A estas alturas del curso y después de tantos partidos insulsos, se acaban los calificativos. El Málaga no firmó su peor partido en Fuenlabrada, tuvo incluso más ocasiones que los rivales, pero acabó sellando una preocupante derrota que da vida a los de Sandoval y hace más profunda la herida blanquiazul

El partido iba a ser tosco, trabado, y se vio desde los primeros compases, Brandon incluso vio la cartulina amarilla poquísimos después del pitido inicial. Había bastante ambiente en el Fernando Torres y los de Natxo González, pese a ser visitantes, no estuvieron solos en el césped de Fuenlabrada. Entre cánticos de apoyo y aliento al conjunto de Martiricos también se coló algún que otro silbido dedicado a Javi Ontiveros. 

Para el encuentro, el míster volvió a tirar de cantera: Andrés Caro ocupó el centro de la defensa junto a Lombán y Kevin regresó a la titularidad para la fase ofensiva.

Los dos ya se habían tomado el pulso y el juego transcurría mayoritariamente por el centro del campo. La posesión era malaguista pero la sensación de peligro quedaba relegada a ocasiones aisladas. Una de ellos llegó a raíz de una carrera de Cufré, el esférico le llegó a Kevin y el canterano remató con el exterior. Aprovechando la estancia en el área rival, Brandon y Jairo siguieron buscando los espacios. Los costasoleños trataban de mantener una presión alta. Así, un Febas muy activo entre líneas no dejaba de pelear balones, filtrarlos y llegó a tener un par de ocasiones de gol que no acabaron cuajando. 

En cambio, las grandes protagonistas de la primera mitad fueron las faltas: 15 cometió el Fuenlabrada y tres el Málaga CF. Esto provocó que el partido fuese muy disputado pero con poco ritmo y pocas llegadas, las intervenciones de los porteros fueron testimoniales. Como en encuentros anteriores, los jugadores de Natxo arrastraban la falta de puntería en los últimos metros, pero estaban mucho mejor que sus rivales.  

Cuando los jugadores regresaron de vestuarios y volvió a rodar el balón, el Málaga CF dio un mínimo paso atrás y en ocasiones dejó que los de Sandoval tuviesen el balón y empezaran a circular. Por la banda derecha, entre Pedro León y Valentín llegaron hasta la portería de Dani Barrio, obligando al meta asturiano a agudizar los reflejos y atajar. La respuesta fue un carrera de Víctor Gómez apoyado en Jairo, el santanderino quiso asistir a Brandon o Kevin, el primero que llegase, pero Pol Valentín consiguió tapar a la perfección la jugada. 

Pese a esa pizca de fortuna y acierto en los últimos metros, el equipo boquerón no bajó los brazos. Tampoco en defensa. Ahí, para tratar de frenar una galopada de Ontiveros, Escassi estrenó nueva tarjeta amarilla después de haber cumplido el ciclo de sanción hace unas semanas. 

Brandon Thomas volvió a tener una ocasión de oro para adelantar a los costasoleños en el marcador. Iba a quedarse solo frente al portero pero se le desvió el control. Una pérdida imperdonable, sobre todo teniendo en cuenta lo que pasaría solo unos segundos después. Gozzi centró un balón en territorio malaguista, Bouldini remató con la diestra y condujo el balón hasta el fondo de la red por el palo izquierdo (1-0). Más que un jarro de agua fría para el Málaga CF fue todo un cubo de hielos.

En busca al menos del empate, Natxo movió ficha al instante en el banquillo con un triple cambio que cambiaba por completo la línea ofensiva: sentó a Brandon, Jairo y Kevin, ingresaron en el terreno de juego Paulino, Chavarría y Vadillo. Es más, solo unos minutos después el míster vitoriano le dio minutos a Sekou Gassama, ausente durante las últimas semanas. 

El Fuenlabrada solo tenía que cerrar filas para mantener un resultados que le daba alas. Mientras tanto, aumentaba el nerviosismo entre los blanquiazules. En cuanto intentaban buscar espacios, los madrileños se multiplicaban en su área, era casi imposible generar peligro. El Málaga tuvo la penúltima de falta, la lanzó Vadillo y la acabó despejando Belman. La última la firmó Cufré, rematando de cabeza, pero el meta rival sacó una vez más unas manos prodigiosas para salvar. Entre rabia e impotencia, llegó el pitido final y los blanquiazules volvieron a quedarse muy lejos del rendimiento que se espera de ellos.