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Sanidad | María Jesús Pascual Jefa de la Sección de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Regional de Málaga

María Jesús Pascual, hematóloga: “El donante más joven se ha visto que es el que ofrece mejores resultados”

La Jefa de la Sección de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Regional de Málaga explica que la compatibilidad total ya no siempre es imprescindible y anima a los malagueños a convertirse en donantes. “Dar médula ósea es donar vida”, subraya

María Jesús Pascua, jefa de la Sección de Trasplante Hematopoyético del Hospital Regional

María Jesús Pascua, jefa de la Sección de Trasplante Hematopoyético del Hospital Regional / L.O.

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Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

El Hospital Regional Universitario de Málaga se ha consolidado como uno de los principales referentes nacionales en trasplante de médula ósea. En 2025, fue el segundo centro de España y el primero de Andalucía que más trasplantes alogénicos (con células obtenidas de donantes) realizó, con casi cien procedimientos. Además, lideró a nivel nacional la actividad con donantes no emparentados, es decir, sin vínculo familiar. María Jesús Pascual, jefa de la Sección de Trasplante Hematopoyético del hospital, explica los avances que han permitido alcanzar estas cifras y cómo encontrar un donante completamente compatible ya no siempre es imprescindible para poder realizar el trasplante.

¿Para qué enfermedades se realiza un trasplante de médula ósea y qué pacientes pueden necesitarlo?

En nuestro centro, el grueso fundamental del trasplante de médula es el trasplante alogénico, el de otra persona. Y la indicación principal para este tipo son leucemias agudas, síndromes mielodisplásicos y mieloproliferativo. Luego también hay pacientes que tienen, por ejemplo, linfoma o algunas enfermedades congénitas, sobre todo en los niños, hemoglobinopatías, o pacientes que tienen aplasia medular. En el trasplante autólogo, en el que el paciente dona su propia médula, la principal indicación son pacientes con mieloma. Y las edades van desde que el paciente nace hasta los 75 años, que es donde nosotros tenemos el límite de edad. Pero bien es verdad que también hemos trasplantado a pacientes que tienen más de 75 porque están “fit”, es decir, están clínicamente bien y el paciente se encuentra muy bien para su edad. Ahora mismo los pacientes no son como hace cinco o diez años, llegan mejor al trasplante.

El Regional ha sido el segundo hospital de España que más trasplantes alogénicos realizó en 2025 y el primero en cuanto a donantes no emparentados, ¿qué significa para el hospital haber alcanzado estas cifras?

Bueno, significa el trabajo constante, la innovación, el esfuerzo, la coordinación de un grupo magnífico y el estar enamorados de la profesión. Significa mucho para nosotros, mucho.

¿Ha evolucionado mucho el trasplante de médula ósea en los últimos años?

Sí, ha mejorado muchísimo, si no, no estaríamos con estos números. La mejora se ha producido principalmente en varias áreas. Una es en la selección del donante. El donante con menor edad, más joven, se ha visto que es el que ofrece mejores resultados, independientemente de si es familiar o no, e, incluso, me atrevo a decir, si es compatible o no. Y aquí entro con otra mejora, que es el utilizar métodos y un fármaco en concreto —la ciclofosfamida postrasplante—, que es una quimioterapia que se utiliza después del trasplante y que ha conseguido reducir en mucha cuantía una complicación postrasplante importante, que es la enfermedad injerto contra receptor. Esa arma terapéutica lleva utilizándose en nuestro hospital desde el año 2012 y lo que hemos visto —y además atestigua toda la evidencia científica publicada— es que la calidad de vida de los pacientes después del trasplante es mejor. Que eso es lo que perseguimos. También hay mejoras en cuanto a la prevención y el tratamiento de las infecciones. Y, en general, en todas las medidas de soporte. Es decir, que hay mucho avance. Se ha ampliado también la edad por eso. Cuando yo empecé en el servicio de Hematología, la edad máxima del trasplante era 55 años y ahora estamos por más de 75. Eso lo dice todo. Otra de las mejoras es la quimioterapia que damos al paciente antes de que reciba las células. Esa quimioterapia “la personalizamos” y la adaptamos a su perfil físico, a las enfermedades que trae y a sus complicaciones, de tal manera que pueda recibirlo y tolerarlo mejor. Esas son las mejoras principales.

María Jesús Pascual, jefa de la Sección de Trasplante Hematopoyético del Hospital Regional

María Jesús Pascual, jefa de la Sección de Trasplante Hematopoyético del Hospital Regional / L.O.

¿Podemos decir entonces que encontrar un donante completamente compatible ha dejado de ser imprescindible para poder realizar un trasplante con garantías?

