La Unidad Canina de la Policía Local de Marbella ha levantado en el transcurso del año más de 220 actas por consumo o posesión de estupefacientes en la vía pública.

El mes en el que más actas levantó la unidad formada por el agente local José Antonio González y los perros ‘Zara’, de 10 años; ‘Thais’, de cinco; y ‘Noe’, de año y medio, fue marzo.

La actuación de la unidad, fundada hace nueve años, ha servido para incautar unos 300 gramos de hachís; 50, de marihuana; cigarrillos de hachís de diferente tipo y cocaína.

Los perros, que pueden detectar si una persona porta o ha manipulado sustancias estupefacientes, realiza labores de prevención en concentraciones, botellones o zonas localizadas del municipio, como Puerto Banús, recintos feriales de Marbella y San Pedro o en las entradas y salidas de institutos de Enseñanza Secundaria y protagoniza actuaciones de exhibición, educativas y de prevención en centros escolares del municipio.

También suele acompañar a la Unidad de Paisano de la Policía Local en actuaciones que, especialmente durante la pandemia provocada por el coronavirus, han estado orientadas a la prevención del consumo de drogas y alcohol en la vía pública.

«El trabajo de los canes es una herramienta fundamental para los agentes porque impide que tengamos que efectuar cacheos innecesarios en la vía pública. Los perros se dirigen a las personas sin que estas se percaten de la realización de su trabajo cotidiano ya que, además, el 90 por ciento de los servicios se realizan de paisano», señala González, conocido como ‘Luqui’, entre el resto de agentes que integran en el Cuerpo de la Policía Local.

Los canes, que el agente traslada en un vehículo de la Policía Local adaptado para ellos y con un sistema especial para mantener la temperatura en el interior, «tienen la dinámica de buscar tanto en personas en movimiento como en estático», señala.

«Comienzan su rutina nada más salir del vehículo policial sin que se les tenga que dar ninguna indicación», agrega el agente, que, tras formarse como guía canino en diferentes escuelas de seguridad pública, se puso al frente de la Unidad Canina desde su creación, entonces con dos perros.

La intervención de los canes, recuerda González, permitió detectar, durante un registro, sustancias estupefacientes que se encontraban en un doble fondo en el interior de un local de grandes dimensiones y varias plantas.

«Cuando estábamos terminando la búsqueda, la perra desobedeció mis órdenes y se dirigió hacia un conducto del aire acondicionado. Ahí había una doble pared, detrás de la cual había una gran cantidad de sustancias», recuerda el agente.