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Medio Ambiente

Del problema a la oportunidad: la carrera por aprovechar el alga invasora que coloniza el litoral

La ausencia de depredadores naturales y su rápida capacidad de colonización dificultan la erradicación de esta especie invasora en Málaga

Alga invasora en los Baños del Carmen. | ALFONSO VÁZQUEZ

Alga invasora en los Baños del Carmen. | ALFONSO VÁZQUEZ

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Adrián Torres Postigo

Adrián Torres Postigo

Málaga

En ocasiones lo menos esperado se convierte en un gran problema para un país. Un ejemplo claro son los conejos en Australia. En 1859, el colono británico Thomas Austin liberó dos docenas de conejos salvajes para practicar la caza y, en pocas décadas, la especie se convirtió en una de las mayores plagas del país.

La globalización ha conseguido una conexión casi total e instantánea entre los países. Los aviones y los barcos cruzan mares y océanos cargados de mercancías. Sin embargo, junto a esas cargas también viajan organismos capaces de colonizar nuevos ecosistemas. Esto es lo que ha ocurrido con la Rugulopteryx okamurae, un alga asiática que ha invadido a Málaga y las costas andaluzas y que continúa expandiéndose por el litoral español.

De Asia al Mediterráneo

La Rugulopteryx okamurae es una macroalga originaria del Pacífico noroccidental, en concreto, de Japón, China, Corea, Taiwán y Filipinas. Su primera aparición documentada en Europa se produjo en el sur de Francia, donde fue detectada en zonas de atraque de barcos que transportaban ostras desde el país nipón.

Desde entonces, la especie se ha extendido por distintos puntos del Mediterráneo. Se encuentra de forma masiva en las costas de Málaga, Cádiz y Huelva. En los últimos años, también se ha detectado su presencia en Almería y en la Comunidad Valenciana.

Restos de algas invasoras en la orilla de la costa gaditana.

Restos de algas invasoras en la orilla de la costa gaditana. / L.O.

Los investigadores consideran que el problema podría agravarse en las próximas décadas debido a las condiciones ambientales favorables que encuentra la especie en el Mediterráneo. «Con las temperaturas del Mediterráneo, que van creciendo, y la capacidad de colonización que tiene esta especie, probablemente dentro de unos años gran parte del Mediterráneo esté colonizado si no se proponen soluciones», advierte Daniel Álvarez, experto en biología celular y molecular.

Una invasora sin depredadores

Otro de los factores que explican el aumento incontrolado del macroalga es la ausencia de enemigos naturales capaces de controlar su crecimiento en las aguas del Mediterráneo.

El alga contiene compuestos químicos que dificultan que las especies marinas la consuman, lo que le permite proliferar sin apenas competencia y formar grandes acumulaciones de biomasa tanto en el fondo marino como en las playas. «Ni siquiera los erizos se la comen», resume Salvador Arijo, investigador de la Universidad de Málaga.

Esta capacidad de expansión convierte la erradicación en un objetivo prácticamente inalcanzable. «Una vez que se introduce una especie invasora es muy difícil erradicarla», señala Roberto Abdala, investigador principal del proyecto ALFIL, un programa del Ministerio de Transición Ecológica.

La investigadora de la UMA, María Altamirano buceando entre algas invasoras

La investigadora de la UMA, María Altamirano buceando entre algas invasoras / JESUS ROSAS

Un problema que va más allá de las playas

La imagen que más se repite desde hace un tiempo son las playas abarrotadas de estas algas y ningún bañista. Sin embargo, los efectos de la Rugulopteryx okamurae no sólo afectan a la economía y el turismo, también perjudica al ecosistema marino y a actividades económicas como la pesca.

La presencia de esta especie modifica los hábitats donde se instala y desplaza a otras algas autóctonas por el espacio y los recursos. Además, la acumulación de biomasa dificulta las labores de los pescadores del litoral andaluz.

«El impacto ecológico es importantísimo porque está desplazando a otras algas que son autóctonas. Y eso también tendrá una repercusión directa en la fauna marina», explica Daniel Álvarez.

Del gasto público a la oportunidad económica

Cada año, las administraciones locales y autonómicas destinan recursos a la retirada de toneladas de biomasa acumuladas en playas y puertos. Una vez recogida, gran parte de esta materia orgánica termina desechándose sin generar ningún aprovechamiento posterior.

El problema de la alga asiática puede tener una posible solución como alimento para peces de factoría.

El problema de la alga asiática puede tener una posible solución como alimento para peces de factoría. / L.O.

Para Salvador Arijo, uno de los principales retos es cambiar la manera de abordar el problema. «Tú tienes un recurso, tienes que estar gastando dinero público para eliminar esa alga y, sin embargo, no tienes ningún retorno», señala. Por ello, diferentes investigadores han comenzado a estudiar formas de valorizar el alga y transformarla en una materia prima útil para distintos sectores productivos.

Una respuesta a otro problema ambiental

El interés por aprovechar la Rugulopteryx okamurae no surge sólo de la necesidad de gestionar una especie invasora. También responde a la búsqueda de alternativas más sostenibles para la acuicultura.

Gran parte de los piensos utilizados para alimentar a los peces de cultivo contienen harina y aceite elaborados a partir de otras especies marinas. Esta dependencia supone uno de los principales desafíos ambientales del sector.

La investigación desarrollada por la Universidad de Málaga intenta abordar ambos problemas de forma simultánea. «Combinar esos dos problemas y darle una única solución. Esa es la idea», resume Salvador Arijo.

Alga asiática

Alga asiática / La Opinión /

Más preguntas que respuestas

Los resultados, en distintos parámetros relacionados con la calidad nutricional y el estado fisiológico de los peces, son positivos y prometedores.

Sin embargo, los investigadores insisten en que los datos representan sólo una primera fase de trabajo y que todavía quedan numerosos interrogantes antes de trasladar estos resultados al sector productivo.

La principal incógnita ahora es determinar si los efectos observados se reproducen en otras especies y en diferentes condiciones de cultivo. «Hay que verlo también con otros peces, a otros tamaños de peces, y comprobar si tiene algún efecto sobre la prevención de enfermedades de origen bacteriano o vírico», explica Arijo.

Mucho más que pienso

El uso de Rugulopteryx okamurae como pienso es una de las posibilidades que hay para aprovechar esta biomasa. A partir de este proyecto han surgido otras investigaciones aplicando esta macroalga en otros ámbitos como la agricultura, la cosmética, los biomateriales o la biotecnología.

De alga invasora, a pienso para peces.

De alga invasora, a pienso para peces. / l.o.

Uno de los estudios es la búsqueda de moléculas con interés farmacéutico. «Estamos buscando ver si esta alga tiene algún compuesto que podría tener una aplicación en la medicina, pero todavía no tenemos resultados concluyentes», explica Daniel Álvarez.

La apuesta por la biorefinería

El potencial de Rugulopteryx okamurae reside en aprovechar al máximo todos los compuestos presentes en su biomasa. Este enfoque es conocido como la biorefinería.

Este enfoque lo que busca es obtener a partir de una misma materia prima, distintos productos de alto valor añadido. Entre ellos se encuentran proteínas, polisacáridos, lípidos, pigmentos o compuestos con posibles aplicaciones industriales y biotecnológicas.

«Debemos tratar de obtener todos los productos y subproductos interesantes para la industria biotecnológica», explica Roberto Abdala. A su juicio, el reto no consiste sólo en encontrar nuevas aplicaciones para el alga, sino en convertir un problema ambiental en una actividad económicamente viable.

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