Crónica

Málaga CF - Nástic (2-1): Roberto deja al Málaga CF a un paso del ascenso

Los blanquiazules golpean primero en la final por el ascenso de la mano de su goleador, en un notable partido ante una espectacular Rosaleda

Roberto Fernández es muy bueno y quiere que el Málaga CF juegue la próxima temporada en Segunda División. Es quizá la manera más justa de comenzar la crónica de un partido en el que el de Puente Genil volvió a ser la estrella. Porque los malaguistas cantaron, bailaron, saltaron y celebraron junto a su equipo por obra y gracia (sobre todo)s de su máximo goleador. Uno que llega de la cantera, que se ha criado en la casa. Dijo Loren Juarros en un agosto desde el que parece haber pasado ya un lustro que eran los chicos de la casa los que tenían que sacar a su equipo de aquí. Y Roberto Fernández se lo ha tomado realmente en serio. Porque no concibe otra manera de afrontar el fútbol que no sea al límite. Y así lo demostró en su casa, en La Rosaleda.

El partido comenzó con excesivo ajetreo. Sin haber completado el segundo minuto de juego, Alan Godoy se plantó solo ante Alfonso Herrero tras un rechace en el área malaguista. El milagro de cada semana tenía que llegar antes de tiempo y así lo determinó el Santo. Divina intervención del arquero toledano (otro que está empeñado en que el Málaga CF ascienda a la categoría de plata) para mantener el empate a cero y aportar algo de tranquilidad a los inquietos malaguistas que volvieron a abarrotar el estadio de La Rosaleda.

Fue hasta tal punto que, en la tarde del sábado en Martiricos se batió el récord histórico de espectadores en Primera RFEF. Se ubica ahora la marca en 29.103. Ojalá que la abandone pronto, pero la tercera categoría del fútbol español no se va a olvidar del Málaga CF. Ha dejado huella en todos los aspectos y es que la afición blanquiazul volvió a cumplir con matrícula de honor. Recibieron a su equipo a la altura de la cita a pesar de las restricciones policiales y animaron durante todo el duelo.

El show de Roberto

Justo antes del descanso fue cuando llegó el primer gol. La Rosaleda apretaba cada vez más y fue justo antes del descanso cuando Roberto hizo lo suyo. Sí, Roberto. Porque no puede dejar de marcar. Fueron 15 goles los que anotó en los 38 partidos de temporada regular, pero es que en tres encuentros de play off suma cinco goles. Es en los días determinantes cuando los grandes jugadores se cargan a la espalda el peso de liderar a su equipo. Manu Molina centró con música un balón desde el saque de esquina directo a la cabeza del ariete cordobés. No las perdona esas el '19'.

Sin embargo, en contraposición del tópico que suele acompañar a los goles que llegan antes del descanso, no fue un gol psicológico. Bueno, sí que lo fue, aunque de positivo impacto en los que lo encajaron. El Nástic logró empatar el partido en la primera llegada de la segunda mitad a través de un precioso remate cruzado de David Concha. El Málaga, que había remado durante toda la primera mitad, debía volver a ponerse manos a la obra para volver a desequilibrar el marcador. Y así fue.

El segundo, de penalti

Llegó también en un córner el peligro necesario para el segundo, ya que Einar Galilea intentó cabecear y fue agarrado en el intento de remate. Palencia Caballero, colegiado del encuentro, señaló el punto fatídico. La afición de La Rosaleda celebró la indicación del trencilla tal y como protestó la no señalización de un posible penalti sobre Roberto en la primera parte. Y sí, de nuevo él. El de los goles. El que desata la locura en el templo malaguista. Roberto dio desde los once metros un clínic de cómo tirar un penalti. Raso, pegado al palo, tanto que incluso la pelota lo tocó antes de entrar. Acertó Alberto Varo, que, a través de Óscar Sanz, recibió desde el banquillo el consejo de a qué palo tirarse, aunque no logró detener el lanzamiento de un Roberto Fernández que sigue de dulce. Tan bien le salieron las cosas al delantero que, a pesar de ser buscado y provocado por los centrales rivales en busca de la amarilla que le habría hecho perderse el partido de vuelta, aguantó el tipo y regaló un doblete que los malaguistas tardarán en olvidar.

El penalti sobre Einar Galilea que supuso el 2-1 en el encuentro ante el Nàstic.

El penalti sobre Einar Galilea que supuso el 2-1 en el encuentro ante el Nàstic. / Gregorio Marrero

Desde entonces, el partido rodó hacia el final. Los malaguistas no acusaron en exceso el empuje del Nástic, que buscó el empate sin éxito ante una sólida defensa malaguista que únicamente flaqueó en ese comienzo de segunda mitad. La afición seguía alentando a los suyos y Pellicer buscó dar frescura a sus jugadores. Aparentemente, Genaro no acusó las dolencias que lo habían apartado de los entrenamientos durante la primera mitad de la semana, por lo que se acumulan las grandes noticias para unos malaguistas que tienen motivos para celebrar.

Con cautela, claro, porque no hay nada decidido. Pero el Málaga ya está a tan solo un paso de volver a Segunda División. Está a un partido de regresar al fútbol profesional y lo afronta con la ventaja que se ha merecido en La Rosaleda. Será en el Nou Estadi donde el club malaguista deba lograr la que sería una tremenda alegría para una afición que hace tiempo que no celebra. Porque la hinchada blanquiazul se merece volver a celebrar con su equipo. Y su equipo está a tan solo un paso de hacerlos celebrar. Será complicado, sí, pero al fin y al cabo, ser malaguista es complicado. Lo que queda por delante tan solo son 90 minutos.