«Sentí que era el momento de dar el paso profesionalmente y me veía con muchas ganas de hacerlo». Esa es la respuesta que da el malagueño Pablo Álvarez González cuando la gente le pregunta cómo ha sido capaz de abrir un negocio en medio de un panorama desolador para los comercios que han sido duramente golpeados por la crisis.

Y es que ni un contexto de pandemia mundial ha podido parar la determinación de este joven malagueño de 26 años afincado en Torremolinos que ha abierto recientemente su propio gabinete de fisioterapia y readaptación física y deportiva en la avenida Reina Sofía, 17 de Coín, negocio que ahora debe de compaginar con su trabajo en el Málaga Club de Fútbol.

Pero sin lugar a dudas, el inicio de esta aventura ha tenido mucho que ver con el respaldo y la confianza que han depositado en él su familia, quienes además le han ayudado y apoyado económicamente en este proyecto, «algo que siempre les agradeceré». En este sentido, Pablo ha querido destacar e incidir en que «a pesar de la pandemia y la situación por la que estamos pasando, no existen apenas, por no decir ninguna ayuda por parte de la Administración provincial y autonómica para que los jóvenes podamos emprender nuevos negocios», cuenta el malagueño desde su experiencia, al mismo tiempo que la hace extensible a la de otros compañeros de diferentes profesiones. «Pregunté en muchos sitios, y en ninguno me dieron solución, la verdad que me parece increíble», opina Pablo, quien se muestra decepcionado y al mismo tiempo esperanzado en que cuando todo esto pase puedan lanzar nuevas medidas para este fin poco a poco.

Aunque Pablo nació en Málaga, se crió con la playa de Los Álamos de fondo y actualmente reside en Torremolinos, tanto él como su familia están muy vinculados a Coín ya que su padre es originario de allí, donde tienen además la empresa familiar y una segunda residencia.

Desde que terminó sus estudios universitarios, la idea de tener su propio negocio no paraba de rondar por su cabeza, pero la falta de experiencia en el mundo laboral y la indecisión sobre en qué podía especializarse hizo que «siempre me lo pensara mucho porque una profesión como la fisioterapia tiene muchas especialidades y ramas que incluso todavía no están reconocidas».

El paso definitivo para abrir el centro surgió hace un año y medio después del máster que cursó sobre readaptación física en Sevilla, lo que afianzó aún más su pasión por esta especialidad con la que los pacientes se recuperan de su dolencia de manera activa. «La gente concibe la fisioterapia como un tratamiento puro y duro de camillas, masajes, terapia manual, punción y demás, pero nosotros la encaminamos a una recuperación más activa que está avalada científicamente».

En principio Pablo trabaja solo porque el compaginar su empleo en el Málaga le impide seguir horarios estrictos y la situación de pandemia tampoco es halagüeña como para incorporar a otra persona, aunque no descarta en un futuro contar con otro profesional que complemente su equipo.