Sanidad
Madre e hijo, compañeros en el Clínico de Málaga: Adrián vuelve como médico al hospital donde nació
María Ángeles es enfermera y sintió la primera patada de su hijo mientras trabajaba en Neurología, la especialidad que él ha acabado escogiendo casi tres décadas después

María Ángeles Rojas junto a su hijo Adrián Galindo Rojas en el Hospital Clínico de Málaga. / L.O.

María Ángeles Rojas estaba trabajando como enfermera en el servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga cuando sintió la primera patada de su hijo. Meses más tarde, Adrián nació en ese mismo hospital y, 28 años después, ha regresado como médico residente de esa misma especialidad.
La malagueña descubrió allí también que estaba embarazada. Al terminar un turno de mañana se hizo la prueba y confirmó que esperaba a su primer hijo. En aquel momento, tras haber pasado por varias especialidades, se encontraba trabajando en Neurología. Por eso, cuando años después su hijo le anunció que aquella era la especialidad que quería escoger, sintió que aquella primera patada adquiría un significado nuevo. “Parecía como una premonición”, reconoce María Ángeles, que asegura que no cree en las casualidades.
La primera patada de Adrián llegó en Neurología
“De alguna manera, tú ya estabas pasando planta conmigo”, le recuerda ahora. “¿Y eso no cuenta como días trabajados?”, bromea su hijo, Adrián Galindo Rojas, que el pasado mes de junio comenzó su residencia en el Hospital Clínico.
Su vocación médica, sin embargo, no apareció de manera inmediata. Durante la adolescencia, cuenta, estaba más centrado en el baloncesto que en decidir a qué quería dedicarse. Y, al llegar al Bachillerato, seguía sin tenerlo claro. Su madre, al verlo dudar, le propuso que un día se acercara al hospital para conocer desde dentro el mundo sanitario.
Pidió permiso y Adrián le acompañó durante un turno, que acabó siendo especialmente duro. Aquella visita despertó en él cierto interés y decidió centrarse en los estudios. Obtuvo matrícula de honor y más de un 13 en Selectividad, una nota que le permitió elegir estudiar Medicina en la Universidad de Málaga.
La pérdida familiar que marcó sus años de carrera
El camino hasta convertirse en médico, sin embargo, “no ha sido fácil”, como señala su madre. Durante la carrera, Adrián y su familia atravesaron el momento más difícil de sus vidas. Marina, su hermana pequeña, enfermó de leucemia con 14 años. Él mismo fue su donante de médula, pero el trasplante no funcionó. La joven falleció durante la pandemia y aquella pérdida obligó a toda la familia a hacer un parón y encontrar, cada uno a su manera, la forma de continuar.
“Reengancharte a la vida académica es más difícil, pero lo consiguió”, destaca su madre con orgullo. Adrián llegó a dudar de si sería capaz de terminar una carrera, pero, con tiempo y el apoyo de su familia, logró retomar los estudios y completar las pocas asignaturas que le quedaban.
“Siento un orgullo muy grande por ellos”, asegura emocionada. Su otra hija, Marta, está acabando la carrera de Enfermería, por lo que el vínculo de la familia con el ámbito sanitario continúa creciendo. Marina, cuenta su madre, también soñaba con estudiar Medicina. “Yo siempre digo que será médico del cielo”, afirma con una sonrisa.
El regreso al Clínico como médico
Tras completar la carrera y comenzar a preparar el examen MIR, Adrián empezó a sentirse atraído por Neurología. Durante un tiempo también valoró Psiquiatría, pero terminó decantándose por Neurología, una disciplina que le parecía muy amplia y variada. “Cuando me dijo que le gustaba neuro, pensé: ‘no me lo puedo creer’”, rememora su madre.

Hospital Clínico / L.O.
Adrián tenía claro, además, que quería quedarse en Málaga. “Para mí es de la mejor ciudad de España”, defiende. A la hora de elegir hospital valoró tanto el Regional como el Clínico. Pero las características del servicio, las referencias de otros residentes y la posibilidad de completar parte de su formación en Neurofisiología le hicieron decantarse por el Clínico. A todo ello se sumaba una ventaja práctica y emocional: compartir centro con su madre. “Podemos venirnos e irnos juntos”, destaca Adrián, que bromea con que tiene chófer personal.
El emotivo momento de escoger la plaza MIR
El momento de escoger la plaza MIR fue especialmente emotivo, asegura María Ángeles, que le acompañó a Madrid con su marido. Adrián partía con una buena nota y sabían que tenía muchas posibilidades de conseguir Neurología en Málaga, por lo que la incertidumbre no era tanto dónde acabaría, sino todo lo que representaba haber llegado hasta allí.
“Ese momento en el que ellos salen es muy emocionante”, asegura. “Fue como si se cumpliera aquella premonición de la primera patada”, recuerda. Para ella, la vida “tiene un hilo” por el que, quieras o no, vas a pasar. “Solamente hay que dejar que el reloj del tiempo te lo ponga en hora”, reflexiona.
María Ángeles, por su parte, tenía claro que debía ser enfermera, aunque, en un principio, estuviese a punto de seguir otro camino. “Cuando entré en el Civil, que fue donde yo estudié, fue un flechazo. Fue entender que yo tenía que estar ahí. Y de verdad que soy una enfermera muy feliz”, cuenta la malagueña.
“Mis pacientes y mis compañeros me dicen: ‘¿Cómo puedes tener tantas ganas de reírte y la alegría que tienes con los pacientes con lo que te ha pasado?’. Y yo les respondo que lo que me ha pasado no me merma ni un poquito lo que yo tengo dentro”, comparte. Desde su punto de vista, tenía dos opciones: “Victimizarse toda la vida y encerrarte en ese sufrimiento, o seguir viviendo con alegría, con buen talante y sirviendo a los demás, que al final estamos por eso”. La familia eligió el segundo camino.
Madre e hijo vuelven al hospital como compañeros
Cuando Adrián comenzó a estudiar Medicina, su madre empezó ya a fantasear con la idea de que acabara en el mismo hospital que ella. Ahora, sueña con que su hija Marta elija también el Clínico y los tres terminen trabajando en el mismo centro. “Hablamos también de hacer el bautizo y la comunión aquí, pero no salió”, bromea el joven médico.
Por ahora, madre e hijo no se han cruzado, pero saben que tarde o temprano es probable que terminen coincidiendo, ya que María Ángeles trabaja actualmente en Oftalmología, un área que mantiene relación con Neurología a través de la Neurooftalmología.
Como madre y profesional sanitaria con más de 35 años de experiencia, María Ángeles tiene claro cuál es el principal consejo que quiere transmitirle a su hijo en esta nueva etapa: “Que no se olvide del círculo”. Para ella es la figura geométrica que mejor representa el trabajo de un hospital. En el centro está siempre el paciente y, alrededor, todos los profesionales que participan en su atención, desde médicos y enfermeras hasta celadores, técnicos o personal administrativo.
“Todo es importante. Cada uno se merece un respeto en su trabajo y que nunca se vea por encima de nadie”, afirma. Una filosofía que lleva años compartiendo tanto con sus alumnos de Enfermería como con sus hijos. La técnica, defiende, es imprescindible, pero la empatía marca la diferencia. "Lo importante es cómo tratas a las personas", resume.
Casi tres décadas después de aquella primera patada en el servicio de Neurología, ambos vuelven a encontrarse ahora en el mismo hospital, pero esta vez como compañeros. Un lugar que, mucho antes de convertirse en su centro de trabajo, ya formaba parte de la historia de la familia.
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