Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sanidas

Tejer para hacer más llevadero el cáncer: la iniciativa de una malagueña que lleva los ovillos y agujas a los hospitales

Tras recibir un segundo diagnóstico, Inma Molina encontró en el punto una forma de calmar la ansiedad y la incertidumbre y se propuso acercar esta práctica a las salas de espera de Oncología a través de su proyecto ‘Cáncer y Punto’

Inma Molina en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga.

Inma Molina en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga. / L.O.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

Tejer obliga a mirar de cerca. A seguir el movimiento de la hebra. A deslizar el punto de una aguja a otra. El ritmo es lento, repetitivo y casi hipnótico. Y, poco a poco, la ansiedad empieza a bajar y el ruido exterior a disiparse. Cuando Inma Molina (45 años) comenzó a hacer punto por primera vez, jamás imaginó el efecto que tendría en ella ni que sería capaz de acallar el miedo que la acompañaba desde hacía días, mientras esperaba las pruebas que debían confirmar hasta dónde había llegado el segundo cáncer de mama que acababan de diagnosticarle.

No podía dormir. No era capaz de centrarme en nada”, recuerda la malagueña. Así que una tarde decidió bajar al bazar a por un par de agujas y un ovillo de lana. Esa misma noche, siguiendo un tutorial de YouTube, comenzó a dar sus primeros puntos. Nunca antes lo había hecho.

“De repente empecé a centrarme en el punto y noté que volvía a escuchar mi propia voz. La preocupación seguía ahí, pero había pasado a un segundo plano”, cuenta. Aquella noche, sin saberlo aún, nacía ‘Cáncer y Punto’, una iniciativa que busca llevar las agujas y lanas a las salas de espera y tratamiento de los hospitales para hacer más llevaderas las horas a los pacientes y acompañantes.

Un ovillo frente al miedo y la incertidumbre

Sin embargo, la semilla del proyecto se había plantado semanas atrás. El 26 de diciembre de 2025, en la sala de espera del Hospital de Día Oncohematológico del Virgen de la Victoria de Málaga, Inma vio a una mujer tejiendo. Fue minutos antes de que su oncóloga le dijera preocupada: “Inmaculada este bulto hay que biopsarlo ya”. Frente al ruido de las conversaciones, los teléfonos móviles y los avisos de las pantallas, quedó fascinada con aquella mujer que parecía permanecer tranquila y concentrada en su labor y que tanta paz le transmitía.

Inma Molina, creadora del proyecto ‘Cáncer y Punto’

Inma Molina, creadora del proyecto ‘Cáncer y Punto’ / L.O.

“Pensé: qué buena idea”. La imagen se quedó con ella y, días después, mientras esperaba los resultados de las pruebas de imagen y era incapaz de calmar los nervios, volvió a recordarla y decidió imitarla.

Un segundo diagnóstico de cáncer de mama

No era la primera vez que atravesaba ese camino. En marzo de 2023 le habían diagnosticado un primer cáncer de mama tras notarse un bulto en la ducha. Respondió bien a la quimioterapia y logró una respuesta completa al tratamiento. Dos años después, una inflamación en el pecho terminó conduciendo a un nuevo diagnóstico.

Recibir de nuevo la noticia fue un auténtico mazazo. Tuvo que volver a enfrentarse a la quimioterapia y, esta vez, a una mastectomía. Ahora continúa con tratamiento hormonal, pero comparte que ha vuelto a tener una respuesta completa. En medio de ese recorrido, tejer se convirtió en su mejor aliado. “Fue a lo que yo me aferré para poder transitar otra vez por la quimioterapia, la incertidumbre y todo el proceso del cáncer”.

Ofrecer lana y agujas en las salas de espera: la idea de Inma Molina

Tras comprobar lo mucho que le había ayudado, decidió comentárselo a su oncóloga, Bella Pajares. La propuesta era sencilla: ¿por qué no ofrecer lana y agujas en las salas de espera del mismo modo que se ofrecen libros? Fue ella quien le puso en contacto con la Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer (FMAEC), con la que está gestionando la iniciativa.

Inma Molina en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga

Inma Molina en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga / L.O.

En febrero decidió abrirse un perfil de Instagram (@cancerypunto) con la intención inicial de compartir su experiencia atravesando su segundo cáncer mientras se iniciaba en el punto. Sin embargo, un amigo le animó a subir un vídeo explicando su idea de acercar los ovillos y las agujas a las salas de espera de los hospitales. La respuesta fue abrumadora. Recibió más de mil comentarios y cientos de mensajes de personas que le preguntaban cómo podían ayudar y que le relataban cómo tejer les había acompañado también durante una enfermedad, una depresión o el cuidado de un familiar.

