Después de viajar y vivir en varios países, viejos recuerdos personales llevaron al holandés Tony Keijser de 29 años a parar temporalmente en España y por azar del destino, una avería en su coche le obligó a quedarse en Fuengirola, allá por 1964. Decidió así residir en este pueblo de la Costa del Sol en el que terminó abriendo uno de los primeros bares del lugar con el nombre 'La Cueva'. Tras varios años, 'Tony La Cueva', apodo que recibió por parte de los fuengiroleños, comenzó a trabajar en un proyecto para turistas basado en la visita a un zoológico escondido en Tolox, donde construyó una de sus primeras casas tras vender su establecimiento de hostelería.

Todos estos momentos están plasmado en fotografías «inéditas y de mucha calidad» realizadas por él mismo y que ahora atesora su hijo, Antonius Keijser, quien actualmente está trabajando en su revelado porque «son fotografías increíbles, muchas de retratos de niños y mayores que ya no están».

Y es que antes de fallecer a los 85 años el pasado 23 de diciembre del fatídico 2020, su padre le encomendó a Antonius que tratase de localizar a todas esas personas que retrató a través de la lente de la cámara o a sus familiares para hacerles llegar una copia de esas instantáneas. Pero Tony ha dejado un buen legado de fotografías, tantas casi como todo lo que han presenciado sus ojos azules.

Tras marcharse de Málaga, su ambición era irse a Asia, pero la situación de plena Guerra Civil que descubrió en Guatemala en 1992 le hizo quedarse allí más tiempo durante su viaje por Latinoamérica. «En aquellos años no había tanta información como ahora. Él llegó allí sin saber a lo que se iba a enfrentar».

Desde ese momento, se implicó junto con un misionero en sacar de la extrema pobreza a cientos de niños y niñas. Su mente abierta le permitió integrarse y ser reconocido por las comunidades mayas donde conoció a la que sería su futura esposa y madre de su hijo en la aldea indígena de Tecpan, decidiendo después de eso parar su misión. «Mi padre me contó que era muy difícil estar satisfecho, veía morir a niños con impotencia, y se dio cuenta de que él solo no podía cambiar un sistema completo».

A la par, participó como fotógrafo cubriendo uno de los primeros programas de reconciliación entre jóvenes rusos y estadounidenses durante la Guerra Fría y documentó la masacre de 'Dos Erres' de Guatemala. Tras recibir amenazas, él y su familia huyeron a Holanda, donde residieron un par de años. En el 2000 volvió de nuevo a Tolox pero esta vez acompañado de su familia, para la que construyó una nueva casa a la edad de 70 años. «Cayó desde la torre de la casa en obras, pero ninguna de sus 14 costillas rotas le impidieron terminar lo que había comenzado». Aunque Antonius confiesa que la primera casa que construyó es «la más bonita del pueblo» y espera poder comprarla en algún momento.

Tony Keijser fue un artista que no correspondía a su época. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, a lo largo de su vida sufrió una tuberculosis, el virus de la rabia y una úlcera estomacal. Entre sus muchas facetas destacaba la de retratista. No era un arquitecto profesional, pero erigió hasta 9 edificios.

A pesar de todo el dolor, él quería seguir viviendo más. Estas fueron las últimas palabras de un hombre de mente joven, que no correspondía con un cuerpo que había vivido tanto.

«Mi padre me ha enseñado que no tengo límites, que todo es posible. Nunca se preocupó por su reconocimiento, y ahora me veo en el deber de hacer que así sea», concluye su hijo.