Sanidad
Remar todas a una contra el cáncer de mama: “En el barco no somos enfermas, somos deportistas”
Cinco integrantes de la Asociación Málaga Dragon Boat BCS acaban de conquistar un bronce europeo con la selección española, pero su mayor victoria es haber encontrado en el deporte apoyo, nuevos objetivos y una comunidad en la que sentirse comprendidas

Arancha Tejero

El tambor empieza a sonar. Diez cuerpos se inclinan a la vez, clavan las palas en el agua y la embarcación avanza. No basta con tener fuerza. Tampoco con resistir. Si una palista se adelanta, si otra pierde el ritmo o si un lado empuja más que el otro, la embarcación se desequilibra. Para avanzar, todas tienen que actuar como una sola, con absoluta sincronización.
Así lo hicieron Laura Jiménez, Sandra Montealegre, Mavi Fernández, Alicia Rojas y Niko Fiebiger en el Campeonato Europeo de Naciones de Dragon Boat celebrado en Múnich (Alemania). Las cinco integrantes de la Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS (siglas en inglés de mujeres supervivientes de cáncer de mama) formaron parte de la selección española que consiguió el bronce en la prueba de 1.000 metros en la categoría BCP, destinada a las palistas que han pasado por esta enfermedad.
La medalla es el último logro de una asociación que reúne en Málaga a 30 mujeres de entre cuarenta y más de sesenta años. Todas tienen en común que han sido diagnosticadas de cáncer de mama. Sin embargo, cuando se lanzan al mar, la enfermedad deja de ocupar el centro. “El único momento del día en el que no me siento una enferma es cuando estoy en el barco”, resume Alicia (56 años).
Una asociación pionera para mujeres con cáncer de mama en Málaga
Málaga Dragon Boat BCS nació en 2018, impulsada por la oncóloga Julia Ruiz Vozmediano que había conocido en Estados Unidos esta disciplina practicada por mujeres con cáncer de mama y decidió ponerla en marcha en Málaga. Fueron pioneras en Andalucía y Niko Fiebiger estuvo entre sus fundadoras.

La Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS durante un entrenamiento. / Álex Zea
En aquellos años todavía existía una mayor cautela en torno al ejercicio durante y después de los tratamientos oncológicos. “Éramos un poco las locas”, recuerda Niko. Ocho años después, la asociación reúne a 30 mujeres. Unas acuden para mantenerse activas y beneficiarse del ejercicio, mientras que otras van un paso más allá y se preparan para competir.
“El único momento del día en el que no me siento una enferma es cuando estoy en el barco”
El barco dragón, o dragon boat, una modalidad de piragüismo, es un deporte milenario nacido en China hace más de 2.000 años. Sus integrantes no reman, sino que palean. Los barcos llevan diez o veinte palistas, además de una persona al timón y otra al tambor, encargada de marcar el ritmo.
“Tienes que remar como uno”, resume Sandra. “El barco solo avanza cuando todo el mundo palea a la vez”, explica Alicia, quien, al igual que sus compañeras, ha encontrado en este deporte y en el mar un pilar esencial para reconstruir su vida después de la enfermedad. “A mí me ha dado la vida”, asegura.

Varios miembros de la Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS en un entrenamiento. / Álex Zea
El ejercicio, un aliado durante y después del tratamiento oncológico
“El deporte ha pasado de ser un "estilo de vida" a una estrategia terapéutica más a considerar en muchos tumores. Hay datos científicos sólidos que avalan al deporte como un tratamiento complementario, con numerosos beneficios en el control de síntomas, en la adherencia a tratamientos, en la mitigación de efectos adversos de tratamientos oncológicos, así como beneficios metabólicos, inmunológicos, psicológicos y cognitivos”, explica Miguel Berciano, oncólogo médico del Hospital Regional de Málaga. “Durante cualquier tratamiento o fase de enfermedad, un ejercicio adaptado a las capacidades de cada paciente va a ser beneficioso”, subraya.
En el caso del barco dragón, el movimiento repetitivo del paleo permite trabajar los brazos, el tronco y la musculatura central con bajo impacto sobre las articulaciones. También ayuda la resolución o el tratamiento del linfedema, una inflamación provocada por la acumulación de líquido linfático que puede aparecer tras la extirpación de los ganglios axilares. “Une la biomecánica perfecta para recuperar el brazo y prevenir el linfedema con la fuerza de un equipo que rema en la misma dirección”, resume Berciano.

