Eduación | David Jiménez Profesor malagueño en Vietnam
David, un profesor malagueño que muestra expresiones andaluzas en Vietnam: "Un abrazo de mis niños vale más que millones de visualizaciones"
David Jiménez, conocido en redes como DavidAndaluzV, enseña inglés en Vietnam y se ha convertido en un fenómeno viral acercando el andaluz y la cultura española a sus alumnos

David Jiménez, profesor malagueño de 34 años que se ha hecho viral en redes sociales, por enseñar expresiones del dialecto andaluz y malagueño a sus alumnos de Infantil y Primaria en Vietnam. / Álex Zea

A más de 10.310 kilómetros de Málaga, se escucha a un grupo de niños de entre 3 a 6 años decir "illooooo" o "sa matao". En Hanoi se encuentra David Jiménez, un torreño, profesor de inglés en la capital de Vietnam, que en sus últimos 15 minutos de clase enseña a sus alumnos frases y expresiones típicas andaluzas. David empezó en las redes hace 11 meses donde empezó a subir vídeos sobre sus andaduras como profesor mostrando el arte y la jerga andaluza entre sus estudiantes. El de Torre del Mar acumula ahora casi 200.000 mil seguidores entre Instagram y TikTok (@davidandaluzv).
¿Cómo es David cuando se apaga la cámara y terminan las clases?
“Yo intento ser el mismo que se ve en los vídeos de la manera más natural posible. Yo soy un chaval normal, feliz, muy positivo, con muchas ganas de vivir y que le gusta y le apasiona su trabajo. Mi intención es mostrar la naturalidad que hay y la de los niños que no hay manera de editar”.
¿De dónde nace tu vocación por la enseñanza?
“Es una pregunta que no lo tengo muy bien argumentado. Pero yo creo que de chico he tenido tan buena infancia, he sido tan feliz, me he sentido tan querido, que lo tengo muy dentro eso. Y lo que quiero es que de cierta manera que los niños vivan lo que yo sentí en ese momento. Ver cómo crecen, cómo aprenden y verlos tan felices, me siento un poco representado de cuando yo era pequeño. Muchas veces estoy en el colegio y pienso que me encanta mi trabajo, me están pagando por algo que me apasiona. No es algo que me pesa y ni estoy mirando el reloj. Y de ahí, yo creo, que viene mi vocación”.
¿Qué te habría gustado que te enseñara un profesor cuando eras niño?
“Lo primero es que hay que ser feliz. Y lo segundo, me hubiera gustado que me enseñase a gestionar las emociones. Además, otro tipo de pedagogía, una menos sentado y menos con el papel y el boli. Un poquito más de una pedagogía más experimental”.
¿Por qué Vietnam? ¿qué encontraste allí para convertirlo en tu hogar durante seis años?
“Aunque ame a mi tierra y a mi Andalucía. Yo soy una persona que ha estado muy cómodo fuera de mi casa, siempre me ha gustado salir. Mi felicidad cómo persona está en viajar, en descubrir lo nuevo, en abrir la mente. Cuando acabé la carrera me fui a Estados Unidos a enseñar español y ahí me enamoré un poco de eso. Entonces me fui a Bangkok, como profesor más privado, y allí me empezó a gustar el sureste asiático. Y en un viaje, me comentó que si era profesor, me gustaba esta parte de Ásia y quería buenas condiciones, Vietnam era un buen sitio. Al principio Hanoi fue complicado, porque la diferencia cultural es fuerte, pero cuando encontré este trabajo por mi cuenta fue mejor y ya llevo seis años.”
¿Qué es lo más valioso que te han enseñado los niños durante estos años?
“Pues yo creo que con lo que me quedo de enseñar en diferentes países es darte cuenta de que los niños son niños, y son iguales en el mundo entero. Independientemente de donde sea ellos son pureza, verdad, inocencia, no juzgan y no tienen ego y eso es bonito verlo.”.
¿Quién cuida más de quien, tú de tus alumnos o tus alumnos de ti?
“Obviamente los niños me ayudan mucho a mí. Lo mío es un trabajo, que hay que hacerlo de forma profesional. La diferencia es que yo lo hago de manera intencionada, con una planificación y ellos lo hacer de forma natural. Que, en mis días malos, venga un niño y te diga 'gracias' o 'te quiero', es algo que no se puede explicar”.
Mas allá de los libros y el temario, ¿qué te gustaría enseñarles a los niños?
“Lo que me gustaría enseñarles es que no juzguen, que abran la mente y los ojos, lo que ven no es el mundo de verdad es el que tú has creado. No existe una sola verdad, no hay una sola manera de hacer las cosas. Y esto es lo bueno de un profesor extranjero, que tenemos otra mentalidad, otra forma de ver las cosas, ni mejor ni peor, pero diferente. Esto es la diferente que hace que los niños tengan un pensamiento divergente para todo en la vida.”
Siento orgullo de decirles que soy andaluz
¿En qué momento David Jiménez, un profesor de inglés malagueño en Vietnam, decide enseñar andaluz a través de las redes sociales?
“Yo empecé a hacer vídeos hace nueve o diez meses y cuando uno vive en otra cultura es muy bonito ver cómo los niños se dan cuenta de esas diferencias culturales. Al principio ellos no se dan cuenta, pero cuando van creciendo ya notan esa diversidad física, al hablar, la forma de ser. Antes de los vídeos yo les decía que decía hello, mientras que ellos dices xin chao, en China xin chào, en China se dice nǐ hǎo y en Tailandia sawadee ka. Y claro, yo digo hola, pero es que también digo “illo” y de ahí viene la idea, de esas diferencias culturales, de los diferentes países, formas de hablar, comidas y formas de ser feliz. Y mi primer vídeo surge del pensamiento de que no soy inglés, ni australiano, ni americano, soy español y andaluz. Quería que los niños conocieran esta forma de hablar tan bonita, que la llevo con mucho orgullo.”.
Cuando hablas de Andalucía a tus alumnos, ¿qué es lo que más te emociona transmitirles?
“Siento orgullo de decirles que soy andaluz. Me crie en un lugar donde se canta, donde se baila, donde la gente se ríe y donde siempre hay ganas de compartir. Muchas veces les digo que, si su profesor es así, es porque viene de allí. Lo digo con orgullo.”
¿Crees que tu manera de enseñar puede inspirar una nueva forma de acercar el español y la cultura andaluza a estudiantes de otros países?
"No me considero tan importante para crear un movimiento, aunque empiezo a darme cuenta del alcance que pueden tener las redes. Lo que sí tengo claro es que de lo nuestro sin dejar de abrirnos a los demás. Igual que los demás reciben mi andaluz con cariño, yo intento abrazar también su cultura, su idioma y su forma de ver el mundo. La vida no es solo dar; también hay que saber recibir.”
¿Qué tiene más valor para ti: millones de visualizaciones o el abrazo de un alumno?
“Inspirar a otras personas es bonitos porque detrás de una inspiración hay muchas historias. Pero, siendo egoísta, un abrazo de un niño de mi clase no tiene precio. No hay números, visualizaciones ni estadísticas con algo tan verdadera y puro.”
¿Cómo has vivido la popularidad que te han dado las redes sociales y el cariño que recibes cuando vuelves a Málaga?
“Intento llevarlo con naturalidad. Lo extraño es que la es que la gente me conoce a mí, pero yo no los conozco a ellos. Aun así, procuro ser el mismo de siempre. Me gusta preguntar, escuchar y conocer a la otra persona. No me gusta que me siente con alguien y sea hablar de mí. Creo que tengo empatía y me siento orgulloso de seguir siendo cercano, natural y normal”.

