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Sanidad

Eva Mansilla, la técnica de Imagen en el Hospital Regional de Málaga que ha regresado de Venezuela: "Nos pedían abrazos"

Eva Mansilla, técnica de Imagen del Hospital Regional y miembro de la Agencia Española de Cooperación Internacional, participó en el primer contingente de ayuda humanitaria enviado a Caracas tras el terremoto

Eva Mansilla frente al Hospital Regional de Málaga tras volver de la misión humantaria en Venezuela.

Eva Mansilla frente al Hospital Regional de Málaga tras volver de la misión humantaria en Venezuela. / L.O.

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Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

El día 30 de junio, Eva Mansilla (50 años) puso rumbo a Madrid. Había sido seleccionada para formar parte del Equipo Técnico Español de Ayuda y Respuesta a Emergencias (START) y participar en la misión humanitaria destinada a atender a las víctimas de los terremotos que sacudieron los estados de La Guaira y Caracas el pasado 24 de junio. Allí se reunió con el resto de profesionales sanitarios y, al día siguiente, tomó un avión hacia Venezuela, donde ayudaría a levantar un hospital de campaña y atender a cientos de heridos. 

Era su primera misión con la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID). La convocatoria la sorprendió trabajando y apenas dispuso de 24 horas para presentar la documentación, preparar el equipaje y trasladarse a Madrid. “El proceso es superrápido”, asegura Mansilla, técnica de Imagen del Hospital Regional Universitario de Málaga,

Un hospital de campaña levantado desde cero en Caracas

La misión tenía una duración de un mes, pero con una rotación del equipo a los 15 días. Mansilla formó parte del primer contingente, encargado de instalar la denomina ‘zona de vida’ —el espacio donde los profesionales dormirían, comerían y se asearían— y de levantar el hospital de campaña.  

El dispositivo se instaló en el Parque del Este de Caracas, un entorno casi “idílico” que contrastaba con la emergencia humanitaria a la que debían dar respuesta. El contingente reunió a profesionales sanitarios y logísticos de distintos puntos de España, cuatro de ellos pertenecientes al Servicio Andaluz de Salud (SAS). 

El equipo START en el hospital de campaña

El equipo de la AECID en el aeropuerto rumbo a Venezuela. / L.O.

El hospital de campaña, de nivel 1 (EMT-1), estaba formado por once tiendas de campaña destinadas a diferentes especialidades, entre ellas traumatología, ginecología y obstetricia, psicología, farmacia, pediatría, radiología, medicina interna y laboratorio. “Las dos primeras eran las que hacían los screening y los pasaban a la especialidad correspondiente”, describe la profesional. 

Fracturas, infecciones y secuelas psicológicas tras el terremoto

Mansilla se encargaba de realizar las radiografías solicitadas por los traumatólogos. Gran parte de las pruebas correspondía a fracturas de manos, pies, caderas o columna provocadas por los terremotos, las huidas precipitadas o las labores de rescate.

Si la lesión podía resolverse allí, los pacientes recibían una escayola, unas muletas, un cabestrillo o el tratamiento necesario. Los casos más graves eran derivados a los hospitales venezolanos con las pruebas y la historia clínica ya preparadas. 

Atendieron a pacientes de todas las edades: niños, embarazadas, personas mayores y jóvenes que se habían lesionado mientras intentaban rescatar a familiares. Además de fracturas y otras lesiones traumatológicas, trataron problemas ginecológicos, infecciones respiratorias o secuelas psicológicas.

Eva Mansilla en el hospital de campaña en Venezuela.

Eva Mansilla en el hospital de campaña en Venezuela. / L.O.

“Pero, ante todo, darles agua y alimento”, resalta Mansilla. El objetivo principal de la misión era prestar asistencia clínica porque el sistema sanitario del país “no podía dar abasto”. “Los hospitales estaban repletos y algunas de sus zonas habían resultado afectadas por los terremotos”, relata.

Jornadas de 12 horas y más de 200 pacientes

Los heridos eran trasladados diariamente en autobús hasta el hospital de campaña. La capacidad prevista era de poco más de un centenar de pacientes diarios, pero llegaron a atender entre 200 y casi 300 en una sola jornada. 

El ritmo de trabajo era extenuante. Los profesionales se levantaban a las cinco y media de la mañana y el hospital permanecía abierto desde las siete hasta las siete de la tarde. Aunque algunos días, reconoce, continuaban atendiendo hasta las nueve. “No vas a dejar a esas personas que ya han pasado el filtro sin asistencia”, señala.

