02 de febrero de 2019
02.02.2019
Liga 123. La crónica
Málaga11Almería

Desconexión y patinazo

El Málaga CF desaparece los últimos 15 minutos del choque y el Almería consigue el empate gracias a un tanto de Luis Rioja - Adrián abrió el marcador con un buen gol a los 12 minutos, pero los de Muñiz no supieron matar el partido

02.02.2019 | 00:20
Desconexión y patinazo
El gol de Rioja en la prolongación dejó más helada La Rosaleda de lo que estaba.
Desconexión y patinazo

Tarde o temprano tenía que llegar ese día en el que todo se fuera al traste en un suspiro, en el que la moneda cayera cruz o que el alambre se rompiera. Es lo que tiene jugar con fuego, que al final más de una vez te quemas. Y este Málaga CF, que ya ha recibido algunos guantazos de similar calibre en lo que va de curso, era de esperar que sufriera alguno que otro en casa, con su gente y donde parecía invulnerable. Lo más curioso es que el empate-con-cara-de-tonto llegó en el partido que menos hacía presagiar que podía pasar. Pero unos últimos 15 minutos de desconexión blanquiazul y de bloqueo mental acabaron con el gol de Luis Rioja en el 90', después de varios avisos serios que hacían presagiar el destino final. Al limbo se van otros dos puntos que duelen como si un carterista te quita el móvil en plena Calle Larios. Sin duda, un desenlace puñetero que fastidiará más con el transcurso de la jornada.

Este Málaga CF, acostumbrado a moverse con cierta maestría con el resultado a favor y que ha conseguido 9 de sus 13 victorias por la mínima, fue ayer un pipiolo de manual. Un novato que no supo administrar su renta y que se achicó tanto que no supo ni donde estaba. Un pagafantas que puso el fútbol y las ocasiones, pero no se llevó todo el premio. Con el «se veía venir» de la grada se clausuró un partido para el olvido que no sirve de mucho ni de poco. Y es que hay que comenzar a sumar de tres en tres si el Málaga quiere ascender. Al menos en La Rosaleda, donde los triunfos deben ser innegociables. A lo mejor eso no lo ha entendido más de uno, porque anoche, después de un inicio dinámico y esperanzador, con el viento a favor tras el golazo de Adrián y con ocasiones claras para poner tierra de por medio, de repente el equipo entero hizo la táctica del avestruz, que no es otra que meter la cabeza en la tierra y dejar pasar los minutos. Se echó a dormir como si el partido fuera 3 o 4 a 0. Inexplicable.

Esa desconexión coincidió con el inicio del carrusel de cambios malaguistas, que evidentemente no mejoró ni un ápice al Málaga que ganaba y maniataba a Almería y que tenía controlado el partido, que no el marcador. El equipo rojiblanco pareció menos equipo cuando el Málaga fue el Málaga, pero sin embargo creció como si fuera la Holanda de Cruyff con su fútbol total cuando el equipo de Muñiz decidió inmolarse públicamente.

Dicho acto de autodestrucción fue presagiado por todos y cada uno de los asistentes en La Rosaleda. Hasta Muñiz se dio cuenta de que el Málaga estaba más cerca de empatar que de ganar pese a ir con un tanto a favor. El asturiano metió a desconocido Ontiveros por un gran Renato. Intentó sacar a su equipo del letargo con la entrada de Seleznov para buscar más ataque. Pero ni por esas, porque para entonces el Málaga era ya un trapo en manos del Almería, que entraba por una y otra banda, ganaba todos los balones divididos, remataba todos los centros y se paseaba a placer.

Demirovic, Corpas y Chema volvieron loca a la zaga blanquiazul. Y tras varias ocasiones claras, el gol de Luis Rioja -con cierta fortuna también, para más inri- acabó subiendo al marcador para desazón malaguista.

De nada sirvió el tiro a la cruceta de Renato en una falta en la frontal en la primera mitad. Ni tampoco el mano a mano que Keidi marró en el inicio de la segunda. Ni siquiera el casi gol de Seleznov en su primera ocasión como malaguista tras tres partidos. Eso fueron olas en el mar que se acabaron perdiendo en el recuerdo del partido. Los goles, los puntos y la batalla por ascender es lo que cuenta. Y ayer el Málaga CF pinchó.

Una llamada a navegantes que vuelve a dejar tocada la autoestima y la confianza malaguista, como el día de Reus. Esos fallos te hacen vulnerable y te hacen dudar. Esperemos que sea el último.

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