Afición

La magia de La Rosaleda volvió a brillar

Martiricos protagonizó otra de sus grandes citas, con 29.103 personas en las gradas, para dejar al Málaga CF con ventaja en la final del ascenso y escribir una noche inolvidable para la historia

Imagen de la conjura entre el Málaga CF y su afición.

Imagen de la conjura entre el Málaga CF y su afición. / Gregorio Marrero

Beatriz Tocón

Beatriz Tocón

La Rosaleda vivió este sábado el último partido de la temporada 2023/24... ¡¡y de qué manera se despidió!! Hay días señalados en el calendario y había una misión muy clara: dejar al Málaga CF con ventaja para afrontar contra en el Nástic el partido definitivo por el ascenso. El Nou Estadi lo pondrá difícil, pero Martiricos puso la primera piedra en otra de sus grandes noches para el recuerdo.

Es cierto que el recibimiento dejó un sabor amargo por las medidas que impuso la Policía y que deslucieron un momento mágico. Aunque el malaguismo dio portazo muy rápido. Ellos cumplieron y después se pusieron el mono de trabajo porque el factor cancha lo tienen los de Tarragona. La pregunta es si van a poder acercarse a lo vivido en La Rosaleda con las 29.103 personas.

Lo que se ha generado en esta ciudad en las dos últimas semanas -también ante el Celta Fortuna- se escapan de toda lógica y la afición lo volvió a hacer. Ni siquiera hubo que esperar al pitido inicial, la interpretación del himno del Málaga CF es ya uno de esos momentos que se graban para siempre.

Partido inolvidable

A partir de ahí, minutos de éxtasis mezclados con un sufrimiento clavado en cada rincón de la ciudad por todo lo que hay en juego. De hecho, nadie tardó en levantarse de sus asientos porque la parada de Alfonso Herrero en los primeros compases del partido dejó claro quién es el mejor portero de Primera RFEF.

Pero la locura se iba a desatar justo antes del descanso. Todo el mundo miraba con ansia al marcador para saber cuánto tiempo quedaba de juego y fue un segundo lo que hubo para coger aire porque Manu Molina colgó el balón con su guante derecho y Roberto remató para que toda la paz saltara por los aires. Nadie le prestó atención a las protestas del Nástic, nadie. El Málaga CF se había adelantado y eso era lo único que importaba.

No tardaron los granas en responder, solo 50 segundos después de volver del descanso, y ahí fue cuando, incluso más que en los goles, La Rosaleda se dio la mano para levantar a los suyos. Sergio Pellicer valoró mucho esa reacción que acabó siendo clave para el devenir del partido. Sin olvidar la presión ejercida en cada acción y en cada decisión que tomó Palencia Caballero, muchas para el lado contrario.

El éxtasis definitivo llegó con el penalti y decisivo gol de Roberto. Fácilmente, pudieron haber declarado un pequeño terremoto en Málaga porque Martiricos saltó como pocas veces en su historia. Otro de esos momentos para el recuerdo. ¿Quién le va a decir a esta afición que no sueñe con el regreso a Segunda División el año que viene? A partir de ahí, un grito de rabia en cada robo de balón, en cada sobreesfuerzo de cualquier jugador, en cada batalla ganada...

Y el estallido final, el de quien sabe que ha cumplido con su parte del trabajo, el de quien sabe que solo le queda un paso para convertir en realidad el trabajo de todo un año. Un colofón final que tuvo ese abrazo entre equipo y afición con un himno que cantó toda la ciudad. Fue una despedida, pero con la promesa de hacer lo necesario el próximo sábado en Tarragona para cumplir con el objetivo y ojalá celebrar por todo lo alto que el fútbol profesional recibe al Málaga CF.