La virulencia de la tercera ola ha desatado los contagios en prácticamente toda la provincia, que contabiliza ya más de la mitad de sus municipios cerrados por las elevadas tasas de incidencia que soportan. Pese a las restricciones, continúan subiendo los casos de un virus que no discrimina ni a las grandes urbes costeras ni a los núcleos poblacionales encajonados en la más compleja orografía de esta tierra.

Sin embargo, en ese tortuoso ranking de localidades que superan los 500 casos por cada 100.000 habitantes y las más afectadas, que ascienden en la lista hasta rebasar el millar, hay un pueblo de Málaga que destaca por haber iniciado ya su propia desescalada. Ese pueblo es Teba, donde viven casi 3.800 malagueños.

Este municipio de la comarca de Guadalteba, arrancó la semana como el segundo de toda la provincia más afectado por los contagios, con una incidencia de más de 4.000 casos, solo superado por Almargen. Apenas cuatro días después, esa tasa había a bajado hasta los 2.260 casos [22 de enero] por lo que, aunque aún se encuentra en niveles extremos , todo apunta a que Teba, que ya doblega su curva, será uno de los primeros pueblos en bajar de los umbrales de riesgo fijados por la Junta.

Teba, un pueblo que ya doblega la curva Ana I. Montanez

¿El secreto? Restringir antes y restringir más. El 4 de enero, el Ayuntamiento de Teba convocó un pleno extraordinario urgente ante la rápida escalada de contagios que se había desatado durante las fiestas. Tras esa reunión, se decidió clausurar la actividad de los espacios públicos como la biblioteca municipal o el centro Guadalinfo; se habilitaron teléfonos gratuitos de gestión y de trámites administrativos para minimizar los desplazamientos de los vecinos, volvieron a sacar a la calle los tractores desinfectantes…

Además, de forma voluntaria, cerró la hostelería al completo, dos semanas antes de que la Junta fijase los umbrales de riesgo y lo hiciese obligatorio. «Dos semanas que muchos bares, por ejemplo, de copas, pudiendo estar abiertos, estaban cerrados, porque entendieron que era el momento de cerrar», explica el alcalde de Teba, Cristóbal Miguel Corral. «Ahora hemos pasado de tener casi 200 personas infectadas a tener 100 hoy [por el viernes 22], y la mayoría de ella va a salir en los próximos días».

El concejal de Comercio de Teba, Antonio Maldonado, lo define como una especie de «autoconfinamiento», con gran entendimiento entre los propietarios de los establecimientos y los vecinos, que está contribuyendo al rápido descenso de la incidencia del virus. «Ha sido un compromiso colectivo de que el virus hay que acabarlo entre todos».

«Por solidaridad y por intentar apaciguar la expansión en mi pueblo decidimos cerrar, y me pilló bastante cargado porque eran navidades. Pero qué le vamos a hacer, ya se gastará», explica Antonio José Barba con resignación, propietario del Café Rock Bar, un establecimiento que cerró el 30 de noviembre por la mala situación epidemiológica. Este hostelero asegura que hasta que «no baje la curva» no piensa volver a abrir, aunque los gastos no dejan de apretar:

«Esto es un palo muy grande. Seguimos pagando los autónomos, los seguros sociales, la luz, el seguro del local… y todos los gastos que conlleva. Se pide al Gobierno ya no una ayuda, sino que se restrinjan los impuestos, algún matiz… no hemos tenido ninguna ayuda».

Otros propietarios, como Gabriel González, de la bocatería La Biznaga, consiguen cubrir gastos con el reparto a domicilio: «Claro que nos afecta, pero también tenemos que mirar por el bien común y el bien de todos. Es complicado pero, ¿qué hacemos? Es que no nos queda otra».

No obstante, el impacto económico general de la crisis actual en el pueblo se ha visto mitigado por la construcción de dos plantas fotovoltaicas en el municipio, La Vega I y La Vega II. Un proyecto que está a punto de culminar y que cuyo montaje ha dado trabajo a 500 personas, de las que 250 de ellas son tebeños. En cuanto al resto, profesionales de otras comunidades autónomas y países, han alquilado gran parte de las casas que quedaban vacías en el pueblo. «Esto ha supuesto que habiendo sido muy afectados, hemos tenido estímulo», añade Cristóbal.

Las calles han perdido el trasiego debido a las restricciones. Una vecina del pueblo acude a hacer unas compras al mercado.

Una rutina limitada

Con gran parte de los negocios cerrados, las calles del pueblo han perdido su trasiego habitual. Los tebeños han limitado al máximo su vida social y prescinden de salir más que para a lo necesario. Apenas se ven vecinos por las calles o los establecimientos que sí están abiertos, como el mercado de abastos o el supermercado.

«¡Estamos más encerrados que una cabra vieja!», se queja entre carcajadas Antonio Arroyo, un tebeño con 83 años que se escapa un rato para aprovechar el sol del día y dar un paseo apoyado en su bastón. Le acompañan Antonio Escalante y Juan Romero, con 82 y 66 años. «Cuando estoy harto de estar en el campo, me subo para arriba poquito a poco, me meto en casa y hasta nuevo día. ¡Hay que tener cuidadito con el virus este!».

Los feligreses tampoco acuden a la iglesia con tanta asiduidad y empiezan a aplazarse las ceremonias: «La confirmación e incluso bautismos no han habido. Las bodas del año pasado todas se pasaron para este año, pero ya todas van escalonadas, algunas suspendidas para el próximo año. Es realmente complicado y difícil», lamenta Luis Fernando, el párroco de la Iglesia de la Santa Cruz Real.

En lo que va de pandemia, este municipio ha notificado unos 380 positivos, de los que en torno al 80% han sido en población de entre 15 y 50 años. Gran parte de esos contagios se han detectado en estas semanas de enero, por lo que las restricciones se mantendrán hasta nuevo aviso.

«¿Qué remedio, otra cosa no queda», exclama Cándida Vera, mientras dispensa unos dulces en el mercado junto al Ayuntamiento.

Tres tebeños pasean un rato durante la mañana

La segunda ola, el duro precedente que movilizó al pueblo

Un grave brote en un bar generó un centenar de contagios en Año Nuevo.

En el municipio de Teba, los vecinos son grandes conocedores de la rapidez con la que puede expandirse la Covid-19, ya que lo han vivido muy de cerca y, además, muy recientemente.

La segunda ola tuvo un impacto mordaz en este pueblo malagueño. Con la escalada progresiva de contagios, en poco tiempo la incidencia acumulada del pueblo se situó por encima de los 2.500 casos y empezaba a descontrolarse.

«Entonces fuimos muy restrictivos, se hicieron muchas políticas que posteriormente resultaron positivas. Se hicieron cribados, se hicieron llamamientos a la población, se autoconfinó mucha gente… pasamos de 2.500 a cero en poquísimo tiempo» explica el regidor.

Antes de las fiestas navideñas, en Teba disfrutaron de dos meses completos sin notificar ni un solo contagio y así se mantuvo hasta que entraron en vigor las limitaciones más laxas de la desescalada navideña.

«Llega la Navidad, se abre mucho más, se permiten reuniones familiares y es ahí, en esa relajación, donde se propaga de forma exponencial, pasando en casi tres o cuatro días, de cero a 1.000 casos. Desde ese momento, un día antes de Nochevieja ya teníamos los niveles bastante elevados».

Esta subida exponencial culminó con la notificación de un brote en un bar que se saldó con más de un centenar de infectados. Y a partir de ahí se empezaron a tomar medidas.