15 de octubre de 2020
15.10.2020
La Opinión de Málaga
Restricciones

La hostelería de Sierra de Yeguas, la gran perjudicada

El sector considera las nuevas medidas absurdas y denuncia que el problema está en las fiestas

15.10.2020 | 05:00
Varias personas desayunan, guardando la distancia de seguridad, en un bar de Sierra de Yeguas.

El confinamiento o más vigilancia

  • Aunque la incidencia de contagios en Sierra de Yeguas cada 100.000 habitantes en 14 días siga superando el millar de positivos, esta cifra ha ido descendiendo por lo que la Junta no considera oportuno establecer el confinamiento ni la restricción de movilidad a la hora de entrar y salir del pueblo. Sin embargo, para algunos vecinos esta hubiera sido la solución a corto plazo, al menos durante una o dos semanas como ya se hizo anteriormente durante el estado de alarma. El aumento de labores de vigilancia por parte de la Policía también ha sido uno de los principales reclamos entre los serranos, quienes consideran que la vigilancia actual es insuficiente y piden que los agentes intervengan en las zonas privadas. También apelan a la responsabilidad individual, sobre todo de los jóvenes, que parecen ser el principal rango de edad que está siendo más afectado por los contagios de Covid-19 por la celebración de fiestas.

Las nuevas medidas que la Junta de Andalucía ha implantado para frenar la expansión de los contagios de coronavirus en Sierra de Yeguas pasan por el cierre anticipado de los establecimientos de comida y la limitación de reuniones multitudinarias lo que ha provocado el rechazo de hosteleros y vecinos.

Venían avisando y así ha sido. Tras el cribado de test masivos de antígenos que la Consejería de Salud y Familias realizó a 277 vecinos de Sierra de Yeguas y que se saldó con 9 positivos, la Junta de Andalucía ha decretado nuevas medidas de prevención en el municipio ante el mantenimiento de una alta incidencia de contagios. Unas restricciones que, para sorpresa de muchos, no han pasado por el confinamiento ni la limitación de la movilidad, sino que ha afectado directamente al sector de las hostelería.

Raúl Cuesta González es dueño de Bar An Ca Raúl, y desde este jueves, 15 de octubre, tendrá que dejar de servir copas a las nueve y media de la noche y cerrar su establecimiento a las diez, algo que ha tachado de «sin sentido y absurdo» ya que «a esas horas en Sierra de Yeguas prácticamente no sale nadie. En todo caso al mediodía es cuando puede haber más riesgo de contagio».

Y es que el haber estado cerrando durante todo el verano a la una de la madrugada ha hecho que «la gente se conciencie» por lo que espera que los vecinos «ya ni salgan con este nuevo horario. Lo que van a conseguir es que la gente se vaya a comer a otros pueblos y terminando así de arruinar el sector», afirma.

Juan Antonio Chamizo, dueño del Bar Chamizo, también ha recibido fatal la noticia, porque «ya había poco trabajo para que ahora nos hagan esto cuando la culpa no es de los bares. No hay derecho».

Y es que todos coinciden en que el problema no está en los bares, donde se mantiene la distancia, la higiene y hasta la Policía puede vigilar, sino en «los corralones» y en las fiestas privadas de los jóvenes porque argumentan que «en el pueblo no ha habido ni un solo contagio en los bares desde que comenzó la pandemia».

Un duro golpe que vuelve a sufrir el sector de la restauración y que tendrá que aguantar durante las próximas semanas.

Aunque otra de las nuevas medidas implantadas por el Ejecutivo andaluz ha sido la limitación de aforo en celebraciones familiares y multitudinarias como bodas y comuniones, en el pueblo consideran que eso no cambiará apenas nada. «Puede que solucione algo, pero esa no es la raíz del problema», manifiesta Cristian Peña, trabajador de una tienda de comida quien considera que las nuevas restricciones «ni se notarán».

Pero los afectados parece que no son solo los bares ni su permanencia.

María Jesús Gutiérrez trabaja de ayudante a domicilio de personas mayores y desde su experiencia tiene claro que los más perjudicados con todas las medidas están siendo los abuelos y los niños. «Los mayores están fatal, tanto de nervios como de estado de ánimo. Por lógica y al ser más vulnerables no pueden salir, ni ir a sentarse a la plaza que está precintada ni a dar paseos, cuando los jóvenes de 18 años están todo el día en la calle y muchos de ellos sin ser responsables».

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