Nou Estadi

El Nástic confirma el ‘infierno’ para recibir al Málaga CF

El Nou Estadi presentará un lleno espectacular, con el objetivo de apoyar a su equipo hacia la remontada frente a un conjunto de Martiricos muy concienciado de que aún queda un último paso que no será fácil

El Nou Estadi ha colgado el 'no hay billetes' para el sábado.

El Nou Estadi ha colgado el 'no hay billetes' para el sábado. / Nástic

Beatriz Tocón

Beatriz Tocón

El Málaga CF golpeó primero en La Rosaleda ante el Nástic de Tarragona, pero ahora le queda la sentencia definitiva, el último paso y el más difícil para convertir en realidad el sueño del ascenso a Segunda División. Está en una posición favorable para conseguirlo, el 2-1 de la ida le permite ir con una ligera ventaja a la hora de afrontar la vuelta de la eliminatoria. Sin embargo, es el Nou Estadi la sede del juicio final y ya lo tienen todo preparado para recibir al Málaga CF con un ‘infierno’ espectacular.

Los granas confirmaron este lunes el ‘no hay billetes’, agotando así las 14.500 entradas de las que disponen para el partido más importante de la temporada ante los de Martiricos. Al cuadro blanquiazul le corresponden 528 entradas, las mismas que a su rival en el partido de ida, y el Nástic solo ha vendido las localidades entre sus abonados. Por lo que el ambiente en tierras catalanas está asegurado para empujar a los suyos en el ‘Día D’ y la ‘Hora H’.

Los mensajes que han salido del club de Tarragona han sido muy claros desde que sonó el pitido final de Palencia Caballero: la remontada acababa justo de empezar para ellos. A pesar del enfado que también expresaron con la actuación arbitral, tanto el técnico Dani Vidal en rueda de prensa como otros jugadores a través de redes sociales han intentado concienciar a sus aficionados sobre la importancia que tiene el partido del sábado y la llamada ha tenido éxito. 

El espíritu de La Rosaleda

Como no podía ser de otra manera, no va a ser nada favorable el ambiente con el que se va a encontrar el equipo de Sergio Pellicer. En la Costa del Sol ya fue decisivo. El técnico no escatimó en elogios por la reacción que tuvo La Rosaleda en el momento en el que el Málaga CF encajó el tanto de David Concha 50 segundos después de volver del descanso. Fue un varapalo importante, pero la afición le tomó la mano al equipo para buscar el 2-1 con inmediatez y el esfuerzo tuvo su recompensa: el tanto de Roberto y la consecuente victoria. 

Precisamente, ese es el espíritu que quiere imponer el Nástic por parte del Nou Estadi. Aunque sí es cierto que los tarraconenses ya cuenta con la losa directa de que únicamente les vale ganar el encuentro. Da igual si es en 90 o en 120 minutos, pero están obligados a vencer al conjunto blanquiazul si quieren formar parte de LaLiga Hypermotion 2024/25. El Málaga CF se va a encontrar con una ‘marea roja’ que va a apretar desde el minuto 1 hasta el instante final. 

Una imagen del Málaga CF - Nàstic de la final por el ascenso a Segunda.

La Rosaleda jugó un papel esencial en el cruce. / Gregorio Marrero

El Málaga CF, concienciado

En el equipo malaguista y su entorno hay una clara conciencia de que no hay nada hecho. Es evidente que los de Martiricos viajan con un colchón de un tanto a favor, pero los pies, más que nunca, están en el suelo porque aún hay todo un partido por delante y el resto solo son conjeturas y deseos hasta que el resultado y el pitido final no digan lo contrario.

Ese mismo fue el mensaje que quiso trasladar Pellicer tras la victoria: «En estos momentos de ilusión, queda ahora lo más difícil. Llegar aquí y depender de nosotros es brutal, pero no tenemos nada hecho». La misma idea en la que Roberto Fernández quiso insistir tras marcar los dos goles: «Vamos con todo a Tarragona a ponerle la guinda a esta temporada», a lo que añadió sobre el sentir del vestuario: «Eufóricos, pero no hemos hecho nada».

Así que el Málaga CF tiene claro cuál debe ser su camino a recorrer en Tarragona, pero mucho más un Nástic necesitado y una afición con el cuchillo entre los dientes para volver al fútbol profesional cinco años después.