Historia de Marbella
La Feria de San Bernabé en los años 30
En 1933, el Ayuntamiento mostró su incapacidad absoluta para poder organizar los festejos

En 1933 se eligió a Miss Marbella y su Corte de Honor. | L.O.
Sin duda alguna, los años treinta, durante la Segunda República, constituyeron un tiempo extremadamente complicado, con una asfixiante politización de la vida cotidiana. En este aspecto Marbella no fue diferente en referencia a otras localidades malagueñas. Por muy mala que fuese la situación económica, los marbellíes no abdicaron de su talante festivo que, desde tiempo inmemorial se manifestaba fundamentalmente en la Feria y Fiestas en honor al Santo Patrón, San Bernabé.
En aquellos años, el centro de la fiesta ya se había trasladado desde la plaza del Ayuntamiento (hoy de los Naranjos) hasta el Paseo de la Alameda y avenida de José Antonio (actualmente avenida del Mar).
El Real de la Feria permaneció allí hasta los años sesenta. En las cercanías de la antigua fuente, conocida como ‘la pila’, se instalaban unas cuantas atracciones muy humildes: las barquitas impulsadas manualmente, una pequeña noria, un tiovivo y unos caballitos y algún pequeño teatro de títeres o marionetas. Se complementaba el conjunto con varias casetas y diversos puestos de turrones y otros productos dulces. Característicos de la feria eran las raciones de pulpo asado y las rodajas de coco natural.
La paupérrima situación de las arcas municipales puso, en más de una ocasión, en peligro la celebración de las fiestas, pero nunca llegó a suceder, aunque en una ocasión, año 1933, el Ayuntamiento mostró su incapacidad absoluta para poder organizar los festejos, de manera que facilitó el camino a comerciantes, propietarios destacados y asociaciones, llevándose a feliz término.
Al año siguiente los feriantes reclamaron para que el Ayuntamiento asumiera su responsabilidad. La feria, con solamente tres días de duración y la víspera (10, 11, 12 y 13 de junio) era una fecha clave en el calendario y la oportunidad para estrenar algún elemento del vestuario, por muy modesto que fuese. Las mujeres con cierto poder adquisitivo, encargaban varios meses antes, algún vestido a las costureras que existían en Marbella.
Era el momento adecuado para estrenar algún par de zapatos. Durante el año, el calzado más usado era las alpargatas, existiendo una tienda, regentada por Alipio Martínez, que vendía exclusivamente ese tipo de zapatos, con el coste de 60 céntimos las que tenían suela de goma y una peseta las confeccionadas en caucho. En feria, en el peor de los casos, al menos se estrenaban unas alpargatas.
Ya en aquella época, en la víspera, las autoridades, bajo mazas, se situaban en el balcón de hierro del Ayuntamiento y se tremolaba el pendón histórico de la ciudad, se tocaba el himno nacional y se vitoreaba a los Reyes Católicos. Al día siguiente, el acto central era la procesión cívico religiosa a la Cruz de Humilladero. El Consistorio decidió retirar la cruz y simplemente colocar una placa recordando el momento de la entrega de la ciudad a los monarcas cristianos.
Era la feria un buen momento para degustar el ‘anís Marbella’, un exquisito aguardiente dulce que fabricaba el industrial don José Otal Ferrando en la finca El Recreo. En El Trapiche del Prado, don Fernando Álvarez Acosta producía un excelente moscatel denominado Vino del Trapiche. Continuó hasta finales de los años cincuenta con don Mateo Álvarez. De igual manera, en Marbella se comercializó la en aquellos años la ‘gaseosa Calzado’, que fabricaba en la plaza de Tetuán don Miguel Calzado Chicote, que era vicecónsul de Inglaterra. También lo había sido su padre, don Miguel Calzado Martínez, que fue el primer administrador de la empresa británica que explotó la mina de Ojén.
La feria de 1933 contó con una singularidad que dejaría huella. Se eligió Miss Marbella y su Corte de Honor. El nombramiento recayó en la joven Pepita Sánchez Cuevas, con bastante polémica porque un amplio sector consideraba que debió concederse a Pepita Romero Moyano. Las damas de honor fueron Ascensión Martín, Luciana Gallardo Valderrama, Pepita Mescua Soto y Pepita Romero Moyano.
En el mes de agosto de aquel año, la Diputación de Málaga convocó la elección de miss provincia de Málaga, participando como Miss Marbella María Lara Aranda y su corte de honor formada por Elvira Duarte, Luciana Gallardo, Carmen Martín Arias y María Dolores Fernández Palomo.
En las ferias de los años treinta tenía bastante importancia la colaboración de la Sociedad Casino de Marbella que organizaba durante los días de feria bailes y actuaciones musicales. Fue el punto de arranque para los tradicionales bailes que vendrían después, enfocados a los turistas.
El Paseo de la Alameda se convirtió en el centro de la vida social de la pequeña ciudad. Desde allí hacían su salida hacia Málaga, La Línea y Algeciras, los autobuses de Automóviles Portillo.
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