‘Cáncer y Punto’ reúne más de 4.000 seguidores en Instagram

“Lo que más me impresionó fue que me dijeron que el punto funcionaba. Yo sabía que para mí era terapéutico, pero me alegró confirmar que era algo compartido”, cuenta la malagueña, que actualmente reúne a una comunidad de más de 4.000 seguidores.

Pero, además de los mensajes, comenzaron a llegar las primeras donaciones. El primer paquete vino desde Sevilla de parte de una mujer llamada Rocío, que le envió varios ovillos de lanas. También le llegaron agujas y materiales cedidos por otras personas y firmas de lana. “Cuando me vi con todo ello, me dije: ‘Esto tengo que entregarlo’”. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea preparar pequeños kits para animar a los pacientes y acompañantes a iniciarse en el punto.

“Me gusta que tenga apariencia de regalo”, afirma. Cada uno de los sobres incluye un ovillo, agujas cortas o circulares —o material de crochet—, un patrón sencillo, un código QR que conduce a tutoriales para quienes quieran iniciarse y una carta. ‘Querido paciente o acompañante, espero que estas agujas y ovillos te proporcionen paz dentro del entorno hospitalario’, comienza.

Ovillos, agujas y una carta: Qué hay en los sobres qué Inma Molina dona a los hospitales

Los primeros los fue entregando a título personal durante su propio tratamiento. Se los daba a las personas que tenía al lado, a las enfermeras o los dejaba en la sala de espera. Recuerda perfectamente la primera persona a la que decidió regalarle uno. Era una mujer a la que vio especialmente preocupada en la sala de espera. Los sobres que llevaba ese día eran para los enfermeros, pero, al verla, supo que ella podía necesitarlo.

Inma Molina hace punto en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga

Inma Molina hace punto en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico de Málaga / L.O.

“Nos emocionamos las dos”, recuerda. Asegura que cada vez que entrega un sobre es un momento “muy especial”. El pasado 12 de junio, con motivo del Día Mundial de Tejer en Público, preparó cerca de 40 sobres y junto a voluntarias como Toñi Martín, comenzaron a repartirlos en la puerta del Hospital de Día del Clínico.

Dónde donar ovillos de lana y agujas

Inma asume los gastos de papelería y preparación de los paquetes, mientras que las lanas, agujas y demás materiales proceden de donaciones. Las personas que quieran colaborar pueden entregarlos en la sede de FMAEC, ubicada en la calle Bolivia, 63.

El proyecto ya ha llegado al Hospital Universitario Costa del Sol y al Hospital Clínico, donde en septiembre esperan poder comenzar a organizar algunas sesiones de formación de la mano de las voluntarias. Ella misma, confiesa, aún está aprendiendo. “Ahora he empezado con el del revés”. El proyecto ha crecido tan rápido que apenas ha tenido casi tiempo. “Mi quimio pasó volando gestionando las redes, montando kits de labores y conociendo a muchas personas”, destaca la profesora de secundaria y madre de dos niños pequeños.

Los beneficios terapéuticos del punto

En su caso, había intentado recurrir antes a la lectura durante las esperas, pero no conseguía concentrarse. “Leer requiere que estés tranquila porque, si no, conforme vas leyendo, tu pensamiento se va metiendo en la lectura sin que te des cuenta. Pero con el punto no. Vas tejiendo y te vas calmando”, explica.

Aquella primera noche que comenzó a tejer apareció, además, una sensación que no esperaba. “Mientras tejía me sentí acompañada por una especie de cariño remoto que me conectaba con generaciones de tejedoras antiguas, con su tradición y rito”, describe la profesora apasionada por la historia.

Por eso, a quien acaba de recibir un diagnóstico difícil no le recomienda necesariamente que aprenda a tejer, sino que encuentre algo nuevo a lo que agarrarse. “Una afición, aprender algo. Tener la mente ocupada ayuda”.

Su aspiración es que algún día tejer en los hospitales deje de resultar extraño. Que junto a los libros de una sala de espera sea también habitual encontrar ovillos y agujas para quien quiera cogerlos. “Mi intención es que los hospitales, igual que ponen libros, se preocupen por tener un surtido de lanas y agujas”.

Para ella, el punto ha sido “un salvavidas” al que aferrarse durante este segundo cáncer. Y por eso todavía piensa en aquella desconocida que vio en la sala de espera como “una especie de ángel”, que no se podía imaginar lo que estaba desencadenando con un gesto tan cotidiano como sacar unas agujas y comenzar a tejer.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents