Historia de Marbella
El feminismo matizado de la Universidad Popular
La sociedad ofrecía infinitamente menos oportunidades a las mujeres, sobre todo en el terreno laboral y en la vida política

Rodaje en el taller de Cine de la Universidad Popular. / Cedida por Francisco Moyano
La Universidad Popular (UP) de Marbella surge en 1982. Organismo heredero en la actualidad es Arte y Cultura. Fue en 1986-1987 cuando se llevó a cabo el Programa Mujer de la UP, aunque administrativamente dependía del Área de Animación de la Delegación de Cultura.
La Universidad Popular en aquella fecha se estructuró en programas. Junto al Programa Mujer se desarrollaron los de Culturas Básicas y de Jóvenes. Cuando el Programa Mujer formó parte de Animación desarrolló un curso de ‘canguros’ (cuidado de niños), contando con la singularidad de que participaron dos hombres. Siete de los participantes consiguieron una salida profesional.
Del Programa Mujer se encargaron Inés Maldonado y Julia Paladino. Lo diseñaron partiendo de una palpable realidad: la sociedad ofrecía infinitamente menos oportunidades a las mujeres, destacando que la desigualdad se manifestaba fundamentalmente en el terreno laboral y en la vida política, con predominio de los hombres en los cargos directivos y prácticamente ausentes en la representación política.
Partían de la toma de consciencia de que para salir de la situación la mujer debía de contar con la adecuada información. Las coordinadoras del Programa Mujer, refiriéndose a la previsible conexión del programa con las reivindicaciones tradicionales de los movimientos feministas, afirmaban que eran necesarias una cuanta matizaciones.
Decían: «Hay varios feminismos; uno que es radical, con postura agresiva y que en última instancia resulta tan discriminatorio como el machismo. Hay otro feminismo que simplemente reivindica el derecho de la mujer a ocupar cargos y esferas de poder, a tener el mismo poder decisorio que los hombres en esta sociedad. No nos identificamos con el feminismo que pretende ocupar los centros de poder para ser ellas las que discriminen a los hombres. Solo pretendemos estar en una condición de igualdad y compartir responsabilidades. Debe considerarse esa otra visión y capacidad de análisis del mundo que tiene la mujer. Aún así el programa mujer de la UP no puede catalogarse como feminista».
No descartaban la inclusión de cursos tradicionales, como los de cocina, pero evitando que fuesen exclusivamente dirigidos a la participación de mujeres. Se daría cabida a los hombres. Destacaba un curso de carpintería y bricolaje para enseñar a construir muebles útiles en el hogar o restaurar los ya existentes.
Establecieron contacto con el Centro Asesor de la Mujer de Málaga, dependiente del Instituto de la Mujer, para abrir en Marbella un Centro de Información y Asesoramiento de las Mujeres. La idea era ofrecer sus servicios dos días en Marbella y otros dos en San Pedro Alcántara. Fundamentalmente se trataba del asesoramiento en materia de legislación, cooperativismo y salud.
Se encauzaba mediante una sala de encuentro denominada «aula de la mujer». Estaban dirigidas a las mujeres españolas y extranjeras, reconociendo de esa manera la realidad de la ciudad en la que decenas de nacionalidades conviven. No se planteaba el Programa Mujer como algo aislado del resto de cursos y talleres de la UP, sino en colaboración.
Se planteaba que fuesen las propias mujeres quienes sugiriesen los cursos que deberían programarse. En la práctica se comprobó que la asistencia era muy heterogénea: desde mujeres de otras nacionalidades, con escaso conocimiento del idioma, hasta limpiadoras.
Muy concurrida fue la escuela de padres. Con respecto a los conceptos de «mujeres liberadas» y «mujeres discriminadas», propios de la época, Inés Maldonado y Julia Paladino aseguraban que se «habían dado grandes pasos. En las nuevas generaciones los hombres muestran una buena actitud hacia las mujeres. La compresión existe ya, lo que permanecen son los hábitos, a veces mantenidos incluso por las propias mujeres. La voluntad de terminar con esa situación existe tanto en hombres como en mujeres que se dan cuenta de que no son felices manteniendo esa dicotomía de unas responsabilidades para mujeres y otras para hombres. Las próximas generaciones lo superarán; la clave es no dar a nuestros hijos una educación sexista».
Los temas que en aquellos años interesaban más a las mujeres se relacionaban con cuestiones legales, especialmente las separaciones matrimoniales y cómo queda la situación de los hijos y el patrimonio. Todo lo relacionado con la sexualidad y la nutrición también despertaba gran interés entre las mujeres.
Este tipo de iniciativas representaban el comienzo de un largo recorrido para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres; todavía faltaba para el surgimiento de las concejalías de la mujer, algo que llegó en el mismo momento en que los políticos entendieron que las demandas sociales iban en ese sentido y que contemplarlo en los programas electorales podía representar un interesante rédito en el número de votos.
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