Los partidos en La Rosaleda han tomado un preocupante tinte de «día de la marmota» en el que parece imposible que los tres puntos se queden en Martiricos. El estadio malacitano consiguió, además, revivir a un Real Zaragoza que en toda la temporada solo había logrado antes una victoria a domicilio y por alineación indebida del rival, el Alcorcón. Y sí, al Málaga le queda margen para lograr su objetivo, pero hay mucho que analizar y que cambiar.

Bajo los cánticos con los que la afición malaguista arropó a los suyos en el último Málaga CF- Real Zaragoza, el partido previo a la tormenta provocada por el coronavirus, arrancó el encuentro en el césped de Martiricos. Los locales saltaron al terreno de juego concentrados en mantener una racha positiva tras la última victoria, mientras que los maños, también en buena dinámica, necesitaban puntuar para salir de los puestos de descenso en los que llevan meses inmersos. 

Desde los primeros instantes del choque, el conjunto de Juan Ignacio Martínez dejó muy claro que iban a pelear por llevarse la victoria. Avisó en varias ocasiones el equipo maño y al cumplirse el minuto 10 de juego, una acción individual de Narváez se convirtió en el primer gol del encuentro, firmado por James Igbekeme en el que intervino también Alexander González. Un mazazo tempranero para los blanquiazules, con tiempo aún pero obligados a la reacción.

El Zaragoza, con el viento de cara, tenía el balón, el control y era capaz de generar más peligro que los blanquiazules. El bloque defensivo malaguista hacía aguas, prueba de ello fue la acción entre Eguaras y Narváez, donde el primero regaló un pase filtrado al segundo, llegó solo a la zona malaguista pero erró el disparo final en el tú a tú con Juan Soriano. 

A partir de la media hora de juego, los hombres de Pellicer comenzaron a despertar, a entrar en el partido con algo más de hambre y pegada. Primero, Alexander González sorprendió a la zaga de Juan Ignacio Martínez y desde al área pequeña envió el esférico al borde del palo izquierdo. Poco después, Caye Quintana -asistido por Ismael Casas, remató de cabeza desde el punto de penalti, aunque Álvaro Ratón salvó milagrosamente. El guardameta del Real Zaragoza tuvo trabajo solo unos instantes después cuando la internada malaguista llegó hasta el área pequeña y Yanis estuvo a punto de anotar. Otra vez, Ratón echó por tierra los intentos blanquiazules.

Y justo cuando mejor estaba en Málaga, cuando más desaparecido parecía el club aragonés, otro varapalo para los de Pellicer. En una acción estática, Bermejo lanzó una falta que recogió Vigaray para anotar de cabeza. Así concluyó la primera mitad, con un Málaga CF mejorado pero con un jarro de agua fría. Las estadísticas zaragocistas en la primera mitad fueron parecidos a los de la última victoria blanquiazul, pobre pero eficiente: tres tiros a puerta, dos goles. 

Para la segunda mitad, Pellicer movió ficha, sentó a Alexander y Cristo para dar minutos a Joaquín y Matos para dar un nuevo giro al equipo, pero la puesta en escena en el verde de Martiricos no experimentó un gran cambio. Siguió haciéndose cuesta arriba la creación de peligro y, en un par de jugadas, el Real Zaragoza lograba llegar al campo malacitano sin mucha oposición local.

Pasaban los minutos y el partido, para el conjunto malacitano, se convertía en un quiero y no puedo constante. Además, el poder ofensivo seguía brillando por su ausencia. Era difícil de explicar el encuentro que estaban culminando los jugadores de última línea, hasta Juan Soriano protagonizó una peligrosa salida de su portería, peleó cuerpo a cuerpo con Alegría y al final tuvo que ser Ismael Casas el que despejó el disparo en largo de los de JIM. 

En el minuto 75, el Málaga tuvo una ocasión a balón parado. Lanzó Cristian la falta y trató de rematar Chavarría, sin éxito. Sin perder las ganas de luchar, en el 82 Luis Muñoz anotó un golazo por la escuadra, un derechazo fuera del área imposible de parar para Ratón, así acortaba distancias y daba emoción a los últimos minutos del encuentro.

El encuentro concluyó con la misma sensación del de aquel 8 de marzo: quizá con unos minutos más de juego, el Málaga CF al menos podría haber arañado un empate para amortiguar el golpe de seguir siendo incapaz de ganar en casa. Otro partido amargo que invita a la reflexión, porque el equipo debe y puede dar mucho más de sí.