03 de agosto de 2019
03.08.2019
Política

Jesús Gil, tres décadas después del aterrizaje en Marbella

Su conflictiva figura planea por el verano tras el debate que ha reabierto la emisión en HBO de la serie de no ficción sobre su vida 'El pionero'

03.08.2019 | 20:38
El que fuera alcalde de Marbella atiende un teléfono de los de la época dentro de una piscina.

La antesala del Atlético de Madrid

  • Tras su llegada a Marbella, los problemas económicos del Atlético de Madrid se proyectaron sobre Gil. Su gestión en el club es una de las líneas argumentales de El pionero. El actual presidente, Enrique Cerezo, lo defiende: «Una persona se puede llevar algo de donde hay algo y en el Atlético de Madrid no había nada». Y el oscurantismo se asoma con una apreciación de José María García: «Dentro de que se pasaba la ley por el forro de sus caprichos, era un enamorado del dinero negro».

    La estrella con la que llegó a las elecciones atléticas, Futre, relata que «había dos contratos, el A y el B, pero no era solo el Atleti, todos los clubes los tenían». Todo ello contrasta con la advertencia del fiscal Carlos Castresana, quien explica que en 1992 -con el club en la ruina- Gil y Cerezo se apropiaron del 97% del Atlético sin pagar por él.

En la actualidad que languidece bajo el tórrido verano, la figura del fallecido exalcalde de Marbella Jesús Gil y Gil (Burgo de Osma, Soria, 1933-Madrid, 2004) planea con la inercia que ha proyectado sobre su alargada sombra la serie de no ficción emitida por HBO 'El pionero'. Con los cuatro capítulos que han atravesado julio al ser estrenados en otros tantos domingos como telón de fondo, se ha reabierto el debate sobre un controvertido personaje que flotaba sobre los escándalos judiciales y la corrupción urbanística en una faraónica piscina vital, como hacía ante aquellos focos televisivos en los que aparecía al socaire de varias 'mamachicho'.

Entre todo aquello, entre lo que realmente ocurrió y lo que ahora se ve y se escucha ha mediado el inexorable paso del tiempo. Por ejemplo, los 28 veranos que han transcurrido desde que, iluminado por la popularidad de la presidencia del Atlético de Madrid, Gil irrumpió como un mesías en la institución municipal de la marbellí plaza de los Naranjos. O los tres lustros que han pasado desde que a su biografía le sobrevino el epílogo en un hospital madrileño, días después de sufrir una embolia cerebral en su finca abulense.

Ahora, el punto de partida de estas cuatro entregas dirigidas por Enric Bach evoca a Jesús Gil, envuelto en una aureola de Dios populista, como alguien a quien su desconocimiento de la política o su escaso interés por el fútbol no le impidieron usar ambos fenómenos de masas para disparar la rentabilidad de sus negocios inmobiliarios. El fiscal Carlos Castresana lo confirma al argumentar que «Gil entendió casi una década antes que Berlusconi» la combinación entre política, deporte y negocio.

Cierto tono de panegírico se apodera, paradójicamente, del primero de los testimonios, en el que la portavoz socialista que lideraba la oposición y luego fue condenada por el caso Malaya, Isabel García Marcos, lo recuerda como un «ídolo». «A muchas personas le hubiera gustado ser como él», proclama esta salmantina afincada en Málaga en una sucesión de imágenes en las que el propio Gil llega a definirse como alguien que era un líder hasta en aquella cárcel segoviana a la que, según su familia, el famoso mesonero Cándido iba a llevarle la comida todos los días.

En el arranque de la serie, sus hijos lo exculpan de la tragedia de Los Ángeles de San Rafael y de todo lo demás: «Él no fue ladrón», reitera el heredero de su poder en el Atlético de Madrid, Miguel Ángel Gil Marín. Y, al final del segundo capítulo, se oye que «no era consciente de que estaba delinquiendo para que tuviera esas consecuencias» cuando evoca el ingreso de su padre en la cárcel, en 1999, su hijo Jesús, al que usó para la expansión del GIL en tiempos en los que corría el chiste de que «Dios estaba en Marbella y el Niño Jesús en Estepona».

Además, el que fuera su teniente alcalde, Antonio Sampietro, le recuerda a los vecinos de Marbella que «todos votábamos a Gil» y llega a referirse a etapas en las que, «con gobiernos del PSOE en Marbella y Andalucía», al Gil constructor le reclamaban comisiones millonarias para poder poner en pie sus proyectos urbanísticos. Y más clara queda aún la versión de Jesús Gil en las imágenes de archivo en las que él mismo da por hecho que «no hay una empresa que haya hecho un edificio o un metro de carretera que no haya pagado una comisión».

Al oírlo sin pelos en la lengua, Gil se está refiriendo a pagos que le permitían solventar trámites y procesos como los que, ya con despacho en el Vicente Calderón, pretendía saltarse al ocupar el sillón municipal. Su intención se corrobora de forma especialmente gráfica si se siguen las opiniones de Isabel García Marcos: «Gil empieza a acariciar la idea de por qué tiene que pagar a nadie, pensó que si yo soy el alcalde hago tantas viviendas como me dé la gana y así fue como él se presentó en Marbella y por lo que llega a la política», recalca la candidata socialista que intentó hacerle sombra en sus paseos electorales mientras Gil le gritaba «déjame en paz» en los plenos o la comparaba en las entrevistas con «una vaquilla» a la que él toreaba para no aburrirse.

