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Sanidad

Esther Ujaldón, mujer mastectomizada en Málaga: “Me falta un pecho, ¿y qué?”

Desde hace cuatro años participa en el desfile anual de ropa de baño que organiza ASAMMA para visibilizar a las mujeres que han perdido un pecho tras un cáncer de mama. “Resultamos muy incómodas todavía”, lamenta

Esther Ujaldón durante uno de los desfiles de ASAMMA.

Esther Ujaldón durante uno de los desfiles de ASAMMA. / L.O.

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Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

En cuanto Esther Ujaldón (50 años) pone un pie en la pasarela, le invade una energía positiva que, asegura, es difícil de describir con palabras. Rodeada de aplausos y gritos de ‘reina’ y ‘guapa’, recorre el escenario luciendo su mejor sonrisa, bailando y jugando con el público. “Recibes físicamente una vibración y un sentimiento superbonito de apoyo”, cuenta.

No es un desfile cualquiera. Las modelos son mujeres mastectomizadas que suben al escenario para lanzar un mensaje claro: perder un pecho no es motivo para avergonzarse. “Es como salir del armario rosa”, sostiene Esther. “Este desfile no consiste tanto en presentarse con un bañador como en decir: ‘Estoy operada de mastectomía’”.

En su caso, lleva cuatro años participando en el desfile anual de ropa de baño que organiza la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama de Málaga (ASAMMA) para mujeres mastectomizadas. La primera vez que subió a la pasarela fue impulsada por la psicóloga de la asociación, que pensó que aquella experiencia podía ayudarla en el complicado momento que atravesaba.

Del miedo a salir de casa a subirse a una pasarela

“Me encontraba muy mal, necesitaba algo que me sacara del pozo en el que estaba”. Confiesa que dudó hasta el último minuto y que no estaba nada convencida de que lo que le estaban ofreciendo fuese una buena idea. Se encontraba “en horas muy bajas” y subirse a una pasarela en bañador suponía un reto enorme. Pero, finalmente se animó y ahora tiene claro que fue una de las mejores decisiones que pudo tomar.

“Recuerdo perfectamente, cuando me quitaron el pecho, el estar delante de la puerta de mi casa pensando: "No voy a poder atravesarla jamás, no voy a poder salir nunca más a la calle. Me falta un pecho. ¿Cómo voy a salir a la calle así?”, rememora. “Pero este desfile es una forma de demostrar que no solamente se puede salir a la calle, es que se puede incluso subirse a una pasarela”, subraya.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA. / L.O.

Para Esther, el desfile de ASAMMA tiene “una cosa muy especial”. “Desde el primer momento en el que pones un pie fuera, te llega un aura de buen rollo tremendo”, describe. “Es una experiencia increíble”, resalta. “Nos tropezamos muchísimo, nos equivocamos muchísimo, todo el mundo se ríe y nos lo pasamos pipa, es parte del encanto del evento”, relata entre risas Esther, que reconoce que, para ella, es uno de los eventos del año. “Desde el día que termina un desfile, ya vamos pensando en el siguiente”.

Los nervios, pese a la experiencia, no han desaparecido, aunque para ella forman “parte de la medicina del propio proceso”. En la última edición, sufrió un fuerte dolor lumbar y regresó a casa llorando, convencida de que no podría participar. Finalmente, pudo aliviar las molestias y salió a la pasarela. “Se te mete por dentro un subidón de energía y de adrenalina que yo creo que es muy beneficioso para nuestro estado”, señala.

Romper el tabú: Una pasarela para dar visibilidad a las mujeres mastectomizadas

Esther insiste en que la finalidad del desfile no es tanto mostrar las prendas de baño adaptadas como visibilizar a las mujeres mastectomizadas. Los bañadores les permiten sentirse seguras, pero lo verdaderamente importante para ella es dar un paso al frente e identificarse públicamente. “Yo salgo cada año precisamente para decir: ‘Aquí estoy yo. Y sí, me falta un pecho y ¿qué?”, afirma con rotundidad.

A su juicio, perder una mama no debería ser un problema: “No lo es, salvo que la sociedad lo imponga como tal. Y ahí es donde creo que deberíamos trabajar”, defiende Esther, que lamenta que “el tema del pecho está aún totalmente estigmatizado”.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA. / L.O.