Yo diría que sí. De hecho, los resultados en nuestra experiencia, y en la experiencia publicada, son muy buenos con donantes no emparentados compatibles HLA 9/10. Eso significa compatibles en un 90%, y no en un 100% de las características mínimas que nosotros estudiamos. De tal manera que un donante joven, parcialmente incompatible y que no pertenezca a la familia del paciente, puede incluso ser mejor donante que un donante familiar con, por ejemplo, 65 años que sea totalmente idéntico, por poner un extremo. Hoy en día, lo importante es saber que, aunque uno no tenga un donante en su familia compatible al 100%, tiene mucha probabilidad de llegar al trasplante porque existe un registro español y un registro internacional de donantes de médula, donde la posibilidad de encontrar un donante es muy alta. Aproximadamente, si la búsqueda es fácil, en un mes, mes y medio como mucho, tenemos propuesta de donante para ese paciente.

“Cuando yo empecé en el servicio de Hematología, la edad máxima del trasplante era 55 años y ahora estamos por más de 75”

María Jesús Pascual,

— Hematóloga

Gracias a esta nueva estrategia, ¿hay pacientes que hace unos años no habrían podido recibir un trasplante y que ahora sí tienen una oportunidad de curación?

Sí. Hay una enfermedad, por ejemplo, que se llama mielofibrosis. No es la más frecuente, pero es verdad que es una de las patologías cuya indicación de trasplante está aumentando mucho. Los pacientes llegan mejor al trasplante, no solamente por lo que nosotros hacemos, sino también por la terapia que se les da previamente y que permite controlar algo la enfermedad y que puedan llegar mejor y aceptar mejor el trasplante. Nosotros, aparte, aplicamos todo lo que es la prevención de la enfermedad de injerto contra receptor, y también hay muchos avances en el tratamiento si esa complicación aparece. Pacientes que previamente no se trasplantaban o para los que no se indicaba el trasplante, hoy en día nuestros compañeros hematólogos que los reciben en consulta los ven aptos. Ahora mismo, la supervivencia en trasplante aumenta, tanto la supervivencia global como libre de enfermedad, y la mortalidad relacionada con el trasplante va disminuyendo poco a poco progresivamente. Cero absoluto no hay, pero sí estamos en la vía. Entonces también pueden trasplantarse ahora pacientes que antes no podían hacerlo, a lo mejor pacientes muy críticos o que llegan al trasplante con una enfermedad activa. Clásicamente, y ahora también, seguimos diciendo que la mejor opción es realizarlo con la enfermedad controlada, pero hay situaciones en las que no es así. En esos casos, con la adaptación del acondicionamiento o con el manejo de los fármacos que se le aplican, sí se puede conseguir que ese paciente pueda entrar en remisión. También contamos con terapias postrasplante en pacientes de alto riesgo de recaída. Les aplicamos terapia celular postrasplante con linfocitos del donante, como un refuerzo mensual a partir del tercer mes y durante el tiempo que el paciente necesite y que nosotros veamos que está fuera de peligro de recaer. Es decir, que hay un amplio abanico de situaciones y de mejora que, al final, lo que hacen es conseguir mejores resultados y una mejor calidad de vida para los pacientes.

¿Cuál es la tasa actual de supervivencia del trasplante que mencionaba antes?

Depende de la situación de la enfermedad y de muchos factores relacionados con la propia patología, pero ronda el 75%. Evidentemente, en pacientes de altísimo riesgo por factores genéticos de muy mal pronóstico, esa tasa puede bajar a un 50% o un 60%, pero la cifra de supervivencia global y libre enfermedad está en torno al 70% o 75%. Estas cifras no las teníamos hace diez años. Y todo eso se ha conseguido a fuerza de pegar pequeños bocaditos de mejora en todas las fases del trasplante. Desde que se selecciona el donante hasta que el paciente ha pasado ya los primeros tres meses del trasplante.

“La tasa de supervivencia ronda el 75%”

María Jesús Pascual

— Hematóloga

¿Qué les diría a quienes todavía tienen dudas o miedo y no terminan de dar el paso de inscribirse como donantes de médula ósea?

Dar médula ósea es donar vida, a cambio de nada realmente, porque el donante tolera muy bien el proceso. Le vamos a pedir solo que venga una mañana a extraerse las células con una máquina, un procesador celular parecido al que se utiliza para la donación en un centro de transfusión sanguínea. Y el donante puede recuperar su actividad normal el mismo día de la donación. No hace falta ingreso hospitalario, no hace falta anestesia, no hace falta cirugía, no hace falta antibioterapia. Solo tiene que recibir cinco días de una inyección que se pone en la barriga o en el brazo, en el tejido celular subcutáneo. Pero si vieran la satisfacción de los donantes cuando hacen la donación y cómo lo valora el paciente... La sangre se está produciendo continuamente, no nos vamos a quedar sin ella cuando donamos. Entonces, es un acto de solidaridad mayúsculo.

Tras alcanzar estas cifras, ¿cuál es ahora el gran reto del Hospital Regional?

Nuestro gran reto es continuo: seguir mejorando, seguir innovando, seguir investigando, seguir colaborando en estudios a nivel nacional e internacional. Seguir en esa línea. Ese es nuestro objetivo y nuestro reto siempre.

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