Los testimonios que han sido recopilados para las esperadas cuatro horas de este documental sobre el auge y caída de Gil contrastan, por lo general, con las impresiones que aún conservan quienes se vieron obligados a vivir en la cara menos amable de aquel periodo de aparente esplendor del que se vanagloria en la serie la jet set, capitaneada por Jaime de Mora y Aragón. Es el caso, por ejemplo, de la abogada Inmaculada Gálvez, incansable a la hora de denunciar aquel urbanismo salvaje con la complicidad de amigos como el periodista Félix Bayón: «Pusimos más de 200 denuncias por delitos urbanísticos, todas las archivaban», rememora en una serie en la que también aparece el activista medioambiental Javier De Luis. En cambio, el profesor universitario y excandidato a la alcaldía de Málaga por IU, Pedro Moreno Brenes, no aparece en 'El pionero' pese a que en su juventud trabajó como secretario del Consistorio gilista.

Al mostrar su reacción sobre la serie, Inmaculada Gálvez incide en que «han pasado tantas cosas en Marbella que es difícil reducirlo todo en cuatro capítulos». «Es una serie para espectadores inteligentes porque las masas van a seguir adorando al personaje de Jesús Gil. En los programas que se han hecho paralelos a la serie se ha visto que buena parte de la ciudadanía sigue prefiriendo un Gil, antes que a alguien que se trabaje los cimientos democráticos. Todavía queda mucha gente que prefiere ver flores en las medianas en vez de servicios públicos. Ese populismo se está expandiendo por toda Europa y siguen existiendo giles en todos los partidos. El alcalde de Marinaleda es uno de ellos. Solo se trata de cumplir la ley, pero queda mucho por aprender y reflexionar», enfatizó la que fuera parlamentaria andaluza por Los Verdes.

En este punto, Gálvez señaló que algo que tampoco refleja «del todo» la serie es que en Marbella «falló el sistema judicial y no se encontraron culpables, hubo robos de sumarios y hasta suicidios». «No he visto nada que se haya tramitado de forma tan heterodoxa como Marbella», añadió.



Un secretario efímero

Hace ya casi tres décadas de la irrupción del gilismo y, por mucho tiempo que transcurra, aquel verano de 1991 jamás se le olvidará a Pedro Moreno Brenes. Entonces, este malagueño acababa de cumplir 27 años y, recién casado, se vio envuelto en un clima de amenazas que le impedía dormir por las noches: «Como se jubilaron el secretario y el interventor, me quedé solo y todos los palos venían para mí, hasta que me impusieron por decreto vacaciones forzosas», comenta dentro de un relato que se endurece en cuanto recuerda una conversación telefónica con Gil: «No llegué a verlo en persona, el único contacto que tuvimos fue una llamada en la que me dijo que le estaba parando el Ayuntamiento y que necesitaba un secretario al servicio del alcalde, me llegó a amenazar recordándome que sabía que tenía familia y le respondí que 'El padrino' era más elegante».

Moreno Brenes se recuerda intentando fiscalizar actuaciones en las que «lo extraño y excepcional era encontrarse algo legal». «Derribaron de forma totalmente ilegal un inmueble perteneciente al antiguo alcalde, solo querían crear sociedades mercantiles en lugar de municipales o intentaban que los bienes del Ayuntamiento fueran remitidos a la sede de la inmobiliaria de Gil, el Club Financiero, donde además querían celebrar juntas de gobierno local a las que me negué a acudir», afirma.

Según recalca Moreno Brenes, «hay amenazas de Gil grabadas en el programa de Antonio Herrero en Antena 3 o en una televisión local de San Pedro en la que decía que yo era un comunista que se lo estaba parando todo». «Enfrentarse a Gil era verse abocado a la marginalidad. Al principio de todo, excepto medios como Diario 16 o Época, la prensa -sobre todo la deportiva- le reía la gracia, el Gobierno del PSOE llegó a indultarlo y el Ministerio para las Administraciones Públicas no movió un dedo por mí», agrega con la certeza de que «el desmantelamiento del estado del bienestar en el mismo pueblo de Marbella que lo votó, podía haberse evitado si las administraciones y los jueces le ponen un pie en pared a los desmanes al principio».

Aunque cree que terminará viendo la serie, Moreno Brenes solo se atreve a referirse «a la sensación de blanqueo» de la figura de Gil que ha apreciado en el material promocional: «Es inadmisible el blanqueo cuando se trata de personas que se dedicaron a delinquir de una manera descarada y evidente», denuncia.

El enfoque de 'El pionero' tampoco ha dejado indiferente al abogado Diego Martín Reyes, quien vivió en primera línea los estragos de la Marbella post-gilista cuando ostentó la presidencia de la Gestora a raíz de la disolución del ayuntamiento. Tras el visionado de sus tres primeros capítulos, a Martín Reyes le da la impresión «de que quieren trasladarnos la imagen de un Gil efectivo y eficaz y que -aunque se ve alguna escena de abuso como la de la señora a la que le colocaron un edificio a 80 centímetros de su casa- la ley era un estorbo para su gestión y para el progreso de la ciudad». «Me llegó a molestar que Isabel García Marcos aparezca como una heroína frente a los abusos de Gil, cuando ella al final participó de ese tipo de abusos», criticó el abogado.

Precisamente, García Marcos se defiende sobre su apoyo a la moción que tumbó a Julián Muñoz, ya enfrentado a Gil, en beneficio de Marisol Yagüe: «Creí que íbamos a iniciar una transición», dice en la recta final de una serie que evoca «el funeral de estado» que, según sus hijos, le dio el último adiós a un Gil que entre mamachichos expresó su deseo de deberle algo a Hacienda cuando llegara su muerte.

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