24 de abril de 2012
24.04.2012
Fútbol | Primera División

Literatura de Champions

El Málaga CF escribió un gran partido en el Día del Libro, pero se topó con un remate al poste de Monreal y un cabezazo al larguero de Camacho

24.04.2012 | 04:03
El zapatazo de Cazorla se cuela en la portería osasunista sin que Andrés pueda atajar el derechazo del internacional asturiano.

El destino quiso que el 23 de abril de 1616 fallecieran dos genios de la literatura mundial: Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Ayer, el mismo día pero 396 años después, el Málaga CF luchó desde el minuto uno por tratar de escribir una de las páginas más memorables de su historia, la de prácticamente asegurarse la disputa de una competición europea la próxima campaña.

El punto arrancado anoche en el Reyno de Navarra supo a poco. Porque el conjunto blanquiazul escribió más y mejor. Porque puso todo de su parte para llevarse el premio a su exquisita literatura. Porque fue capaz de sobreponerse a un gol que no merecía emborronar las páginas brillantes escritas hasta ese instante por la mayoría de los escritores albicelestes.

Manuel Pellegrini aprovechó la recuperación de uno de sus mejores guionistas, Joaquín, para situarlo como segundo delantero, por detrás de Rondón, que le dio un pase al portuense tras el pitido inicial que no debió desperdiciar. Su entrada en el once sorprendió (recién salido de su tercer percance físico del año) al estar el campo encharcado por la abundante lluvia que caía. El estado del césped obligaba a hacer un esfuerzo ímprobo, superior a otros envites ante la adversidad de un terreno al que están más acostumbrados los navarros.

Quien se encontraba «como pez en el agua» era un pamplonica como Nacho Monreal, que casi al borde del descanso empaló el balón de un zurdazo que escupió el poste defendido por Andrés Fernández.

Los malaguistas corrían más que nunca, como si se les fuera el tren de la Liga de Campeones. Pero los locales lo tenían peor, ya que se les escapaba el de la Liga Europa. Hubo fases del primer periodo que parecían de la prolongación del choque, con ambos equipos partidos en dos, como un manual hecho pedazos al caer desde una altura considerable.

Y es que el esquema táctico del entrenador malaguista, con Cazorla e Isco como extremos y Camacho reforzando la parcela defensiva de la medular junto a Maresca, parecía idónea para sembrar el desconcierto en un Atlético Osasuna que acusaba la ausencia de su mejor dibujante, el sancionado Raúl García. Además, Weligton (único superviviente del once del 3-0 de la pasada campaña) se mostraba como el mariscal que es atrás, siempre anticipándose a Lekic, mientras que Sergio Sánchez le ganaba la partida a Nino, volcado a la izquierda. Sólo Puñal puso en aprietos a Kameni, pero el camerunés se lució con un despeje espectacular.

Sin embargo, el mejor escribano echa un borrón. Y entre Monreal y Weligton, los dos mejores del partido hasta el momento, dejaron solito a Nino, que aprovechó el magnífico centro de un extraordinario Cejudo. El Málaga CF echó por tierra en una reanudación para olvidar el excelente primer cuarto de hora del partido y los diez últimos minutos de la primera mitad. El resto fue un toma y daca sin dueño del balón. Papel mojado. Pellegrini no se lo pensó. Van Nistelrooy por Rondón. Joaquín le indicaba a Camacho y a Sergio Sánchez lo que debían hacer.
El Málaga CF estaba obligado a reaccionar, a reescribir el guión para dar con la tecla. El holandés quiso ganarse la renovación con un cabezazo que rozó el palo. Seis minutos después Santi Cazorla quiso escribir con letras de oro: golazo marca de un grandísimo jugador.

Una derrota hubiera sido como sentirse un «quijote» frente a molinos de viento. El empate también se antojaba insuficiente, aunque a esas alturas la fuerza escaseaba. Eliseu por Joaquín. Tinta más rápida sobre el folio, pero Marc Bertrán se encargaba de emborronarla. Los nervios estaba a flor de piel a falta de diez minutos. Los rojillos, con Lamah y el canterano Manu Onwo, intentaban hacer trazos verticales. El Málaga CF alternaba los horizontales con los diagonales, con Cazorla apurando la escuadra y el cartabón.

El «Guaje», sin duda el mejor del encuentro, lo intentó con todos los medios a su alcance. Dibujó la trayectoria del gol que debió significar la victoria y el billete casi definitivo allende Los Pirineos. Pero el testarazo de Ignacio Camacho besó el travesaño. Empate a todas luces injusto. El Málaga CF demostró que tiene madera para jugar la Champions la próxima temporada. La obra maestra debe culminarse en tres semanas.

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