11 de agosto de 2019
11.08.2019
La Opinión de Málaga
Terapias con animales

Niños y perros de fábula

De forma altruista, la asociación Adiestramiento Canino Coín hace posibles terapias asistidas por canes para menores con TEA, retraso madurativo, parálisis cerebral, síndrome de Down o Asperger

11.08.2019 | 05:00
Niños y perros de fábula
Dos niños juegan con sendos perros de la asociación Adiestramiento Canino Coín.

Adiestrados para la compañía mutua

  • De lunes a jueves, la caída de la tarde coincide con uno de los momentos en los que se encuentra el punto de partida de la asociación Adiestramiento Canino Coín. Se trata de las clases de adiestramiento en las que se congregan sus asociados con sus mascotas en una actividad que tiene, entre sus objetivos, afianzar la relación con el perro y luchar contra el abandono. En este iniciativa reside la base de la que parte la amplia labor que lleva a cabo el colectivo, que fue fundado por Antonio José Solano y Alberto Martín a raíz de la experiencia que adquirieron, en Protección Civil, en labores de salvamento y en la búsqueda de personas desaparecidas con perros. Así, una de sus líneas de actuación se encomienda al adiestramiento de los canes para que acompañen a personas con movilidad reducida que viven solas y «los ayuden en su día a día», según recalca Alberto Martín. «A los perros los preparamos para que recojan objetos del suelo o les abran las puertas y los cajones, con la compañía como objetivo fundamental. El perro les ayuda también a salir más a la calle y, si por ejemplo, se les cae la cartera y no hay nadie, con el simple hecho de que el animal la recoja y se la dé ya le agradecen el detalle», añade. Otro tipo de proyecto en el que, con vistas a abrir nuevos frentes, empiezan a implicarse desde tierras coínas está destinado a pacientes con diabetes tipo 1. Se trata de un programa que trabaja en los perros de alerta médica la habilidad para detectar el descenso en los niveles de azúcar y prevenir, de este modo, las hipoglucemias. Asimismo, Adiestramiento Canino Coín realiza exhibiciones, en centros educativos y sociales de toda Andalucía, en las que se transmiten los beneficios que pueden reportar los perros a todo tipo de colectivos.

El sueño de la ampliación empieza a gestarse en septiembre

  • Si la apertura de la caseta en la que desarrollan las terapias fue celebrada como un logro, cualquier posibilidad de crecimiento ya no es una utopía para Adiestramiento Canino Coín. La ampliación y mejora de sus instalaciones se ha convertido en un anhelo que demanda la propia realidad. Un día a día que, a modo de satisfacción, refrenda que la impagable labor que llevan a cabo no pasa desapercibida. Es una especie de entrañable secreto a voces que se ha corrido por toda la provincia de Málaga y, dadas las solicitudes de atención y los desplazamientos que se registran hasta Coín, la asociación ya cuenta con lista de espera. «Si, en lugar de con esta caseta de 25 metros, contáramos con un aula de 90 metros cuadrados, podríamos hacer terapias con cuatro o cinco niños al mismo tiempo, en lugar de solo tener capacidad para uno o dos», explica Alberto Martín Boza. En septiembre empezará a gestarse el sueño con unas jornadas de puertas abiertas encaminadas a la captación de apoyos entre empresas e instituciones.

En Coín existe un enclave, situado a las espaldas del centro comercial La Trocha, en el que niños y perros de fábula habitan las páginas de un cuento, tan real como la vida misma, en el que nada es fácil. Y el verbo luchar conjuga la senda que entrega las llaves de la satisfacción, como en todas aquellas cosas que de verdad merecen la pena.

De forma altruista, la asociación Adiestramiento Canino Coín-Perros de Alerta Médica hace posibles «terapias asistidas con perros para niños y niñas con trastornos del espectro autista (TEA), retraso madurativo, parálisis cerebral, síndrome de Down o Asperger», según explica Alberto Martín. Este experto en adiestramiento canino habla en nombre de un equipo multidisclinar que cuenta con terapeuta, psicólogo, logopeda, médico, trabajador social, abogado y biólogo. «Tenemos varios perros de terapia. Para cada colectivo, utilizamos uno u otro, si hay que mejorar con un niño la coordinación o el equilibrio, usamos una perra labradora, que tiene muchas habilidades; y si hay que trabajar una actividad más tranquila, un perro de agua o un pastor alemán, a los que llamamos perros mantas», señala el técnico en terapias e intervenciones asistidas con perros.

Precisamente, un perro de agua llamado Fiona y el pastor alemán Rex son los anfitriones cada jueves de la cita que lleva hasta Coín desde el Arroyo de la Miel (Benalmádena) a Leandro, un niño de 7 años, junto a sus padres, Joaquín y Yolanda. «Cuando se pusieron en contacto con nosotros, Leandro era un niño con sensibilidad selectiva que solo comía productos lácteos, la psicóloga nos marcó el objetivo de que comiera al menos potitos y, tras el ejercicio con el perro, ya come todo tipo de potitos. Como aún no come nada sólido, ahora estamos con la fruta –la sandía, el plátano o la manzana– y, aunque a primera hora le producía mucho rechazo, ya toca la fruta con las manos y se le pasa por la cara», relata Martín sobre una técnica en la que sobre el perro recae todo lo relativo a la motivación.

