El regreso de las aficiones a los estadios de Primera y Segunda División es uno de los temas más candentes en las últimas horas. LaLiga tiene diseñado un exigente protocolo para garantizar la seguridad frente al coronavirus y que así pudiera volver el público a las gradas de forma inminente, sin embargo, el Gobierno, por recomendación de las autoridades sanitarias, ha vuelto a frenar las intenciones del organismo dirigido por Javier Tebas.

Cuando ya parecía que en pocos días los aficionados del Málaga y del resto de clubes del fútbol profesional español volverían a disfrutar del juego desde sus asientos en los campos, ahora la sensación es que es más que posible que haya que esperar a la próxima temporada para verlo, sobre todo tras escuchar las últimas declaraciones de José Manuel Rodríguez Uribes, ministro del Cultura y Deporte.

El club blanquiazul, por su parte, era partidario de este retorno para este tramo final de campaña y estaba a la espera de conocer los detalles del protocolo diseñado por LaLiga. En la entidad entienden que la vuelta de la afición para dos o tres partidos a lo largo del mes de mayo puede ser una buena prueba para lo que puede ser algo habitual en los primeros meses de la campaña 2021/22. Y además sería dar a los aficionados, con las medidas adecuadas, un premio tras más de un año sin poder pisar La Rosaleda.

Sin embargo, pese a lo que se pueda pensar, el factor económico no es uno de los motivos por los que el club de Martiricos tiene una visión favorable de la presencia inmediata de hinchas en las gradas. Al contrario. El regreso de los seguidores en las condiciones que se plantean en estos momentos no dejaría ningún rédito económico para las arcas de Martiricos.

En el club malagueño entienden que el coste del dispositivo que habría que preparar para un partido de estas características se «comería» los ingresos que se producirían por la venta de entradas a un número tan reducido de aficionados. Las cifras que se barajan en estos momentos hacen pensar que como mucho podría ocuparse un 25% del aforo -unos 7.500 espectadores en el caso de La Rosaleda-, o incluso menos si finalmente se fija ese tope de 5.000 personas. Teniendo esto en cuenta, y añadiendo que las entradas no podrían tener un precio muy elevado al tratarse de encuentros con poco en juego, los números no salen.

El dispositivo para cumplir con las medidas del protocolo de LaLiga haría, por ejemplo, que se tuvieran que abrir la mayoría de los accesos para garantizar la distancia entre aficionados, lo que obligaría a contar con un buen número de trabajadores y personal de seguridad. Y además no estaría permitido la venta de comida y bebida en los bares del interior de Martiricos, lo que privaría al club de otro ingreso habitual en los partidos. Es evidente que el Málaga ganaría poco o nada a nivel económico con el regreso de su afición en estas particulares circunstancias, pero aún así es partidario de que se haga en cuanto el CSD dé vía libre.

En el club esperan que la situación sanitaria mejore notablemente de aquí al mes de agosto y para el inicio del próximo curso ese porcentaje de aforo permitido suba notablemente. Así podrían realizar una buena campaña de abonados que aporte un ingreso que las arcas de Martiricos necesitan imperiosamente para elevar el presupuesto de la 2021/22.