Varios miembros de la Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS en un entrenamiento. / Álex Zea
“La quimio te provoca un cansancio crónico tan grandísimo que casi no te puedes levantar, pero lo mejor que hay para el cansancio es empezar a hacer deporte”, defiende Niko, que ha experimentado en su propio cuerpo los beneficios del ejercicio. “Te cuesta mucho arrancar y levantarte porque no puedes con tu vida, pero empiezas y cada día te encuentras mejor”, recalca. “Aparte de la mejora física, que es un antes y un después, la mejora mental es increíble”, añade.
Las secuelas del cáncer de mama que no siempre se ven
A los beneficios físicos se suma el apoyo de otras mujeres que han pasado por la misma experiencia. “Son las personas que mejor te pueden comprender”, sostiene Niko. Después de la quimioterapia o la radioterapia, la familia y los amigos suelen interpretar que la enfermedad ha terminado. “Lo quieren dejar atrás, ya no vuelven a hablar del tema”, cuenta. Sin embargo, permanecen secuelas físicas y emocionales de las que apenas se habla.
“Cuando terminas el tratamiento para ellos ya estás curada. Pero nadie te cuenta todos los efectos secundarios que hay, ni los que te van a venir, ni la nueva vida que se te presenta, que nada tiene que ver con la anterior”, señala Sandra (52 años), que fue diagnosticada de cáncer de mama hace diez años tras encontrarse un bulto, apenas un mes y medio después de haberse sometido a una revisión.
“Cuando terminas el tratamiento, para ellos ya estás curada. Pero nadie te cuenta todos los efectos secundarios”
“Tú por dentro no eres la misma. Es un efecto secundario del que no se habla. Y son, sobre todo, las compañeras quienes te ayudan a superar ese dolor y esa ruptura”, coincide Niko. Dentro de la asociación pueden hablar de las secuelas, el miedo, las cicatrices o la sexualidad. “Hablas cosas que no puedes hablar con tu familia. Porque vivirlo en primera persona no es igual que vivirlo al lado y, muchas veces, hay cosas que tú no cuentas porque no quieres preocupar más de la cuenta a la familia”, cuenta Sandra. “Se normaliza el hablar del cáncer y de los efectos secundarios”, añade Alicia.

Laura Jiménez y Mavi Fernández preparando el barco. / Álex Zea
“Aquí no das pena”: el apoyo de quienes han vivido la misma enfermedad
Laura (46 años) llegó poco después de terminar la radioterapia. Había sufrido dos cánceres de mama en apenas seis meses. “Yo llegué pasándolo muy mal. Y lo que encontré aquí fue que no das pena”, explica la malagueña, una de las integrantes más jóvenes de la asociación. Laura destaca el gran apoyo que encontró. Los efectos del deporte pronto comenzaron a notarse. Desde que empezó a palear y a realizar ejercicios de fuerza, la inflamación se ha reducido considerablemente y asegura que mantiene el brazo más controlado.
Además, se había sometido a una doble mastectomía y le daba vergüenza desvestirse delante de otras personas. Pero dentro de la asociación esa sensación desapareció. “No te miran raro porque ellas también han pasado por lo mismo”, insiste. “Yo no me podía mirar en el espejo”, rememora.

Varios miembros de la Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS se preparan para un entrenamiento. / Álex Zea
Mavi (58 años) también llegó tras atravesar quimioterapia, radioterapia y varias operaciones. “Yo estaba muy mal y allí empecé a levantar”, recuerda. A día de hoy, sus compañeras la describen como una de las mejores palistas del equipo y ensalzan su enorme fuerza de voluntad. “Da igual que hayamos competido. Todos los días a las ocho de la mañana está en el gimnasio”, apunta Alicia, que resalta que una de las cosas que más le gusta de la asociación es cómo se inspiran entre ellas y la fuerza que se transmiten.
Una segunda familia para hablar sin miedo
“Unos días estás mal, pero cuando ves que tus compañeras pueden piensas: ‘Si ellas pueden yo también’”, comenta. “Esto es una montaña rusa. Te puedes recuperar emocionalmente, pero hay momentos en los que vuelve el miedo y la incertidumbre, como en cada revisión”, relata Sandra.
La complicidad, la confianza y, sobre todo, el cariño entre ellas se perciben durante la conversación. Han encontrado en la asociación una comunidad que ha terminado convirtiéndose en una segunda familia. “A nivel físico y a nivel emocional me ha ayudado muchísimo”, subraya Sandra, que tiene claro que no piensa renunciar a ella. “Aparte de tu mejora física y mental, te da otros objetivos”, agrega Niko.
Supervivientes de cáncer de mama y deportistas de élite
“Nosotras nos sentimos deportistas de élite, no nos sentimos enfermas”, recalca Alicia. Conoció el barco dragón cuando vivía en Madrid. Le habían diagnosticado un cáncer de mama a los 49 años y después desarrolló linfedema. Descubrió este deporte navegando por Internet y decidió acudir a unas jornadas de puertas abiertas. “Me monté en el barco y me enamoré”, asegura.

