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Historia de Marbella

El polígono industrial olvidado

A pesar de los muchos defectos que tiene, hubo tiempos en que la situación fue mucho peor y prácticamente se tocó fondo

Imagen antigua del polígono industrial La Ermita

Imagen antigua del polígono industrial La Ermita / F. M.

Francisco Moyano

Francisco Moyano

Hoy día el polígono industrial de La Ermita, de Marbella (ermita de Cano, donde se veneraba una imagen de la Virgen del Carmen), resulta absolutamente insuficiente para las necesidades de la ciudad. Generalmente, tener la obligación de realizar en la zona cualquier tipo de gestión, reviste la categoría de aventura.

Es muy posible que, en ningún momento de su historia, que se inicia a finales de los años sesenta del pasado siglo, resultase adecuado para el desarrollo que estaba experimentando Marbella. A pesar de los muchos defectos y contrariedades que actualmente se pueden relacionar, hubo tiempos en que la situación fue mucho peor y prácticamente se llegó a tocar fondo.

Un momento crucial se produjo a mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado. Se venía arrastrando graves problemas desde el comienzo, sin que los empresarios propietarios de las distintas naves llegasen a constituir una comunidad convencional que pusiese orden. De esta manera el caos inicial se cronificó, sin que el Ayuntamiento, hasta mitad de los ochenta, interviniese.

Se constituyó una Junta de Compensación que tuvo que poner de acuerdo a los propietarios tradicionales y a los recién llegados con las nuevas naves levantadas al sur de la carretera nacional 340. La imagen que en aquella época se divulgaba del polígono La Ermita pasaba por la basura y suciedad en las calles, asfaltado agrietado, nubes de polvo, charcos en cuanto llovía, malos olores, falta de alumbrado nocturno y ausencia de vigilancia.

A la frecuencia de baches se unían los badenes, de todos los tamaños y distribuidos sin ninguna planificación. Se denunció el caso de un propietario que, para evitar la entrada de agua en su nave, construyó un badén de una altura de cuarenta centímetros que, efectivamente terminó con el problema del agua, pero entorpeció la circulación y causó abundantes daños en los bajos de los edificios.

Popularmente comenzó a difundirse la expresión de ‘ciudad sin ley’ y de ‘circuito del rally París-Dakar’ para los conductores. Se destacaba el problema que suponía la ausencia de aceras en realidad, porque las pocas existentes eran muy estrechas y casi inservibles. Era elevado el número de automóviles que se encontraban abandonados en las calles, incluso un autobús, cuya imagen trascendió a la opinión pública porque los medios de comunicación le prestaron atención.

Imagen antigua del polígono industrial La Ermita.

Imagen antigua del polígono industrial La Ermita. / F.M.

Por si fuera poco, no faltaban los perros abandonados que convivían con los que tenían propietarios y se encargaban de labores de vigilancia. Es cierto que en alguna ocasión se procedió a un proceso de limpieza, pero el problema volvía a surgir prematuramente por la falta de un mantenimiento eficaz.

Pero pasó el tiempo y en el año 2010 se anunció, con amplio eco mediático, que el polígono industrial de La Ermita, tenía sus días contados en la ubicación conocida. Se habló de la «mayor operación urbanística de la historia de Marbella». El polígono sería trasladado a la zona al norte de La Cañada. De esta forma en La Ermita serían construidas más de cuatro mil viviendas y una serie de equipamientos.

El nuevo polígono se iba a levantar sobre una superficie de ochenta y cuatro hectáreas, muy superior al espacio que ocupa La Ermita. La nueva zona se iba a denominar ‘La Serranía’. En las 34 hectáreas que quedarían libres se levantaría viviendas de venta libre y otras de protección oficial.

Como atracción especial se anunció un ‘Down Town’, es decir un centro financiero de elite como en grandes ciudades. El extraordinario proyecto se asociaba al mastodóntico Puerto Marina-La Bajadilla, a la llegada del tren AVE y a una nueva estación de autobuses.

Imagen de una calle del polígono industrial La Ermita de Marbella.

Imagen de una calle del polígono industrial La Ermita de Marbella. / L.O.

Según anunció el concejal de urbanismo de aquel momento, Pablo Moro, habría que dialogar con los propietarios y para comenzar el proceso con garantía de éxito, el Ayuntamiento sacaba a concurso una consultoría multidisciplinar. Arquitectos, economistas y abogados serían garantes de la viabilidad del proyecto. Se calculaba que serían necesarios seis u ocho años para que el plan fuese realidad.

Dieciséis años después no hay ni rastros de la ampliación de Puerto Marina-La Bajadilla, ni del tren litoral (sobre el que cíclicamente se encargan estudios de viabilidad), tampoco ningún conato de traslado de las naves del polígono, bastante olvidado, aunque en la actualidad, a pesar de todas las deficiencias, y afortunadamente, no se encuentra en el lamentable estado de la década de los ochenta.

Marbella es una ciudad en la que con mucha frecuencia se anuncian mega proyectos, en los que se acostumbra a hablar del concurso de alguna «unión temporal de empresas», y de los que nunca vuelve a saberse nada. Seguramente es que somos muy clásicos y compartimos con Calderón de la Barca que la vida es sueño y por eso estamos preparados para despertar en cualquier momento.

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