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Historia de Marbella

Entre cupones andaba el juego

En los años 80, varias organizaciones intentaron emular a la ONCE supuestamente para ayudar a colectivos desfavorecidos

Sede de Prodiecu.

Sede de Prodiecu. / L.O.

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Francisco Moyano

Francisco Moyano

En la década de los años ochenta se produjo un cambio sustancial en la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE). Fueron años en España para la eclosión de las loterías, con la modalidad moderna de la antigua lotería primitiva. La transformación fundamental se plasmó en un considerable aumento de los premios diarios y el incremento del número de sorteos extraordinarios a lo largo del año. Se apoyaron en una potente campaña publicitaria en televisión y radio.

Coincidiendo con el final de la década, la ONCE compró las emisoras de la Rueda Rato (entre ellas Radio Mar, de Marbella) y creó su propia cadena radiofónica: Onda Cero. En este contexto, otros colectivos intentaron entrar en el sector del juego. En 1984 se creó la organización Prodiecu S.A., según afirmaban, para proporcionar trabajo y ayuda a personas con necesidades especiales, entonces denominados ‘disminuidos’ o ‘minusválidos’. Surgió en Barcelona, fundada por Andrés Rodríguez Rodríguez.

En Málaga apareció Prosiercu y en Marbella MAE (Minusválidos Asociados Españoles). Sonaron las alarmas de posible picaresca. Prodiecu era una organización ilegal, pero existía un vacío legal que dificultaba su prohibición. En más de una ocasión la Junta de Andalucía sancionó a la organización con elevadas multas dinerarias que difícilmente llegaron a cobrarse.

La competencia tradicional de la ONCE había venido siendo ‘La Rápida’, pero en Marbella, en aquel momento, contaba con una mínima presencia. En 1986 fue cerrada una oficina de Prodiecu que se encontraba en la calle Málaga. Fue poco eficaz el cierre porque varias horas después se encontraba de nuevo abierta. No estaba claro cómo actuar porque, según las autoridades provinciales, la orden se refería a registrar los locales, pero no a su clausura. Además, se intentaba evitar cualquier tipo de tensiones con personas que tenían limitaciones físicas.

En el otoño de 1987 Prodiecu abrió en Marbella una nueva oficina con entrada por la avenida de Ansol y ventanales a la calle Alonso de Bazán, así como un cartel de considerable tamaño. La organización defendía su existencia proclamando que, al igual que la ONCE, lo único que intentaba era la labor asistencial y de consecución de puestos de trabajo para personas que difícilmente podían conseguirlo en el mercado laboral convencional.

El encargado de Prodiecu en Marbella, Ronda y Estepona era Bernardo Salido, quien expresaba que el fundador era «una persona generosa que creó muchos puestos de trabajo y merecería un monumento en agradecimiento». En Marbella contaban con 46 vendedores y en toda España trabajaban 13.000 personas. Aseguraba Salido que actuaban «sin infringir la ley ni ir en contra de la Constitución».

Los comienzos fueron con 40 vendedores en Barcelona; posteriormente se amplió a 150, entre ellos Bernardo Salido. Al comienzo se encontraba patrocinado por la casa de Andalucía en Barcelona. Era conocido como el cupón de la guitarrita, porque en el centro aparecía el dibujo de una pequeña guitarra.

Decía el responsable en Marbella que pagaban religiosamente la Seguridad Social de los trabajadores, así como las correspondientes cantidades exigidas por Hacienda. Argumentaba una situación que no se apartaba de la realidad: las administraciones públicas no podían garantizar el acceso al mercado laboral de la mayoría de personas con limitaciones. Las elevadas cifras de paro demostraban que la Administración pública no tenía capacidad ni para dar trabajo a los ciudadanos sin ningún tipo de limitaciones.

Las relaciones de Prodiecu con la ONCE siempre fueron polémicas. Utilizaban el número del sorteo de la ONCE porque no contaban con la necesaria autorización para poder hacer su propio sorteo. Tras una serie de negociaciones con las instancias gubernamentales, Prodiecu terminó desapareciendo y algunos de sus trabajadores se integraron en la ONCE.

Se aseguraba que en 1987 en Marbella la lotería de ‘los ciegos’ vendía, entre lunes y viernes, entre los 25.000 y 30.000 cupones diarios, mientras que Prodiecu distribuía alrededor de los 7.000 cada día. Los viernes, cuando el premio aumentaba, se incrementaban las ventas y económicamente suponía en torno al millón y medio para Prodiecu y los cinco millones para la ONCE.

La consideración de ilegalidad de Prodiecu hizo que en varias ocasiones el Gobierno Civil cerrase sus instalaciones o interviniese a los vendedores, incautando cupones y dinero en su posesión. Se impusieron , en ocasiones, multas que iban de las 50.000 a las 100.000 pesetas. La falta de legislación clara hacía imposible que se pudiese especificar el tipo de ‘delito’ atribuible para poder proceder a su prohibición y cierre.

Se producía, al menos en la presencia de la organización en Marbella, la paradoja de la necesidad de discreción y no excesiva publicidad, con la exhibición de un cartel de buen tamaño en su sede. El caso de Prodiecu se cerró y cayó en el olvido, como generalmente ocurre con las historias cotidianas.

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