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Historia de Marbella

Los cines de la calle Málaga de Marbella

La calle Málaga llegó a tener dos salas de exhibición cinematográfica con una trayectoria desigual

Imagen de una calle de Marbella

Imagen de una calle de Marbella / D.R.

Francisco Moyano

Francisco Moyano

La calle Málaga, en aquellos tiempos con denominación oficial de Fernando el Católico, contó con dos salas de exhibición cinematográfica de muy corta trayectoria. Una de ellas no llegó a abrir sus puertas.

El Cine Málaga fue una sala de verano exclusivamente, ubicada en la zona de Huerto Porral, que mantuvo actividad solamente durante cuatro temporadas. La primera película que se proyectó en su pantalla fue ‘Robin Hood’.

En la documentación existente consta como empresaria Carmen Espejo Lasso de la Vega, compañera del marqués de Ivanrey, Ricardo Soriano. Su nombre ya aparecía en la tramitación de construcción y apertura, en los años cuarenta, del cine Rodeo, en la avenida de Miguel Cano, que fue también una iniciativa del marqués.

En el mes de mayo de 1965 la señora Espejo se dirigió al Ayuntamiento solicitando permiso para la construcción de una sala de cine de verano con arreglo a lo que se especificaba en el proyecto que adjuntaba, redactado por el arquitecto Andrés Escassi Corbacho.

La concesión de la licencia fue aprobada en la sesión celebrada por la Comisión Permanente el tres de junio. Debía procederse a un retranqueo de fachada de tres metros. También tenían que abonar una tasa de 2.786 pesetas.

El 11 de julio de aquel año 1965, la sala comenzó la programación. Por el poco tiempo transcurrido entre la concesión de construcción y de apertura, lo más seguro es que se viniese construyendo desde antes. Como representante del cine Málaga, Isidro Sierra Muñoz, en nombre de Carmen Espejo Lasso de la Vega, solicitó al Ayuntamiento la licencia de apertura, lo que fue concedido con la firma del alcalde Antonio Lizarza Iturrarte, una vez recibido el visto bueno del Gobierno Civil.

La superficie del local era de algo más de 573 metros cuadrados. El solar era propiedad de Remedios García Ríos. Tenía capacidad para cuatrocientos cuarenta y cuatro espectadores. La pantalla de proyección se situaba al fondo, hecha en cañizo guarnecido con yeso y apoyada en postes de madera. Al finalizar el verano de 1968 el cine Málaga cerró sus puertas.

El segundo cine de la calle fue levantado también con un proyecto redactado por el arquitecto Andrés Escassi Corbacho. Es un caso único: una sala que se construye y dota de maquinaria y que nunca llegó a iniciar su trayectoria comercial. La iniciativa partió del empresario Mario Sánchez Cuevas, uno de los hijos del matrimonio formado por Antonio Sánchez Ortiz y María Cuevas Blanco, los fundadores del primer hotel de Marbella: el Comercial y posteriormente hotel Salduba.

Mario era muy activo y diversificó sus intereses comerciales. A Comienzos de los años sesenta, heredó, de sus abuelos maternos, un terreno situado en el extremo sur de la carretera de Ojén, haciendo esquina con la calle Málaga. En aquella superficie levantó unas viviendas y construyó un cine de verano.

En marzo de 1963 solicitó la licencia al Ayuntamiento. El decreto de autorización, tras el informe positivo de la Comisión de Turismo, Obras y Ordenación Urbana y el arquitecto municipal, lo firmó el alcalde Antonio Lizarza el 20 de marzo. La capacidad del cine era de 500 espectadores.

El arquitecto Escassi describía la situación del solar donde iría el cine y destacaba como obra nueva la sala de embobinado y cabina, y los servicios sanitarios. Cuando la obra se encontraba muy avanzada, y la cabina de proyección totalmente finalizada, Mario, acompañado por el empresario que regentaba el cine de Ojén, se desplazó a Sevilla y adquirió la necesaria maquinaria que fue trasladada a Marbella. Quedaba la parte fundamental: negociar con las distribuidoras de películas.

Muy pronto pudo comprobar que era un mundo muy complicado; comprendió que iba a poder contar exclusivamente con un número muy reducido de títulos. El consiguiente desengaño, y su acertado ojo empresarial, le llevó a abandonar definitivamente la idea de abrir un cine, así que devolvió la maquinaria y pasó página.

Seguramente el interés por poner en marcha un cinematógrafo le vino, además de por su afición como espectador, a la relación que mantuvo con gente del cine, que vivían o pasaban largas temporadas en la ciudad; por ejemplo, Edgar Neville, Conchita Montes, Deborah Kerr o Peter Viertel, que acostumbraban a visitar uno de los negocios de Mario: un autoservicio (concepto pionero en Marbella).

También abrió una licorería que se mantendría abierta hasta después de su fallecimiento. El hecho de que el cine de Mario (no sabemos qué nombre habría tenido) nunca llegó a funcionar, hizo que cayese en el más absoluto de los olvidos. Fue con motivo de la investigación realizada por Juan Caracuel Natera para su libro ‘Marbella Cinema’, cuando apareció un documento en el archivo histórico que puso sobre la pista de un cine que pudo ser.

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