Los vecinos de San Pedro Alcántara y unos 250 del municipio abulense de Arenas de San Pedro se han volcado este fin de semana en los actos de hermanamiento de ambas localidades, que comparte Patrón, San Pedro de Alcántara.

Los vecinos apoyaron ayer con su presencia en las calles la procesión extraordinaria del Santo Patrón con motivo de la unión entre los municipios y que, por primera vez en su historia, no desfiló un 19 de octubre.

La jornada comenzó minutos después de las 11.00 horas con una misa al aire libre en la plaza de La Iglesia de San Pedro, mientras que la procesión partió sobre las 12.30 horas y, entre otras calles, recorrió la dedicada al fundador, a mediados del siglo XIX, de la colonia agrícola que dio origen a la localidad, Marqués del Duero.

El sábado se vivió otro de los momentos más emotivos con la inauguración de una plaza a la que se le otorgó el nombre de Arenas de San Pedro.

La plaza, ubicada en la intersección entre la avenida Pablo Ruiz Picasso y la calle Viento del Sur, «va a ser un espacio común para ambos municipios en el que podremos sentirnos más cerca», señaló la alcaldesa, Ángeles Muñoz.

Minutos antes de la inauguración, el Ayuntamiento ratificó en un pleno extraordinario celebrado en el Centro Cultural Trapiche de Guadaiza, en San Pedro, el hermanamiento entre las localidades.

«Se perpetúan unos lazos de unión entre las dos localidades hermanas, que se llevan a cabo coincidiendo con el IV Centenario de la Beatificación de San Pedro. Estamos convencidos de que vamos a tener un constante intercambio cultural, social, turístico y religioso con el hilo vertebrador de la devoción que compartimos por nuestro Patrón», señaló Carlos Sánchez, regidor del municipio castellano, que, con 6.400 vecinos, es el tercero con más población de la provincia de Ávila.

Los actos de hermanamiento que se han realizado en San Pedro culminan los que se celebraron en Arenas de San Pedro a finales de abril.

Ambas localidades están vinculadas por la figura de Juan de Garabito Vilela y Sanabria, nacido a finales del siglo XV en la localidad cacereña de Alcántara y que, al ingresar en la orden de los Franciscanos, cambió su nombre por el de San Pedro de Alcántara.

Beatificado por el papa Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669, San Pedro de Alcántara falleció a mediados del siglo XVI en la localidad castellana, donde reposan sus restos mortales.