Callejeando por Málaga
La calle Ferrándiz: resistentes de la esencia comercial y vecinal del barrio de la Victoria
Pese a que con el tiempo algunos establecimientos tradicionales han desaparecido, aún hay algunos que se mantienen ante la masificación turística

Ángel Jiménez
Ferrándiz es un apellido que se repite constantemente en los negocios de una calle de Málaga situada a las faldas del monte Gibralfaro, en pleno barrio de La Victoria. Y esa calle no es una calle cualquiera, sino un homenaje en reconocimiento a uno de los pintores más importantes de la historia de una ciudad caracterizada por su gran expresión y riqueza artística: Bernardo Ferrándiz.
Reconocido como el creador de la Escuela Malagueña de Pintura a mediados del siglo XIX, la calle fue bautizada con su nombre entre los años 1887 y 1892, después de su muerte en 1885. Pero su trascendencia en la ciudad no solo queda aquí, sino que en 1880 este pintor valenciano fue reconocido hijo adoptivo de la ciudad. Durante la ceremonia en la que fue condecorado pronunció las siguientes palabras: “Soy valenciano y malagueño, es decir, bueno y mejor”. Una frase en honor a la ciudad que le acogió en 1868 y a la que terminó amando hasta el final de sus días.

Plano de la calle Ferrándiz de 1897 / La Opinión
Hoy, con el pasar de los años, algunos negocios de toda la vida de la calle Ferrándiz como papelerías, zapaterías, fruterías y carnicerías continúan manteniendo parte de esa esencia de barrio que sus vecinos consideran tan importante. Auxi y su madre llevan 30 años en el barrio con una papelería y resaltan con entusiasmo que todavía reciben muchos clientes fieles a la prensa de papel ante la avalancha digital que sufre este sector. Sin embargo, son las personas más mayores las que se aferran a esta costumbre.
“Aún hay personas mayores que tienen el hábito de comprar su periódico todos los días; pero ya no en todas las zonas lo hacen y esto es algo a destacar del barrio, donde puedes encontrar cinco negocios de este tipo. Los jóvenes ya con el móvil se conforman”, comenta Auxi. En mitad del trasiego de una ciudad, atractiva para el turismo y cada vez más masificada, tanto Carmen como Auxi valoran la tranquilidad frente a otras calles que han pasado a ser más céntricas, donde “hay locales que han dejado de ser locales”, comenta Auxi.
Sin embargo, establecimientos como la carnicería Ferrándiz, donde trabaja José Manuel desde hace poco más de una década, han logrado seguir adelante pese a que, a su juicio, la calle ha cambiado mucho: “Ahora todo es distinto. Antes todos venían a comprar a los negocios locales pero los jóvenes que están trabajando, no tienen tiempo y van al supermercado, cogen una ensalada o cualquier comida para hacer rápido y ya está”, comenta.
Otra vecina llamada Carmen, que hace sus compras en el barrio como en un día cualquiera, comparte este sentimiento: “Este es un barrio muy de mayores y aquí la gente es muy pacífica, nos conocemos de toda la vida. Tenemos una relación muy cercana y hemos compartido muchas experiencias”, afirma. Carmen es otra de las que ha visto la evolución de la calle Ferrándiz, ya que se instaló en un piso que compró en 1972, cuando tan solo tenía 23 años.
De padres a hijos
Junto a negocios que con el pasar de los años han ido rotando, ciertos hábitos y comportamientos también lo han hecho. Carmen cuenta, como los que antes eran los niños del barrio hacían su vida en él. Antes las calle se llenaba de combas para saltar, juegos de “pilla pilla” y de los tan populares “intercambios de estampitas”. Sin embargo, esto ya no es así: “La mayoría de niños, que ya son padres y que ahora viven en los pisos de sus abuelas, daban mucha alegría al barrio. Pero ahora solo están con los móviles y ya todo eso ha pasado”. En la papelería de Auxi y su madre también reafirman esto: “Antes los niños hacían grupitos y venían aquí con las estampas, las cambiaban. Ahora sus padres los dejan con el coche y corren, cruzan, se compran dos cromos y se van”.
Por otro lado, en esta calle se encuentra el Colegio de la Sagrada Familia El Monte. Un lugar que antes era un campo donde muy comúnmente los más jóvenes iban a divertirse en un entorno rural, colindante al colegio: “Ese era nuestro campo, en el monte construían sus cabañas y traían trapos y palos para jugar. Cuando mis hijos eran muy jovencitos, subíamos allí a través del monte y paseábamos, disfrutabamos y bajábamos”, expone Carmen nostálgica.

Colegio de La Sagrada Familia Loos Montes / Ángel Jiménez
Colegio El Monte, enclave simbólico de la calle Ferrándiz
Volviendo a la historia relacionada con la calle Ferrándiz, hay otro enclave muy simbólico para sus vecinos, el Colegio concertado de El Monte, que fue construido entre 1924 y 1925, tras la adquisición por parte de La congregación de la Sagrada Familia de Burdeos de la conocida como ‘Finca Los Eucaliptos’. Dicha Congregación llegó a Málaga para atender las graves necesidades de asistencia sanitaria y social en 1867. No obstante, en mayo de 1931 la quema de conventos e iglesias en un contexto de tensión política tras la proclamación de la Segunda República, provocó la desaparición de parte del colegio.
A día de hoy, el colegio está en perfecto estado y se encuentra abierto para que los niños puedan cursar sus estudios. La infraestructura que lo conforma fue diseñada por el arquitecto Fernando Guerrero Strachan y, con ella, ha logrado distinguirse de otros centros educativos gracias a su atractiva fachada y su juego de volúmenes que combina tamaños, alturas y formas geométricas. Todo ello, sin olvidar el atractivo muro de contención, también diseñado por Strachan, situado justo a la subida del monte.
Este arquitecto, el más conocido en la historia de Málaga y que además llegó a ser alcalde de Málaga entre 1928 y 1930, diseñó la estructura con el propósito de sostener los desmontes de la ladera (el rebaje de un terreno en pendiente para nivelarlo y poder construir sobre él) en la que se sitúa. Actualmente, la construcción puede ser contemplada por los vecinos de siempre, turistas y los vecinos que apenas acaban de llegar al barrio.
Los nuevos
Este es el caso del dueño de la frutería Yassin que se instaló en el barrio hace 5 años, donde se gana la vida felizmente. Aunque no domina del todo bien el idioma debido a que abandonó su país natal recientemente en búsqueda de un mejor futuro, cuenta a este periódico: “Hay mucho turista siempre, pero cada día viene gente de aquí y hablamos todos los días. Nos hacemos amigos”.
Por su parte, José Manuel también destaca el trato, la cercanía y el contacto directo con sus clientes. Una relación que frente a las quejas recurrentes de una gran cantidad de vecinos por el turismo y la suciedad de las calles, continúa según este en el barrio: “Ahora los buenos días y las buenas tardes ya no se llevan tanto, pero muchos clientes buscan esto. En estos locales hay más trato entre clientes y vecinos y después de verlos durante muchos años yo ya sé lo que quieren y ellos saben lo que yo les ofrezco”. Y, en sus palabras, mientras persista esta dosis de humanidad, la esencia que mantienen este tipo de calles, como Ferrándiz, nunca morirá.
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