David Jiménez, en las oficinas de La Opinión de Málaga / Álex Zea
¿Cómo vive tu familia todo lo que está ocurriendo?
“Mi madre, mi hermana y mi abuelo están orgullos, no se creen lo que ha pasado. Cuando empecé a hacer vídeos jamás imaginamos que esto llegaría tan lejos. Para ellos sigue siendo algo increíble.”
¿Qué es lo más difícil de despedirse de una clase después de compartir tres años de vida con esos niños?
“Es duro pensar que no vas a volver a ver a esos niños cada día. En una clase se crea mucha magia, mucho cariño, muchos pequeños detalles que forman parte de tu vida. Al final es como despedirte de un grupo de amigos. Lo más bonito sería que, dentro de unos años, alguno recordara y pensara: ‘Qué bien me lo pasé con aquel profesor andaluz’. Para un profesor, quedarse en el recuerdo de un niño de una forma tan pura es de las cosas más grandes que pueden pasar.”
Cuando mires atrás dentro de unos años, ¿qué te gustaría recordar de esta etapa?
“Recordaré el orgullo de haber dado el cien por cien. Cuando veo los vídeos meses después, me doy cuenta de todo lo que ocurrió en aquellas clases y de cómo aprendieron los niños. Si dentro de unos años una madre me escribe para decirme que su hija es bilingüe o que está trabajando en otro país, me satisfecho y pensaré que yo puse ahí mi granito de arena.”
Si pudieras sentarte hoy frente al David de ocho años que crecía en Torre del Mar, ¿qué le dirías?
“Le diría que la vida cambia. Que muchas de las cosas que hoy le preocupan dentro de unos años ni siquiera existirán. Que no deje que las inseguridades o los problemas del momento definan quién es. Si alguien me hubiera dicho de niño que acabaría viviendo en Vietnam y dando la vuelta al mundo, no me lo habría creído. La vida cambia y, muchas veces, cambia a mejor.”
Después de tantos años fuera, ¿qué es lo que más echas de menos de Andalucía?
No es solo la familia o los amigos. Echo de menos todo. El aire, los olores, los bares, las bromas, la forma de hablar, la manera de vivir. Cuando vives fuera durante años te das cuenta de que echas de menos las cosas más pequeñas.”
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