Casa La Esperanza atiende cada día a las ‘personas invisibles’ de El Palo
En unas dependencias anexas a la Iglesia de Las Angustias, un grupo de personas voluntarias atiende cada día a los más desfavorecidos de la zona este de Málaga con el objetivo de recuperar vínculos, derechos y motivos para empezar de nuevo

Casa La Esperanza se encuentra en el anexo de la iglesia de las Angustias, en el Palo / Nacho Agote
En Casa La Esperanza todo el mundo tiene nombre. Quien cruza sus puertas encuentra un café, un zumo, una ducha, ropa limpia o un sillón para descansar y protegerse del calor o del frío, pero también algo más difícil de calibrar: alguien que está dispuesto a escuchar. En este centro anexo a la Iglesia de las Angustias de El Palo las puertas están abiertas a todas las 'personas invisibles' de la zona este de Málaga, a todos los que tienen la calle por hogar.
Este espacio lleva poco más de un año funcionando, abrió en julio de 2025, aunque la asociación que la sustenta nació en marzo de 2024. «Previamente a estas fechas ya veníamos trabajando acompañando a personas en situación de calle. La mayoría de nosotros procedemos del Retiro de Emaús y ya sentíamos que nuestra fe debía traducirse en hechos. Pasamos a Cáritas y allí descubrimos una realidad a menudo invisible: hombres y mujeres que dormían a la intemperie o pasaban el día cerca de iglesias, supermercados y plazas sin que casi nadie reparase en ellos», comenta Fernando Ortega, presidente de la asociación civil Casa La Esperanza.

En Casa La Esperanza siempre hay un pequeño tentempié con el que iniciar el día / Nacho Agote
El contacto con Gerardo Martínez, párroco de Nuestra Señora de las Angustias, y la colaboración con Amfremar, el comedor social del barrio, la Asociación de Vecinos de El Palo, particulares y entidades como Fundación Unicaja, entre otras dieron forma al proyecto. Tras un intento fallido con un primer local, se decidió aceptar la oferta de la parroquia paleña que puso a disposición varios espacios en desuso adyacentes a la iglesia del barrio: un patio, un almacén y una primera planta se transformaron en la sede actual.
Poco más de un año de actividad
Este espacio abrió el 26 de julio de 2025. Cuenta con dos aseos, dos duchas, lavandería, ropa, una zona exterior y una sala de descanso con sillones, televisión, wifi y aire acondicionado. Funciona de lunes a viernes por la mañana de 10 a 13,30 h y por la tarde de 16 a 18.00 h., aunque sus responsables quieren ampliar próximamente un par de horas más por la tarde hasta las 20.00 horas. Entre ambos turnos pasan habitualmente unas 30 personas, la mayoría de El Palo, Pedregalejo y los Baños del Carmen.

Algunos de los promotores de la Asociación con Fernando Ortega, su presidente (segundo por la izquierda). / Nacho Agote
Casa La Esperanza pretende devolver a sus visitantes el reconocimiento que la calle les arrebata: «Lo que ellos transmiten cuando hablan con nosotros es que se sienten como un banco del parque o una papelera -asegura Fernando Ortega-. Frente a esa sensación, el centro ofrece un paréntesis. Nuestro logotipo, de hecho, es un paréntesis, representa un abrazo y resume la filosofía de un lugar pensado para que vuelvan a sentirse personas», destaca.
Las necesidades básicas se atienden tras franquear la puerta de Casa La Esperanza, pero tras ese primer gesto entra de lleno el trabajo del voluntariado: una trabajadora social ayuda a recuperar documentación, acceder a la sanidad o solicitar prestaciones. También se realizan derivaciones a centros de rehabilitación y se costean algunos tratamientos porque la mayoría de los usuarios están inmersos en adicciones. Abogados, personal sanitario, un dentista, y hasta una podóloga y un peluquero trabajan colaborando, además de quienes sostienen la administración y la contabilidad de la asociación. Este recurso solidario cuenta con 50 personas voluntarias y alrededor de 145 socios. Cada perfil aporta lo que sabe hacer y el barrio deja de observar el sinhogarismo como un problema ajeno para asumirlo como una responsabilidad compartida.

Algunos personas usuarias de Casa La Esperanza / Nacho Agote
Dejarse acompañar
En su primer año de actividad, este espacio acompañó a 120 personas y contabilizó unas 5.000 intervenciones. Siete personas usuarias lograron abandonar la calle, superar sus adicciones y alrededor de una decena encontró empleo. «En la reciente visita del Papa León XIV, dijo en una de sus intervenciones -destaca Fernando Ortega- que hay que intentar tejer redes de amor, y la gente de El Palo se está dando cuenta de que aquí se están tejiendo esas redes en La Casa de la Esperanza».
La cara de Ezequiel Rivera, coordinador de la casa hogar, es la primera que ven todos los usuarios. Él les abre la puerta a las diez de la mañana: «Muchas veces das un pasito adelante y retrocedes algunos más, pero ese pasito que se da con ellos es significativo para nosotros», afirma. El acompañamiento no se limita a tramitar una ayuda. Consiste en compartir tiempo hasta que la persona pueda pedir apoyo y sostener su propia decisión de cambio. «Algunos, desgraciadamente, no van a salir de la calle ni de la adicción, pero el éxito es que te van abriendo su vida y se dejan acompañar», comenta Rivera.

La casa ofrece a los usuarios una sala donde descansar y ver un poco de televisión / Nacho Agote
Para Gerardo Martínez, párroco de la iglesia de Las Angustias, la Casa concreta la vocación social de la comunidad: «Creemos en una parroquia que es madre y, por tanto, atiende como madre a los que más sufren». El sacerdote subraya que el servicio también transforma a quienes ayudan, al obligarles a salir de su comodidad y mirar de frente situaciones límite.
La importante labor de los voluntarios
La cercanía que propone La Casa Hogar se reconoce en gestos pequeños. Mamen Pizarro, voluntaria los martes y los jueves, trabajó durante años en los servicios sociales del barrio y comenzó acompañando a personas en la calle antes de la apertura del centro. Su labor consiste en conversar, escuchar y ofrecer calor humano. Ella lo resume así: «Me aportan mucho más de lo que yo pueda aportar. Muchísimo más». Mamen recuerda la alegría de reencontrarse con un hombre que acababa de salir de prisión. Él le respondió que en El Palo se sentía especial. En esa frase cabe buena parte del trabajo de la asociación: poner nombre, historia y rostro allí donde durante demasiado tiempo solo hubo indiferencia.

La casa abre de 10 a 13.30 y de 16 a 18 horas, de lunes a viernes / Nacho Agote
Mientras los planes de futuro avanzan, el patio junto a la iglesia continúa llenándose cada mañana de conversaciones, cafés y reencuentros. No todos los procesos terminan bien ni todos los cambios son definitivos. En Casa La Esperanza han aprendido a medir el éxito de otra manera: en una documentación recuperada, un tratamiento aceptado o el instante en que alguien vuelve a pedir ayuda, aunque sea en forma de un café caliente. Fernando Ortega lo define así: «Pequeños milagros» que no siempre caben en las estadísticas, pero que explican por qué merece la pena mantener la puerta abierta.
Para más información
Dirección: Parroquia Nuestra Señora de las Angustias, C/ Villafuerte, 1, El Palo, Málaga-Este, 29017 Málaga
Horario: De lunes a viernes de 10 a 13,30 horas y de 16 a 18,00 horas
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