraestructura sea lo más amigable posible. Se han vinilado las plantas de Pediatría: unas son como si fueran una nave espacial, otra un bosque, otras el mar... para que, cuando entren, el entorno sea lo más amigable posible. Después, a nivel del trato, la humanización está en cada gesto y cada detalle de cada uno de los profesionales. Intentamos ser lo más cercanos posible. También están las maestras hospitalarias, para que tengan como su colegio aquí dentro. Tienen un área lúdica. Se ha reformado la ludoteca gracias a Juegaterapia, que se inauguró el año pasado, y es un espacio magnífico, con luz y dos terrazas: una que da al mar y otra al monte. Además, se organizan actividades de payasos, de cuentacuentos y de diferentes temáticas según la época del año, como carnaval o la Navidad. Intentamos que tengan días clave donde se sientan protagonistas. Por eso creo que la humanización tiene que estar en cada gesto, pero también en cada actividad que permita reproducir, aunque sea a pequeña escala, lo que podrían tener en la calle. 

Esmeralda Núñez,  junto a varios miembros del servicio de Pediatría del Hospital Regional en la ludoteca del Hospital Materno.

Esmeralda Núñez, junto a varios miembros del servicio de Pediatría del Hospital Regional en la ludoteca del Hospital Materno. / L.O.

Hablamos de proteger a los niños para que sigan siendo niños, pero ¿cómo se protege emocionalmente una pediatra que trabaja con niños y familias en situaciones tan delicadas? ¿Una se endurece con los años?

No sé qué decirte si te endureces o no, porque yo te diría que soy más sensible. Cuando eres pediatra sin hijos, no te ves reflejado, pero cuando ya los tienes te ves mucho en ese papel, entonces, a veces, te hace más blandito. Es verdad que intentamos dar algo de formación, pero, al final, es la experiencia. Hay tiritas en el corazón que no se borran nunca. Hay casos que tú te puedes acordar del nombre propio del paciente, incluso de los padres, para el resto de tu vida porque te han llegado tanto que eso no se borra. Pero, además, yo creo que no debemos endurecernos, porque en el momento que nos pongamos un impermeable y las emociones no nos toquen, ahí hemos perdido la esencia. Yo siempre digo que un buen médico tiene que ser buen profesional en lo suyo, pero también tiene que ser buena persona. Y ser buena persona implica ponerte en el lugar de ellos y pensar cómo te gustaría que te hicieran o te dijeran a ti las cosas. Entonces creo que no. Endurecernos no.

Las Unidades de Cuidados Paliativos Pediátricos de Andalucía recibieron el pasado febrero la Medalla de Andalucía 2026, ¿que supuso este reconocimiento? Para el que, además, la eligieron como portavoz regional.

La verdad es que fue una sorpresa. Creo que me eligieron por ser la persona que gestionó el pilotaje de la implantación del teléfono 24/7 en la provincia de Málaga, al ser pioneros e implantarlo en septiembre, tras el verano, con las dificultades añadidas que eso suponía. Pero, aunque fui yo la que salió en representación, es un premio compartido para todas las unidades de cuidados paliativos pediátricos de Andalucía. Y, sin duda, fue un orgullo tremendo. Y, de hecho, una de las cosas que estoy más orgullosa es que la gente de mi pueblo —yo no soy de Málaga, soy de un pueblo de Granada que se llama Villanueva Mesía— se mostró tan orgullosa de verme allí recogiendo el premio que este verano, en las fiestas del pueblo, me van a dar el premio Villanueva Mesía. Y yo creo que cuando es la gente que te conoce de verdad, sin artificios de tu ámbito laboral ni nada, llega de una manera muy especial. Emociona mucho.

"Si las emociones no nos tocan, ahí hemos perdido la esencia"

Pediatría es uno de los servicios más grandes del hospital, ¿cómo se compagina las labores de jefatura con la actividad asistencial y la vida personal y familiar?

Es complicado y cada vez más. El otro día me decían: "¿Tus días realmente tienen 24 horas?" Cuando les mostraba todo el proyecto y las cosas que me gustaría hacer. Porque, aparte de estar en la jefatura de servicio, también soy la vocal de Médicos en Atención Hospitalaria del Colegio Oficial de Médicos de Málaga y desde hace dos meses me han nombrado profesora asociada de la Universidad, algo que me hace mucha ilusión porque me encanta la docencia. Y luego tengo dos niñas maravillosas de 18 y 13 años que me siguen reclamando su atención. Este año la mayor decide qué carrera universitaria quiere hacer, con todo el estrés de los exámenes y necesitan que esté. Entonces, cada vez intento priorizar más. He tenido que bajar a veces mi nivel de exigencia porque era muy perfeccionista. Ahora, si llego tarde a algo, pido perdón, pero a veces no me queda otra. Pero bueno, intento robar horas de sueño e incorporar el deporte cuando puedo para despeje mental.

El equipo de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Materno Infantil con la Medalla de Andalucía.

El equipo de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Materno Infantil con la Medalla de Andalucía. / L.O.

¿Y qué preocupa más actualmente a los pediatras? 

Yo los resumiría en siete retos principales. Uno de ellos la cronicidad y la complejidad, los pacientes crónicos complejos. También la ampliación de la edad pediátrica, porque los pediatras creemos que no tiene sentido partir la atención a los 14 años. Está establecido como objetivo de muchos de los planes estratégicos de la infancia que se llegue hasta los 18. Otro reto que me preocupa mucho son las enfermedades raras. Hay descritas unas 7000 enfermedades raras. No hay ningún pediatra que pueda conocerlas todas. Pero las familias necesitan un pediatra integrador, alguien que coordine, que les busque la mejor opción diagnóstica y de tratamiento. Luego, la transición a adulto. Los pediatras tenemos a los niños entre algodones y cuando llegan a adultos sienten que los soltamos al abismo. Por eso hemos creado una comisión de transición para que sea un paso un poquito más suave. Otro de los puntos fuertes es la salud mental, donde entraría el tema de las pantallas. También todos los trastornos de conducta alimentaria y de obesidad que están creciendo. Tenemos los dos extremos y eso es uno de los retos. A todo ello se suma también la humanización y la pediatría personalizada.

Después de tantos años en el Hospital Materno Infantil, ¿qué significa para usted este hospital? 

Para mí es el 50% de mi vida. Cuando me vine de Granada me dediqué a este hospital en cuerpo y alma, y luego tuve a mis hijas, que han ocupado gran parte de mi vida personal, pero durante muchos años ambas cosas han estado casi a la par. Nunca he trabajado en la privada, que, por supuesto, hace una labor clave y complementa, pero nunca he trabajado en ella y, a estas alturas, ya no voy a cambiar, porque realmente creo en la equidad y el acceso equitativo de toda la población a la sanidad y la educación. Para mí esta es una de mis pasiones y le he dedicado muchas horas. Durante una época que estaba mi marido trabajando fuera, cuando mis hijas eran pequeñas yo las acostaba y seguía trabajando hasta que el cuerpo aguantaba. Esto lleva mucha carga detrás, la verdad.

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