Denuncia que la mastectomía continúa rodeada de un gran tabú y silencio. “Nadie habla de ello y, además, es casi vergonzoso de manifestar”, expone. “No podemos ir tranquilamente a la playa sin prótesis si queremos evitar las miradas. Eso debería cambiar”, reivindica. “Resultamos muy incómodas todavía”.

Habla desde su propia experiencia. Siempre ha sido deportista y, antes de la operación, se cambiaba con normalidad en los vestuarios. Ahora, en cambio, cuando acude a nadar, evita mostrarse desnuda completamente. “Siempre salgo de la ducha con la ropa interior y la prótesis puesta”, admite.

“Esta enfermedad es ya suficientemente dura como para tener que enfrentarse además a los prejuicios de la sociedad en torno a la mastectomía. Todos deberíamos trabajar para liberar de esta carga a las chicas que lo afrontan", argumenta.

“Resultamos muy incómodas todavía”

La lección de su hija: “El problema lo tiene quien mira”

Aun así, confía en que todo esto cambie con las nuevas generaciones. Una de sus hijas mellizas se lo hizo ver cuando apenas tenía nueve años. Durante un viaje, Esther se dio cuenta de que había olvidado ponerse la prótesis. Su marido le preguntó si quería regresar a casa y, desde el asiento trasero, la niña respondió: “Mamá, no nos volvemos. Si te mira alguien, el problema lo tiene él”.

“Me quedé fría. Si una niña puede entender que no pasa nada, entonces hay esperanza”, remarca. Esther hace hincapié en que se siente muy afortunada por el gran respaldo que siempre ha tenido por parte de su familia y amigos, especialmente de su marido.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA.

Esther durante el último desfile de ropa de baño para mujeres mastectomizadas organizado por ASAMMA. / L.O.

El apoyo de su marido, un pilar fundamental durante la enfermedad

Por ello, en el último desfile quiso reconocer públicamente ese apoyo invitándolo a bailar con ella sobre la pasarela. Llevan 30 años juntos y 20 casados. “Creo que la labor del acompañamiento de una persona con este problema es fundamental. Y mi marido ha dado el do de pecho y siempre ha estado apoyándome con todo”.

A Esther le diagnosticaron cáncer de mama a finales de 2018, cuando tenía 42 años y apenas habían pasado seis meses desde que perdió a su padre por otro cáncer. “Pensé que era una broma macabra. Fue un golpe muy duro”. Tuvo que someterse a una mastectomía radical, además de recibir quimioterapia, radioterapia y cinco años de tratamiento con hormonoterapia.

Apenas un mes después de recibir el alta oncológica y de manera casi fortuita, le descubrieron una nueva mancha, esta vez en el hígado. El diagnóstico era aparentemente muy similar al anterior, pero añadía una palabra más: cáncer de mama metastásico. “Ahora salgo a darlo todo porque no sé lo que me queda. Tenemos que estar aquí y disfrutar todo el tiempo que estamos, porque no sabemos cuánto es, ni yo, ni tú, ni nadie”, asegura Esther, que reivindica la importancia de resolver “tareas pendientes” como encontrar la cura para el cáncer de mama metastásico.

ASAMMA, acompañamiento frente al miedo y la incertidumbre

En este proceso, ASAMMA ha sido otro de sus grandes pilares. Allí encontró atención psicológica y grupos formados por mujeres capaces de comprender unos miedos difíciles de explicar a quien no ha atravesado la enfermedad. “Estaba completamente perdida y, desde la primera llamada que les hice, me sentía arropada”, comparte.

Por todo ello, cada vez que Esther pone un pie en la pasarela, no solo desfila en bañador. También da visibilidad a todas las mujeres que todavía sienten que deben ocultarse después de una mastectomía. “Es una experiencia única y ojalá hubiera más iniciativas como esta para apoyar a las mujeres que pasamos por un proceso tan traumático como puede ser este y ayudar a normalizarlo”. Porque, para ella, ninguna persona debería tener que esconderse ni avergonzarse de su cuerpo. Y ese es precisamente el mensaje que lanza mientras desfila ante el público: “Me falta un pecho, ¿y qué?”.

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