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Comercio tradicional

El emblemático comercio La Costa Azul de Málaga cierra tras 95 años: “Antes nos conocíamos todos. Ahora yo no conozco a nadie”

José Bravo, al frente del establecimiento desde su apertura en la calle San Juan, se jubila ante el aumento de costes y la dificultad de sostener el negocio a pesar de la afluencia de público

El emblemático comercio La Costa Azul de Málaga baja la persiana tras 26 años

Aroha Moreno

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Adrián Torres Postigo

Adrián Torres Postigo

Málaga

La esencia del centro de Málaga se desvanece poco a poco. Cada vez son más los comercios tradicionales que se ven obligados a bajar la persiana ante un escenario económico cada vez más difícil de sostener. A esa lista, que no deja de crecer, se sumará el próximo 31 de agosto La Costa Azul, un establecimiento situado junto a la iglesia de San Juan que ha formado parte del paisaje comercial del casco histórico durante más de 95 años.

Desde su apertura en la calle San Juan, la tienda está regentada por José Bravo y es la última superviviente de una marca con una larga trayectoria en Málaga. 

De la Plaza de la Constitución a calle San Juan

El origen de La Costa Azul se remonta al 10 de marzo del año 1932, cuando abrió su primer establecimiento en la Plaza de la Constitución. En una época en la que las familias acudían a comprar telas para confeccionar su propia ropa. El negocio se convirtió en uno de los comercios de referencia del centro de Málaga. Décadas después la marca acabó trasladando su última tienda a la calle San Juan, donde ha permanecido durante los últimos 26 años.

Cierre en el pleno auge afluencia

Aunque pueda parecer una contradicción, La Costa Azul afronta su despedida en uno de los momentos de mayor afluencia de público que recuerda José Bravo. “Antes abrías un sábado por la tarde y no había nadie. Ahora abres un sábado y está lleno”, explica.

Sin embargo, el incremento de visitantes no siempre se traduce en mayor rentabilidad. Los costes han crecido a un ritmo mucho más rápido que los ingresos. “Me decidí a jubilarme en que iban subiendo los alquileres, la luz, los sueldos, mientras las ventas iban bajando”, resume el comerciante.

“¿Cómo nos deja?”

Desde que anunció su jubilación, las muestras de cariño de sus clientas se han vuelto una constante. Muchas de ellas llevan décadas entrando en el establecimiento y algunas incluso comenzaron acompañando a sus madres cuando eran niñas. “Todas las clientas dicen lo mismo: ‘¿Cómo va a cerrar? ¿Cómo nos deja?”, comenta José.

Durante estos días no son pocas las personas que se acercan para despedirse. Otras aprovechan para comprar algunas prendas antes de que cierre el establecimiento. “Hay montones que vienen expresamente. Algunas se enteran que me jubilo, aparecen por aquí y se quedan un rato hablando”.

Clienta de La Costa Azul mirando prendas

Clienta de La Costa Azul mirando prendas / Álex Zea

El arraigo de La Costa Azul ha traspasado incluso las fronteras de Málaga. La tienda se ha convertido en una parada obligatoria para muchos visitantes extranjeros cada vez que regresan a la Costa del Sol. “Viene gente de Holanda, Inglaterra o Alemania”. Muchos de ellos regresan incluso dos veces al año y llevan décadas entrando por la misma puerta. “Cuando vengan y vean esto cerrado se van a llevar un chasco”, afirma.

La relación entre comerciante y cliente va mucho más allá de una simple compraventa. Tras 26 años detrás del mostrador, José ha visto pasar generaciones enteras de familias malagueñas. “Las madres venían antes también. Ahora vienen sus hijas y recuerdan cuando acompañaban a sus madres. Llega aquí y se acuerdan de aquellos tiempos”. De hecho, Bravo recuerda entre risas a un grupo de mujeres que bautizó el negocio como ‘la milla de oro’. “Las clientas venían y me decían: ‘Hemos quedado en la milla de oro’. Y no sabía lo que era. Resulta que la milla de oro era esta tienda”, comenta el comerciante.

Un centro urbano que ya no se reconoce

La Costa Azul es uno de los pocos comercios tradicionales que quedan en el centro. El escaparate de la tienda ha visto desaparecer muchos de los negocios que daban personalidad a calles como San Juan. “Antes nos conocíamos todos. Ahora yo no conozco a nadie”, explica.

Clientas preguntado a la dependienta de La Costa Azul

Clientas preguntado a la dependienta de La Costa Azul / Álex Zea

José recuerda una Málaga en la que los comerciantes compartían el día a día y en la que cada local tenía una identidad propia. Un paisaje urbano que, a su juicio, nada tiene que ver con el actual. “Antes en frente había una tienda que vendía carbón, también estaba el quiosco de prensa… Ahora es diferente por completo”. Para José, el cambió ha sido más intenso en la última década: “en diez o doce años ha sido tremendo. No se parece en nada”.

Una despedida cargada de recuerdos

A medida que se acerca el cierre, José se imagina cómo será ese día: “Va a ser muy raro. Va a ser un día muy especial”.

El comerciante admite que lo que más echará de menos será el trato diario con sus clientes, con quienes han convertido La Costa Azul en una parada obligatoria cada vez que visitan el centro. “Lo que me llevo es lo bien que se lleva la clientela. Son personas que llevan viniendo años y años”.

El 31 de agosto bajará la persiana por última vez. Con ella desaparecerá otro comercio tradicional del centro de Málaga, pero también un lugar en el que muchas familias conservan parte de sus recuerdos.

“El día que cierre y venga a dar un paseo por el centro pasaré como si fuera un turista. A mí ya no me conoce nadie”, comenta José.

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