Mirando atrás
Viaje al pasado: cuando los barcos zarpaban de la plaza del Siglo de Málaga
El arqueólogo malagueño Eduardo García Alfonso desvela los posibles puertos naturales, y las antiguas playas de Málaga desde los fenicios hasta Bizancio, en una ciudad que no dejó de crecer durante siglos, gracias a los aportes fluviales y las corrientes marinas.

Eduardo García Alfonso, en el Museo de Málaga esta semana, con un amarre para barcos localizado en calle Camas, el puerto del siglo III d.C. / A.V.
La Malaka fundada por los fenicios en torno al 650 a.C., tras la marcha del Cerro del Villar en el Guadalhorce, era apenas una corta península, un promontorio de unos doce metros de altura que partía de la colina de la Alcazaba para avanzar en medio de las aguas hasta donde hoy se encuentra la Catedral.

La entrada a la Catedral por la Puerta de las Cadenas ya evidencia el ascenso al promontorio donde se levantó la Malaka fenicia. / CARLOS CRIADO
De hecho, cuenta el arqueólogo malagueño Eduardo García Alfonso, si la iglesia del Sagrario tiene hoy grietas en la parte que da a la calle Santa María, es «porque se está cayendo la zona que no es roca firme, sino relleno; lo que está sobre roca no se está cayendo».
Este experto en el periodo fenicio, con numerosos libros y trabajos a sus espaldas, y uno de los descubridores de la Tumba del Guerrero de calle Jinetes, también es autor de un fascinante trabajo sobre los fondeaderos fenicios de la Bahía de Málaga y su evolución.

Evolución de la costa de Málaga capital desde los fenicios a los bizantinos y la época emiral. / Eduardo García Alfonso /G.M.
"El borde sur de la Catedral era un acantilado"
El trabajo le ha permitido elaborar un plano del Centro Histórico, con una propuesta de la evolución de la costa de Málaga. Una costa que, en tiempos fenicios, mostraría «acantilados que se iniciarían en la actual Cortina del Muelle, continuando por la ladera sur de la Alcazaba, y elevándose notablemente su altura en Gibralfaro y el Monte Sancha», puede leerse en este trabajo.
«El borde sur de la Catedral era un acantilado», apunta, y recuerda que todavía se nota el «desnivel» de la calle Postigo de los Abades, aunque no el de la «topografía original: la Málaga antigua era mucho más escarpada; tú cuando vas por Postigo de los Abades estás pisando la rasante del siglo IV después de Cristo», explica.

Eduardo García Alfonso, en calle Granada, que sigue el cauce primitivo del arroyo del Calvario. / A.V.
Y al norte, la Malaka fenicia tendría de vecina las aguas del arroyo del Calvario que bajaba por calle Victoria, y tras la plaza de la Merced, enfilaba calle Granada que tiene esa trama sinuosa porque era su cauce. Esta vaguada, por cierto, se usó durante siglos de basurero «y no se rellenó hasta la época califal», explica.
Pero, ¿dónde se encontraba el puerto fenicio? Eduardo García Alfonso descarta esa orilla escoltada por acantilados, por el escaso abrigo que ofrecían y se decanta por la desembocadura del arroyo del Calvario en el estuario del Guadalmedina, un río natural, sin canalizaciones, que tenía muchos meandros, hoy incorporados a la trama urbana.

Eduardo García Alfonso en calle Císter, 3, la posible puerta de entrada a la Malaka fenicia, asomada a la playa y al puerto. / A.V.
Una posible puerta de la Malaka fenicia asomada al puerto de la ciudad
¿En qué zona estaba el puerto? Siempre dentro de la hipótesis, pues los trabajos arqueológicos en Málaga suelen avanzar al ritmo del desarrollo inmobiliario y no de la planificación, recuerda que en el solar en forma de ele de calle Císter, 3 con calle San Agustín, 4, «apareció, posiblemente, una de las puertas de la ciudad fenicia, con una torre en la muralla».
«¿Qué sentido tiene la puerta?, pues da a hacia el puerto de la ciudad», sostiene Eduardo García Alfonso, algo que encajaría con los modelos de ciudad oriental. De hecho, muestra el suave desnivel que todavía exhibe la calle Echegaray, que estaría fuera de la ciudad amurallada, una posible playa que conduciría al puerto. «La playa antigua estaría 8 metros abajo de la rasante actual», señala.

La calle Echegaray, mantiene la pendiente junto a la península de la Malaka fenicia, que pudo deberse a una playa. / A.V.
Siguiendo esta hipótesis, el puerto de la Malaka fenicia estaría en el entorno de calle Granada con Molina Lario, la plaza del Siglo y la plaza del Carbón; «en esa zona», destaca, al tiempo que resalta que así estaría «abrigada del viento que más golpea en Málaga, el temporal de Levante».
El puerto, destaca, «se iría desplazando hacia el oeste, conforme se iba colmatando la zona». La arena aportada por ríos, arroyos y corrientes marinas hizo ese trabajo, del mismo modo que así nacieron barrios como La Malagueta en el siglo XVIII o la Alameda Principal y su urbanización.
Los puertos en tiempos de la Roma imperial
Por eso su hipótesis es que, ya en la época de la Roma altoimperial, la zona portuaria se encontraría «posiblemente» por los alrededores de la plaza de la Constitución.

El entorno de la plaza de la Constitución fue el probable puerto de la Malaca romana altoimperial. / Álex Zea
Siguiendo esta evolución, el puerto tardorromano, allá por el siglo III, se encontraría en el entorno de la calle Cama y el Pasillo de Santa Isabel. En esa época, la línea de la costa habría bajado hasta la calle Especería-Cisneros, «y fíjate que la factoría de salazones que hay en el Museo Carmen Thyssen estaría muy cerca de la orilla», subraya.
De la zona portuaria de calle Camas, el Museo de Málaga conserva objetos «caídos de los barcos», como ánforas, un ancla de hierro y un llamado ‘muerto’ para fondear, que estaba en el fondo del puerto y los barcos se amarraban a varios de ellos, explica el arqueólogo.
Los almacenes de la plaza del Obispo y la incógnita de los Jardines de la Catedral y calle Larios
En su trabajo, apunta que en esa época tardorromana y luego bizantina (siglo VI, inicios del VII), en los alrededores de ese famoso promontorio se seguiría comerciando con embarcaciones pequeñas, lo que explica una zona de almacenes en la plaza del Obispo.

Los Jardines de la Catedral, dentro de la antigua ciudad fenicia, nunca se han excavado. / A.V.
¿Queda mucho por saber? Eduardo García Alfonso resalta cómo nunca se ha excavado en calle Larios, sin olvidar que en otros puntos del Centro nunca se ha llegado a los niveles de profundidad adecuados. Además, dentro de la reducida ciudad fenicia tampoco se ha excavado jamás en los Jardines de la Catedral. La Málaga del pasado aguarda en la orilla.
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