El fútbol te muestra su cara y su cruz en poco tiempo. Si en Alcorcón el Málaga celebró una victoria con un solo tiro a puerta, en Anduva se cambiaros los papeles. Un gran equipo blanquiazul no fue suficiente para sumar ante el Mirandés que, con una ocasión y un gol, se llevó la victoria.

Con atrevimiento y descaro salió el Málaga CF al césped de Miranda de Ebro. Respaldado por el trabajo bien hecho en días anteriores, el conjunto de Pellicer quiso dominar el encuentro con concentración, presión alta y buen ritmo de recuperaciones. Las primeras ocasiones de gol para el Málaga no tardaron en llegar. En el minuto 10, Luis Muñoz a pase de Chavarría lanzó un derechazo que acabó fuera de la portería rival, pero pocos segundos después insistió Yanis orientado por la izquierda, también sin éxito. Así, el asedio malacitano siguió extendiéndose en Anduva y los principales actores del ataque blanquiazul no dejaron de probar suerte. Con la derecha, Chavarría retó al guardameta Lizoain pero el balón se fue desviado. Acto seguido, Joaquín Muñoz asistido por Yanis encaró la portería rival desde fuera del área, con el mismo resultado que los intentos previos. 

Al Mirandés no le quedaba mucho más que replegarse, cerrar líneas y compactarse para disminuir la peligrosidad de los de Martiricos. Y concentrados en fase defensiva, pocas fueron las llegadas de los de Miranda de Ebro al área de Dani Barrio, que en la primera parte se convirtió en un espectador más. 

La puesta en escena del Málaga CF se mantenía igual, con los jugadores de ataque concentrados en buscar el primer tanto. Falló Luis Muñoz un tiro con la diestra, paró Lizoain un remate con la cabeza de Chavarría y el posterior rechace de Yanis.

En cambio, al filo del descanso, Pablo Chavarría protagonizó el susto del partido. En una lucha aérea con Berrocal, ambos jugadores cayeron y ya en el suelo, los tacos de la bota del miembro del Mirandés impactó en la cabeza del delantero argentino. Todo quedó en eso, un susto, pero los últimos compases de la primera mitad el Málaga estuvo con diez. Y de esta manera, los jugadores se marcharon a vestuarios, con empate a cero en el marcador, un resultado que no reflejaba la cantidad de ocasiones del Málaga, fruto de su buen juego.

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La segunda parte en Anduva arrancó con la misma tónica de los 45 primeros minutos: con pegada malaguista. En la medular, Jozabed filtró un balón que recibió Chavarría, el argentino recorrió todo el campo rival y justo en el área, mientras remataba, fue empujado sin que el colegiado señalase nada.

Con el correr del crono, las fuerzas en la plantilla costasoleña empezaban a flaquear. La mala suerte volvió a cebarse con Pablo Chavarría, claro objetivo a derribar para el Mirandés, una y otra vez golpeado por los defensores rivales. Después de tantas y tantas entradas, el atacante del Málaga tuvo que ser sustituido y salió cojeando del terreno de juego. Misma -poca- fortuna tuvo Luis Muñoz solo unos minutos después. Tras una falta de Álex López, el de Nueva Málaga también tuvo que ser sustituido, las molestias no le iban a dejar seguir el partido con normalidad y con la intensidad que necesitaba el conjunto de Pellicer.

Aunque con menor ahínco, el Málaga siguió acechando la portería del Mirandés. Primero Juande quiso rematar de cabeza y poco después Yanis, a colación de un córner lanzado por Alexander González, perdonó por enésima vez. 

Y de tanto perdonar... Vivian colocó el 1-0 en el minuto 75, logrando convertir en gol la única ocasión clara que tuvo. Además, el gol llegó tras una falta que acabó botando Víctor Gómez. Otra vez recibiendo desde el balón parado, la gran asignatura pendiente del Málaga CF en este curso. Y así de caros se pagan los errores en Segunda División: un único despiste en defensa, un gol en contra. La posición de los jugadores no fue clara, de hecho la primera acción de Vicandi Garrido fue anular el tanto pero después de la revisión del VAR, el gol subió al marcador.

Lesionados, ocasiones estériles y un gol en contra, todo se le puso cuesta arriba al Málaga y en los minutos finales no logró arañar ni siquiera el empate después de haber hecho un buen trabajo. Un doble palo por no materializar las jugadas y por perder la ocasión de enganchar una buena racha con la que amarrar el objetivo de la temporada cuanto antes.