Cuando escuchar era tan importante como hacer una radiografía

Algunos pacientes hacían “colas interminables” de cuatro o cinco horas, o, incluso, pasaba la noche en las inmediaciones para intentar conseguir uno de los primeros turnos. “Había gente que venía andando con una cadera rota y lo primero que hacía era contarte su experiencia antes de que tú abordaras clínicamente su dolencia”, comparte la técnico.

“La gente necesitaba asistencia sanitaria o psicológica, pero también mucha paciencia, mucha empatía y mucha escucha”, comparte la sanitaria. Mansilla recuerda especialmente el caso de un hombre que intentaba que no se moviera, pero él insistía en relatarle cómo había escapado del terremoto. Fue entonces cuando comprendió que la radiografía podía esperar unos minutos y que, antes que nada, necesitaba que alguien lo escuchara.

“Había gente que venía andando con una cadera rota"

Afirma que una de las grandes lecciones que se trae de Venezuela es, precisamente, la importancia de no olvidar la humanización de la asistencia.“Estamos acostumbrados, por el sistema nacional de salud que tenemos y las prisas que tenemos siempre, a tardar tres, cuatro o cinco minutos por cada paciente. Allí eran 20 minutos solamente de escucha, de comunicación, de solidaridad y de empatía con esa persona. Y luego ya nos dedicábamos a hacer la radiografía”, relata. 

Las historias que Eva Mansilla no ha podido olvidar

Tras las pruebas, algunos pacientes les pedían hacerse una fotografía con ellos o, incluso, darles un abrazo. “Nos pedían abrazos”, rememora aún con asombro. “Ellos nos abrazaban a nosotros como si nosotros lo necesitáramos, y creo que es verdad que lo necesitábamos tanto o más que ellos”, admite. 

Entre las imágenes que no ha podido olvidar se encuentra la de un niño que llegó con un gato y les pidió que atendieran primero al animal. También la de dos personas mayores que ya habían sobrevivido a otro terremoto y que, después de haber perdido a toda su familia y reconstruir sus vidas, habían vuelto a perder a sus seres queridos por segunda vez.

El equipo de la AECID en el aeropuerto rumbo a Venezuela.

El equipo de la AECID en el aeropuerto rumbo a Venezuela. / L.O.

Asegura que fue una experiencia “muy dura”, pero también enriquecedora. “Nos dieron un gran ejemplo a seguir en apoyo, integración y, sobre todo, en empatía”, subraya la profesional del SAS, que pone en valor la fuerza y la capacidad del pueblo venezolano para seguir adelante.

Destaca también la gran coordinación y complicidad que alcanzó el equipo formado por personas que, apenas unos días antes, eran completas desconocidas. “Todos los perfiles íbamos al unísono y era espectacular, la verdad”, recuerda. 

Pese a la intensidad de las jornadas, asegura que el desgaste era mucho más emocional que físico. De hecho, el verdadero impacto llegó al regresar a España. “Después de absorber tantos traumas, vuelves a tu realidad, aparece la soledad de haber dejado atrás al grupo y te das cuenta de la angustia en la que has estado viviendo”, explica. 

La misión que cambió su forma de atender a los pacientes

“La vuelta fue incluso más dura que la ida”, reconoce. Durante los primeros días vivió una “una montaña rusa” de emociones: “Llorabas, reías y, no sabías cómo, pero te salían todos los sentimientos a flor de piel”.

La experiencia también ha cambiado su forma de atender a los pacientes en Málaga. “Todos hemos desarrollado un poco más la herramienta de la humanización”, sostiene. Ha vuelto con más paciencia, más tranquilidad a la hora de trabajar con los pacientes, más capacidad de escucha activa y un mayor orgullo por una profesión que, considera, suele permanecer en un segundo plano.

También pone en valor el sistema sanitario español, cuyo prestigio ha podido comprobar fuera del país. Mansilla destaca, además, el respaldo que reciben los profesionales andaluces para participar en este tipo de misiones. Gracias a un convenio entre el Servicio Andaluz de Salud y el Ministerio pueden desplazarse como cooperantes sin tener que solicitar vacaciones ni desvincularse temporalmente de sus puestos de trabajo, como ocurre en otras comunidades. 

Para Mansilla, que consiguió su plaza en el Hospital Regional de Málaga hace cinco años, esta experiencia ha marcado un antes y un después. “Se dice que no te puedes morir sin escribir un libro. Pues para mí, mi libro sería mi misión en Venezuela”, concluye. 

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