Durante la terapia, Alberto Martín encuentra un complemento ebrio de complicidad en la labor de Beatriz Santos, la terapeuta ocupacional voluntaria que le va marcando las pautas a seguir con Leandro y le ayuda en la toma de decisiones. «En su caso, como el de la alimentación es el objetivo fundamental, al niño se le marca el objetivo de darle de comer al perro, a Rex o a Fiona, sin saber que lo que realmente se busca es que coma él. Mientras Leandro parte el plátano o la sandía, le decimos que le dé de comer al perro, que tiene mucho hambre, y eso le sirve de motivación. Si no tuviéramos al perro, tendríamos que inventarnos un juego diferente y buscar una motivación distinta, diciéndole 'vamos a jugar' de este u otro modo. El perro nos facilita mucho la terapia. Con algo tan simple como darle de comer al perro, ya está haciendo un ejercicio muy útil», expone esta graduada en Terapia Ocupacional.

Las relaciones humanas y la colaboración que rodea a esta iniciativa no se entendería sin testimonios como el de la madre de Leandro, Yolanda Fernández: «Conocí estas terapias a través de un sobrino mío que es médico y se lo comenté a la logopeda y, como le pareció bien, empezaron a venir a casa Antonio o Alberto. Leandro conectó bien con Fiona y empezamos a ver avances como el de aprender a cortar con tijeras y en la alimentación», asegura antes de explicar que aún su hijo «no tiene diagnóstico médico». «Se descartó el autismo y el por qué cinco años después todavía no se sabe, no se sabe ponerle una etiqueta y en el colegio, como tienen que ponerle algo, lo llaman retraso intelectual», añade Yolanda con la certeza de que ir a Coín «es una de las mejores cosas» que han hecho. «Gracias a Dios, no necesita nada para dormir y no tiene medicamentos; el neuropediatra nos dice que no existe un medicamentos para él, por lo que este chute de estímulo es fundamental, es su medicamento», dice agradecida.

Las instalaciones de Adiestramiento Canino Coín. L. O.

Dos hermanos con autismo


Otro de los ejemplos de superación que se están gestando en las terapias asistidas de Adiestramiento Canino Coín –de las que se benefician toda la familia– encontró, un buen día, a sus protagonistas en dos hermanos de La Cala del Moral, con autismo, llamados Pedro y Andrés.

«Los niños han evolucionado muchísimo. Al principio, era muy complicado salir a la calle con ellos. Corrían hacia delante y no miraban para atrás. Gracias a los ejercicios en los que salían a la calle con los perros y se trataban las conductas de fuga que tenían, se ha conseguido que ya paseen cogidos de la mano de sus padres por todas las calles de La Cala del Moral», cuenta Alberto Martín. Este técnico en terapias e intervenciones asistidas con perros –que pese a su juventud ya atesora una década de experiencia– se emociona al referirse a los resultados que se han hecho palpables en el núcleo de Rincón de la Victoria.

Leandro, durante la terapia, acompañado por Alberto Martín y Beatriz Santos.
Apadrinamientos privados


Tanto Alberto Martín como su compañero Antonio José Solano crearon hace seis años Adiestramiento Canino Coín con deseos como el de «ayudar a familias sin poder adquisitivo para que sus hijos tengan derecho a una terapia». «Intentamos que a las familias les resulte gratuito, que no paguen nada; buscamos empresas que apadrinen las terapias para los niños, todo lo que cubre el mantenimiento del perro, su comida o las revisiones en el veterinario, así como el material que empleamos. Las empresas apadrinan a precio de costo, unos 2.000 euros al año por niño, en los que se incluyen además profesionales como los terapeutas, psicólogos o el logopeda si el niño los necesita y no los tiene ya por su parte. Nosotros nunca decidimos vamos a hacerle a este niño esto, son los profesionales los que nos lo indican», aclara.

Además, Alberto Martín explicó que «los asociados que vienen a las clases de adiestramiento pagan una cuota y gracias a ello hemos conseguido, por ejemplo, la caseta que ahora tenemos y nos evita los desplazamientos a domicilio anteriores; hacerlo aquí es mejor tanto para el niño como para sus familiares». «Es muy gratificante para nosotros ver cómo los niños evolucionan y son capaces, por ejemplo, de ir por ellos mismos al quiosco o sentir lo que los padres lo agradecen, solo por eso merece la pena seguir luchando», expresa.

Personas mayores


Las terapias asistidas con perros de Adiestramiento Canino Coín se trasladan, en ocasiones, a los talleres que Cruz Roja comparte con las personas mayores de esta localidad del malagueño Valle del Guadalhorce.

Los ejercicios en los que se implican los canes invitan a los ancianos a ejercitar la memoria, sentir compañía o a combatir la depresión y la soledad, si se siguen las impresiones de Alberto Martín: «En los ejercicios de memoria, ponemos conos de diferentes colores y les pedimos que en cada uno de ellos le digan al perro que haga una acción. En el amarillo, se tiene que tumbar; en el naranja, sentarse; y en el rojo, que te dé la pata. Y, a la vez, se está trabajando la autoestima porque cuando le dicen al perro que se tumbe y lo hace, sienten que le ha obedecido y eso les insufla un subidón de autoestima impresionante», relata con ese entusiasmo que delata a quien solo quiere serle útil a los demás.

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