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Vivienda

Mariló, malagueña desahuciada de 63 años: «Esto en Málaga no lo había visto antes»

Mariló, pensionista y miembro de la plataforma Un Techo por Derecho, fue desahuciada esta semana con Javier, su marido, de un piso en calle La Unión, tras unos 12 años de alquiler. La pareja, con alto grado de dependencia, ha sido realojada por el Ayuntamiento en un hostal hasta el próximo lunes 3. No saben qué será de sus vidas a partir de entonces.

Mariló y Javier, en el hostal de Málaga donde han sido realojados, hasta este lunes 3, por el Ayuntamiento.

Mariló y Javier, en el hostal de Málaga donde han sido realojados, hasta este lunes 3, por el Ayuntamiento. / La Opinión

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Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

«Esto en Málaga no lo había visto antes. ¿Esto es normal?, ¿qué pasa con las personas vulnerables», se pregunta Mariló.

Esta malagueña de 63 años, miembro del colectivo Un Techo por Derecho, que lucha por una vivienda digna para todos, ha visto cómo, el pasado lunes, la Policía Nacional llamaba a su puerta para informarle de que se iba a ejecutar en breve su desahucio previsto por el juzgado, tras una prórroga anterior de mes y medio.

A las 10 de la mañana salía para siempre de su piso en alquiler los últimos 12 años, en el número 67 de la calle La Unión; y lo hacía junto a su marido, Javier, de 62 años, y su gata ‘Mar’.

Mariló, el lunes pasado, en el momento de ser desahuciada de su piso de alquiler en la calle La Unión.

Mariló, el lunes pasado, en el momento de ser desahuciada de su piso de alquiler en la calle La Unión. / Álex Zea

Como explica, los últimos tres año se acogió a una ayuda al alquiler del IMV, «y me daban un año más pero el dueño se echó para atrás». El motivo: «Me dijo que tenía una hija embarazada y que necesitaba la casa, cuando él no tiene hijas y es un gran tenedor con muchas viviendas», recuerda.

Al día siguiente de pagar la última mensualidad «recibí la carta de su abogado, en la que me daban 15 días para dejar la casa», lamenta.

El pensionista Javier, desahuciado este lunes, sale de su piso en alquiler de la calle La Unión ayudado por personal de los servicios sociales del Ayuntamiento.

Javier, marido de Mariló, desahuciado de su piso en alquiler de la calle La Unión. / Álex Zea

Tras ser desahuciados, Mariló y Javier han sido realojados por los servicios sociales del Ayuntamiento durante una semana en un hostal de la capital. El lunes 3 de agosto es su último día.

Se da el caso de que los dos tienen un grado alto de dependencia y son pensionistas. En el caso de Javier, su marido desde hace 32 años, y que durante mucho tiempo ha trabajado de camarero, «le dieron dos ictus seguidos, después se le reventó la arteria aorta, más tarde tuvo un infarto y a cada instante se le encharcan los pulmones», describe.

En su caso, Mariló recuerda que ha trabajado en empleos de todo tipo: «En el campo, limpiando, en la obra, donde terminé de encargada...». Pero la muerte de un hermano por drogas, y el de su madre, dos meses después, le sumió en una profunda depresión que le ha llevado a estar «ingresada muchas veces».

La Polícia Nacional cortó la calle La Unión durante casi cuatro horas para que se llevase a cabo el desahucio.

La Polícia Nacional cortó la calle La Unión durante casi cuatro horas el lunes para el desahucio del matrimonio de pensionistas. / Álex Zea

«No se conforman con una nómina de 2.000 euros»

A la pareja le han quedado unos ingresos conjuntos de 1.600 euros; pero como señala Mariló, «hemos intentado buscar un alquiler, mi hijo ponía una nómina de 2.000 euros y no se conforman; me he hinchado de buscar y estoy desesperada».

Otro momento del desahucio de la calle La Unión, el pasado lunes.

Otro momento del desahucio de la calle La Unión, el pasado lunes. / Álex Zea

Mariló, que reitera que no sabe qué será de ellos a partir del próximo lunes, cuenta que no hay posibilidad de irse a vivir con sus hijos, y que ha recibido de los servicios sociales la propuesta de marcharse él y su marido a una residencia de ancianos; una alternativa que rechazan. «Tengo 63 años, no estoy tan mayor como para irme a una residencia y mi marido está mal pero no quiero que termine ahí».

Lo que quieren, como tantos malagueños, es un piso con un alquiler que puedan pagar.

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