A estas alturas de la temporada cualquier malaguista es consciente del mérito que hay tras la labor de Sergio Pellicer y su cuerpo técnico al dirigir a una plantilla tan corta y con el presupuesto más bajo de toda LaLiga SmartBank. Este duro trabajo se refleja en la brillante temporada que está firmando el equipo a pesar de las piedras que se encuentra por el camino, y que le lleva a estar muy cerca de la salvación a falta de nueve jornadas de Liga.

Los malabares que realiza el míster cada semana a la hora de cerrar las convocatorias y formar los onces iniciales son dignos de estudio, y eso es algo que se refleja también en las estadísticas. El Málaga es el segundo equipo de la categoría que más jugadores ha empleado en lo que llevamos de temporada, solo por detrás del Cartagena. En total, el técnico blanquiazul ha precisado de los servicios de 34 jugadores. Este número quizá no sería tan significativo si no tuviéramos en cuenta que la plantilla actual cuenta tan solo con 18 fichas profesionales, debido al límite salarial impuesto por LaLiga.

Con un plantel de jugadores tan reducido, y sabiendo que ninguno puede disputar todos los encuentros de una temporada al máximo rendimiento, es evidente que Pellicer ha tenido que hacer milagros en más de una ocasión para no incurrir en alineaciones indebidas que acaben en sanciones para el club. Teniendo en cuenta la máxima de que debe haber en todo momento siete profesionales sobre el césped, el entrenador malaguista ha echado mano en numerosas ocasiones de jugadores de La Academia para sortear los huecos que causan las lesiones y sanciones.

El motivo principal de este baile de rotaciones no es otro que el cansancio físico de una plantilla limitada y las lesiones, que no son pocas. La enfermería malaguista ha estado bastante ocupada durante la temporada, en la mayoría de ocasiones por futbolistas que han estado algún partido de baja por problemas musculares. La explicación para esta difícil situación es bastante obvia: contar con pocos jugadores en una campaña tan larga como es la Segunda División, y más comprimida de lo habitual debido a la pandemia, que obligó a comenzar el presente curso en septiembre en vez de agosto pero con la intención de cerrarlo en mayo, como es habitual.

Aunque la mayoría de las bajas han sido breves, hay dos de larga duración que obligaron a Manolo Gaspar a buscar sustitutos. Las ausencias de Iván Calero y Pablo Chavarría, fundamentales en el equipo, propiciaron la llegada de Alexander González y Stefan Scepovic, jugadores que engrosan la lista de efectivos empleados por Pellicer.

En todo este rompecabezas de convocatorias y alineaciones hay una pieza fundamental mencionada anteriormente: la cantera. Numerosos jóvenes de La Academia se han puesto al servicio del primer equipo para cubrir las bajas y ayudar en las rotaciones, lo que pone en valor la importancia de la juventud para el futuro próximo del club de Martiricos.

A pesar de los problemas físicos y del desgaste tras tantas jornadas, el rendimiento de la plantilla ha sido mucho mayor del esperado. El Málaga ya cuenta con 45 puntos, cerca de los 50 que garantizan de forma virtual la permanencia. Una situación bastante cómoda y más teniendo en cuenta que aún quedan nueve jornadas por disputar, lo que augura que si el equipo hace los deberes pronto, el malaguismo podría gozar de uno de los finales de temporada más tranquilos de los últimos años.

Todavía queda tela que cortar, ya que el objetivo primordial no se ha conseguido, pero este Málaga ilusiona y aleja los fantasmas del pasado. La gran labor del equipo es innegable, y solo queda confiar en que se consiga cerrar esta temporada con un final feliz y lleno de esperanza para el futuro.