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Crónica | Historia de Marbella

Marbella 1949

La década de los años cuarenta del siglo XX resultó muy difícil para Marbella. La nómina de pobres conectaba directamente con el elevado paro obrero

Marbella 1949

Marbella 1949 / l.o.

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Francisco Moyano

Francisco Moyano

La década de los años cuarenta del siglo XX resultó muy difícil para Marbella. No fue algo excepcional porque la situación extrema se manifestó en toda España, inmersa en una durísima posguerra. La nómina de pobres conectaba directamente con el elevado paro obrero. Ese fue un aspecto que llamó la atención al nuevo párroco que se incorporó a la iglesia mayor de Marbella, Nuestra Señora de la Encarnación, Rodrigo Bocanegra Pérez. Le bastaron tan solo unas semanas en la ciudad para hacer un diagnóstico realista de la precariedad de la mayoría de la población, con acusadas dificultades para algún colectivo en concreto, como era el de los pescadores. Tuvo claro que había que actuar urgentemente, de acuerdo con su lema de que «la limosna humilla y el trabajo dignifica». Desde el púlpito hizo patente sus intenciones y pidió la ayuda de quienes pudieran proporcionarla. Entre los asistentes se encontraba el ministro de trabajo José Antonio Girón de Velasco, quien ofreció una elevada cantidad (que llegaría pausadamente), suficiente para poner en marcha el «Patronato Social Virgen del Carmen», con la pretensión de solucionar el problema del paro obrero en Marbella. El primer paso fue la constitución de una Junta de Caridad, presidida por el vicario-arcipreste y de la que formaban parte el alcalde Francisco Cantos Gallardo, jueces comarcal y de instrucción, Gómez de la Bárcena y Cisneros, capitán de la guardia civil, ayudante militar de Marina, los médicos Antonio Maíz Viñals y Adolfo Lima Chacón, los hermanos mayores de las tres cofradías de Pasión y el de la Hermandad Sacramental de la parroquia. El objetivo inmediato de la Junta fue el reparto de comida y prendas de abrigo a todos los pobres de Marbella con motivo de la Navidad, que se encontraba cercana. Era algo coyuntural porque el objetivo mediato era la tarea asistencial con carácter de permanencia. En aquel momento la Junta contaba con cuarenta mil pesetas. Quince mil procedían de la primera entrega de la donación del ministro Girón; el ayuntamiento aportó cinco mil, el príncipe de Hohenlohe contribuyó con dos mil pesetas y los señores Lavigne (farmacéutico) y Pérez Rodríguez (veterinario) dos mil quinientas cada uno. Se decidió transmitir a todos los visitantes de la ciudad los objetivos asistenciales que se habían planteado. La Junta de Caridad elaboró un censo de las personas necesitadas y de la comprobación de que se ajustaba a la realidad se encargaron las «damas de Acción Católica». En declaraciones del sacerdote se comprueba como habla de «campaña de caridad», pero también de «solidaridad» del pueblo de Marbella. Experto como era en comunicación de los mensajes más eficaces en cada momento, acudía a los sentimientos cuando declaró: “una pequeña de diez años vino a verme hace unos días y me entregó diez pesetas que le habían regalado para golosinas con motivo de su cumpleaños”. La empresa “estrella” fue la constitución del Patronato Social Virgen del Carmen para la manufactura del esparto y de la palmilla. Aseguraba el párroco que, cuando el patronato estuviese en funcionamiento, quedaría superado el paro obrero en la ciudad, tanto el pesquero como el agrícola. De igual manera se planteaba la construcción de una serie de viviendas para pescadores. Contaban con el apoyo del Gobierno Civil, el obispo de la Diócesis y el ayudante militar de Marina, Pascual Cervera, que facilitaba el terreno. El arcipreste comenzó un intenso acercamiento y una serie de peticiones a los ministros que, con bastante frecuencia, visitaban la ciudad. Coincidiendo con estas fechas se divulgaba entre la opinión pública la «labor municipal eficiente» del Ayuntamiento de Marbella, que presidía el alcalde Francisco Cantos, y que había merecido las felicitaciones del Gobernador Civil. A pesar de la mala situación económica, se habían conseguido una serie de importantes mejoras, como la conducción y distribución de agua por valor de un millón novecientas mil pesetas, la adjudicación de doce viviendas protegidas, construcción de alcantarillado en la avenida de El Faro y de Miguel Cano (en este último caso sufragado por el marqués de Ivanrey, Ricardo Soriano), pagas extraordinarias para los funcionarios municipales con motivo del dieciocho de julio y la Navidad, obras de reforma de la Villa de San Luis en San Pedro Alcántara, para escuelas de niños y niñas, así como viviendas para los maestros, con una inversión de treinta mil pesetas. Se adquirió material quirúrgico para el hospital municipal por importe de quince mil pesetas. Se construyó un nuevo edificio para la administración de arbitrios, una fuente en San Pedro Alcántara y se canceló una deuda municipal que ascendía a sesenta mil pesetas. Entre los proyectos de próxima ejecución se encontraban la construcción de matadero y mercados de abasto (en Marbella y San Pedro); edificación de cuatro escuelas y viviendas para maestros, construcción de la casa de correos y telégrafos y de la casa cuartel de la guardia civil. Marbella iba a finalizar la década con un horizonte de esperanza.

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