De izq. a dcha. Laura Jiménez, Mavi Fernández, Alicia Rojas, Sandra Montealegre y Niko Fiebiger / Álex Zea
Tres años más tarde le diagnosticaron un melanoma que produjo una metástasis en la misma mama en la que había sufrido el tumor anterior. “Se te cumple tu peor pesadilla: el segundo cáncer”, confiesa. La enfermedad está estabilizada gracias a la medicación, aunque deberá mantener el tratamiento de forma indefinida.
Cuando le reconocieron una incapacidad absoluta, dejó de trabajar y regresó a Málaga. Fue entonces cuando se unió a la asociación, donde se reencontró con muchas de las compañeras a las que conocía de las competiciones. “A mí lo que me salvó fue el barco dragón”, asegura.
En Málaga encontró mujeres que compartían no solo la experiencia de la enfermedad, sino también el deseo de competir, viajar y plantearse nuevos retos. “Ahora mi trabajo es hacer deporte y cuidarme para dar el máximo rendimiento en el barco dragón”, describe.

De izq. a dcha. Laura Jiménez, Mavi Fernández, Alicia Rojas, Sandra Montealegre y Niko Fiebiger. / Álex Zea
Un bronce europeo dedicado a las mujeres que siguen luchando y a las que ya no están
El bronce de Múnich llegó después de meses de pruebas físicas y entrenamientos. “Das lo que tienes y lo que no tienes también lo das”, afirma Mavi. “Das el 200%”, coincide Laura. Las cinco aseguran que poder representar a España y haber logrado la medalla es “un orgullo absoluto”. Una medalla que representa también a las compañeras que no pudieron viajar y a las mujeres que siguen atravesando la enfermedad.
En las competiciones existe además una tradición especialmente emotiva: la ofrenda floral. Todas las palistas de la categoría BCP se suben a los barcos y lanzan flores al agua en homenaje a todas aquellas mujeres fallecidas por cáncer de mama. “Es precioso”, asegura Mavi.

La Asociación Deportiva Málaga Dragon Boat BCS durante un entrenamiento. / Álex Zea
“Paleamos por las que están enfermas, por las que están en tratamiento, por las que lo han superado y por las que se han quedado por el camino. Nosotras ganamos por todas”, destaca Laura. Porque, incluso cuando compiten, el apoyo sigue estando por encima del resultado. “Lo más bonito que tiene el barco dragón es el compartir, tanto en las competiciones como en los festivales. Y que no dejamos a nadie atrás”, opina Niko.
“Paleamos por las que están enfermas, por las que están en tratamiento, por las que lo han superado y por las que se han quedado por el camino”
En busca de patrocinadores para Hong Kong 2027
No es la primera vez que las malagueñas traen una medalla a casa. Cuentan con dos medallas de oro de Andalucía y es el segundo bronce internacional que consiguen. El primero lo lograron Mavi y Sandra en el mundial celebrado en Malasia en el año 2023, donde decidieron donar el premio económico a una asociación local de mujeres con cáncer de mama que también practicaban este deporte. “Con el cheque que nos dieron les sustentamos casi un año”, señala Mavi. “Eso es lo que se llama el espíritu BCS”, destaca Alicia con una sonrisa.

La cabeza de dragón que se coloca en la embarcación / Álex Zea / LMA
Las palistas estuvieron también el año pasado en el Mundial de Naciones de Brandeburgo y anteriormente en Rávena. Su siguiente gran objetivo ahora es el Mundial de Hong Kong de 2027, para el que necesitarán patrocinadores que ayuden a costear la preparación y el viaje. Pero antes, en agosto, una veintena de integrantes viajará a Francia para participar en un festival internacional al que acudirán más de 4.500 palistas supervivientes de cáncer de mama de todo el mundo.
Todas coinciden en que la asociación ha sido, en cierto modo, “un regalo del cáncer”. “Ojalá no hubiéramos tenido que pasar por la enfermedad para descubrirlo”, matiza Sandra. Pero, una vez dentro del barco, encontraron algo que iba mucho más allá del ejercicio: una comunidad, un sentimiento de pertenencia y un grupo de mujeres capaces de entenderse sin apenas palabras. “El dragon boat en sí tiene un sentimiento de comunidad y de pertenencia muy grande, pero es que en el BCS todavía es más”, explica.
Uno de los objetivos de la asociación es visibilizar la importancia del ejercicio durante y después del cáncer, así como demostrar que puede haber calidad de vida tras la enfermedad. “Se puede tener una vida plena, se puede ser feliz, se pueden hacer muchas cosas y se pueden ganar hasta medallas en un deporte muy duro”, resume Alicia, que insiste en que “cuando estamos en el barco compitiendo, no somos enfermas, somos deportistas”.
Cuando se les pregunta qué les ha devuelto el barco de todo aquello que les quitó el cáncer, tienen clara la respuesta: “Nuevos objetivos y las ganas de vivir”. Por eso animan a las pacientes que todavía sienten temor ante el deporte a acercarse a la asociación y conocerla. “Cuando se suban, no se van a querer bajar”, asegura Sandra.
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