Bienestar Social
"Un centro no puede sustituir a una familia": se busca hogar para 461 menores en Málaga
La plataforma Crecer con Futuro hace un llamamiento para ampliar una red que actualmente cuenta con solo 50 familias colaboradoras activas en la provincia

En Málaga viven más de 400 menores en centros de protección. / EP

Un total de 461 niños, niñas y adolescentes viven actualmente en centros de protección de menores en Málaga. Para ofrecerles la posibilidad de compartir fines de semana, festivos o vacaciones en un entorno familiar, la entidad Crecer con Futuro ha realizado un llamamiento a las familias malagueñas para que se incorporen a su programa de colaboración.
Las denominadas familias colaboradoras reciben en su hogar de manera esporádica a menores que continúan residiendo en un centro de protección y cuya tutela sigue correspondiendo a la Administración pública. El objetivo no es sustituir a sus familias de origen ni iniciar un proceso de adopción, sino proporcionarles vínculos afectivos estables, referentes positivos y experiencias de convivencia fuera del recurso residencial.
"Buscamos familias colaboradoras que quieran compartir con los menores fines de semana, festivos y periodos vacacionales. La tutela sigue correspondiendo a la Administración pública, ya que estos niños y adolescentes viven en centros de protección", explica Fernando Muñoz, psicólogo de Crecer con Futuro.
En mayo de 2026, la provincia contaba con 50 familias colaboradoras activas, una cifra que la organización considera insuficiente ante el número de menores que permanecen en los centros.
Qué hace una familia colaboradora
La familia colaboradora puede estar formada por una sola persona o por varias que constituyan una unidad familiar. Su compromiso consiste en compartir determinados periodos con un niño, adolescente o grupo de hermanos que vive en un centro de protección.
Durante esos encuentros, los menores pueden participar en actividades cotidianas, convivir en un hogar y construir una relación estable con adultos de referencia. Tras los fines de semana, festivos o vacaciones, regresan al centro en el que residen habitualmente.
"Los centros de menores realizan una gran labor, pero no dejan de ser recursos institucionales y no pueden sustituir la experiencia de convivir en un entorno familiar", sostiene el psicólogo.
La entidad recuerda que muchos de estos menores no pueden vivir con sus familias de origen porque estas no han podido proporcionarles el cuidado y la protección que necesitan. Aunque en los centros tienen cubiertas sus necesidades materiales y reciben atención profesional, crecer sin una red afectiva estable fuera de la institución puede condicionar su desarrollo emocional y social.
La diferencia entre colaborar y acoger
Desde Crecer con Futuro insisten en que ser familia colaboradora no es lo mismo que convertirse en familia de acogida.
En el programa de colaboración, el menor continúa viviendo en un centro de protección y únicamente comparte con la familia determinados periodos. La familia no asume su guarda permanente ni se responsabiliza de su convivencia diaria.
En el acogimiento familiar, en cambio, el niño o adolescente pasa a vivir en el domicilio de la familia acogedora, que se encarga de su cuidado cotidiano, educación y acompañamiento. Esta medida puede ser de urgencia, temporal, permanente o especializada, pero tampoco equivale a una adopción.
"Las familias colaboradoras y las familias de acogida trabajan en la misma dirección, pero son figuras diferentes. Una familia colaboradora comparte con el menor fines de semana, festivos o vacaciones, mientras que en el acogimiento el menor pasa a convivir de manera habitual con la familia", aclara Fernando.
El psicólogo advierte también de la falta de hogares de acogida para los niños más pequeños. «En los centros de protección no debería haber niños menores de 12 años. Lo recomendable sería que estuvieran con una familia de acogida, pero actualmente no hay suficientes familias disponibles», señala.
Un proceso de valoración que dura unos tres meses
Las personas interesadas en participar no comienzan a convivir de manera inmediata con un menor. Antes deben superar un proceso de información, formación y valoración que suele prolongarse durante unos tres meses.
Los profesionales analizan las circunstancias, disponibilidad, expectativas y características de cada familia. También conocen al menor y estudian qué perfil puede responder mejor a sus necesidades, con el objetivo de realizar un emparejamiento adecuado.
"Desde nuestra entidad contamos con profesionales de la Psicología y el Trabajo Social. Acompañamos a las familias durante todo el proceso, conocemos también a los menores y realizamos el emparejamiento teniendo en cuenta las características y necesidades de ambas partes", explica Muñoz.
El programa incluye sesiones previas con la familia y un seguimiento posterior. Los niños y adolescentes cuentan, además, con la atención de los profesionales de los centros en los que residen.
"Es un proceso que requiere tiempo, porque necesitamos conocer tanto a las familias como a los menores y su compatibilidad con estas. También se realizan sesiones con la familia y un acompañamiento previo. El procedimiento suele durar alrededor de tres meses", añade.
La entidad subraya que no se busca un perfil único de familia, sino personas capaces de ofrecer estabilidad, compromiso, afecto y continuidad. La finalidad es que el menor pueda contar con una red de apoyo que permanezca en el tiempo y que pueda acompañarlo también durante su transición hacia la vida adulta.
Más de 2.400 menores viven en centros de protección en Andalucía
En Andalucía, más de 2.400 niños, niñas y adolescentes viven en centros de protección porque sus familias no han podido cuidarles como necesitan.
Aunque reciben atención profesional y tienen cubiertas sus necesidades básicas materiales, muchos crecen sin una red afectiva estable fuera del recurso residencial. Esta situación puede dificultar su desarrollo emocional y social, especialmente durante la adolescencia.
Contar con referentes positivos y vínculos significativos resulta especialmente importante en una etapa en la que los menores deben comenzar a prepararse para una vida autónoma. Muchos permanecen institucionalizados hasta cumplir los 18 años, momento en el que tienen que abandonar el centro y afrontar la edad adulta.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un terremoto de magnitud 5 sacude Granada y se siente con fuerza en Málaga
- Eclipse solar en Málaga: a qué hora verlo, los mejores sitios y cómo observarlo con seguridad
- Una tormenta de rayos y truenos sorprende a Málaga de madrugada
- La Antigua Casa de Guardia cierra temporalmente por el fallecimiento de su propietario Antonio Garijo
- Málaga cierra seis playas al baño por vertidos en plena semana de Feria
- Bandera roja y baño prohibido en cuatro playas de Málaga capital este sábado
- La Aemet activa el aviso amarillo por tormentas en tres comarcas de Málaga tras el 'sorprendente' aguacero de madrugada
- La playa de Málaga con arena oscura, islotes y un rico fondo marino en la que huir de la masificación: es perfecta para hacer buceo, esnórquel y actividades acuáticas