Nadie mejor que Pellicer, su cuerpo técnico y sus jugadores sabe lo importante que era esta victoria en casa. Sí, la afición también echaba de menos poder celebrar -y de qué manera se puede celebrar-, pero estos tres puntos pueden suponer el ansiado punto de inflexión, la esperada base sobre la que afianzar cuanto antes el objetivo de la permanencia. Málaga como club y Málaga ciudad empezarán la semana con una sonrisa difícil de disimular.

El encuentro no pudo empezar mejor para los hombres de Sergio Pellicer. Conocedor de la gran necesidad de lograr un buen resultado en casa, el Málaga salió rápido, enchufado y aprovechó el primer acercamiento que tuvo a la meta visitante. Rahmani sacó el balón desde el córner y, con gran parte de los jugadores metidos en el área pequeña, Joaquín llegó desde la frontal lanzó un derechazo imparable para firmar el 1-0 en el minuto tres de partido. Un inicio soñado para los blanquiazules.

Pero el Rayo Vallecano no iba a ser presa fácil y después de ese mazazo salió a buscar el empate para volver a equilibrar el marcador. Desde la banda derecha, el equipo de la franja roja encadenó dos ocasiones consecutivas en poco más de un minuto, ambas con los mismos protagonistas: Álvaro García y Dani Barrio. El rayista retó en dos ocasiones al guardameta blanquiazul, que solventó con contundencia las dos acciones y evitó que los de Iraola recortasen distancias.

 El Málaga no se rendía ni se conformaba con el 1-0, sobre todo sabiendo del potencial del equipo madrileño. Con este ímpetu, Luis Muñoz recuperó el balón en la medular y galopó hasta el área rival, dejando atrás a los defensas del Rayo, encaró a Luca Zidane con un zurdazo que acabó frenando el portero rival. Los de Pellicer, crecidos en el verde, no dejaban de crear ocasiones. Chavarría tuvo una, rematando de cabeza, pero Luca la atajó.

Luis Muñoz regresaba con un hambre descomunal y, después de la infructífera carrera, pudo desquitarse con una jugada providencial. Desde la banda derecha, Ismael Casas dejó un centro exquisito que el capitán de Nueva Málaga recogió y, con una volea directa a la escuadra, puso el 2-0 en el marcador antes de que se cumpliese la media hora de juego. 

Además de la efectividad en ataque, Mejías, Escassi, Juande y el resto de jugadores defensivos conseguían con éxito anular los intentos del Rayo, muchos protagonizados por el canterano malagueño Antoñín Cortés, ahora en la disciplina madrileña. Además, Joaquín y Rahmani se convirtieron en todocampistas, colaborando en los movimientos a uno y otro lado del campo.

Al filo del descanso, en una acción en el centro del campo Joaquín tuvo una mala caída y tuvo que salir momentáneamente del campo, haciendo saltar las alarmas en el plantel costasoleño. Quedó en un susto. Y con el vendaval malaguista, ambos equipos se marcharon al descanso.

Para tratar de cambiar el rumbo del encuentro, Andoni Iraola dispuso un doble cambio y sentó a Antoñín, máximo anotador rayista en el presente curso con seis goles. Así, la segunda parte comenzó con más presencia madrileña en el área malaguista, pero cada acción era bloqueada por Dani Barrio o los defensores de Pellicer.

El Rayo tenía el balón, adelantaba metros, pero en ocasiones aisladas el conjunto malacitano era capaz de armar un contragolpe peligroso. Prueba de ello fue la jugada entre Luis Muñoz y Jozabed, pero el disparo del de Mairena se marchó alto.

El tiempo se iba consumiendo, pero Álvaro García no cesaba en sus intentos. Por suerte, o Dani Barrio o su mala puntería echaban por tierra sus opciones. 

El despliegue físico y de presión del Málaga no se difuminó en el tramo final del encuentro. Así, el argentino Pablo Chavarría estuvo a punto de cerrar el encuentro con el 3-0. Recibió en el centro del campo y se quitó de encima a dos jugadores del Rayo aunque que quedó sin ángulo para rematar ante Luca Zidane. También Chavarría, minutos después, pudo sentenciar aprovechando un balón que se quedó colgado frente a la meta de Luca. 

Muy cerca estuvo el tercero del Málaga, cuando Advíncula evitó que Caye pusiese el broche de oro al encuentro. Y cuando el Rayo lo intentaba, Barrio sacaba una y otra vez sus providenciales manos. 

Al fin, tres puntos de recompensa al gran trabajo de los blanquiazules. Sumar y ahora a seguir.