Pascual Cózar llegó a Alozaina en 2010 junto a su mujer Toñi Oriola y su hijo. Por causalidad, un amigo lo invitó a visitar la primera edición de la Luna Mora de Guaro y los pueblos cercanos, como Alozaina. Un tiempo más tarde volvió para emprender un sueño sin apenas recursos pero con ideas claras, capacidad, experiencia y mucho de creatividad y empeño. El proyecto familiar lo llamó Cerámica Viva. Se crió en una familia de alfareros de Bailén en la que el oficio se pierde en el tiempo. «Un profesor de la Universidad de Jaén hizo un estudio del padrón de Bailén. Entre las conclusiones resalta que los artesanos estaban agrupados por barrios y en el registro adosaban al nombre y apellidos de la persona a qué se dedicaba. Este estudio nos revela que una pieza expuesta en el Museo de Arte y Costumbres de Jaén, datada en 1828, está firmada por Miguel de Cózar, es decir, un antecesor nuestro. Con esto podemos afirmar que la alfarería se inició, al menos, hace cinco generaciones en mi familia».

Su mujer, Toñi Oriola, modela una pieza

Su mujer, Toñi Oriola, modela una pieza J. Sepúlveda

Pascual y Toñi trabajan en su taller en un encargo para una hermandad de Ardales. Modelan un pequeño trozo de barro con sus manos y en unos minutos lo convierten en uno de los barrocos adornos de las copas del encargo. Parece magia. Los comienzos fueron duros, con dinero prestado, vendiendo sus trabajos en los mercadillos, en las recreaciones históricas de la zona en las que Pascual se llevaba el torno y se caracterizaba de medieval para dar a conocer su arte.

«Poco a poco nos dimos de alta como autónomos, también en el registro de artesanos; compramos una cabina de esmaltar y además de hacer jarras, macetas, lebrillos, orzas, en los tiempos libres, mi inquietud me llevó al modelaje. Poder hacer un busto, una figura completa, un mural, transformar el barro en algo más de lo que realiza un alfarero, sin dejar de tratar las técnicas clásicas como la cuerda seca, sobre cubierta, bajo cubierta, esmaltamos e investigamos sobre nuevas técnicas o colores. Hay que aprender a aprender», relata Pascual, que aunque mantiene la tradición del alfarero también desarrolla proyectos de diseño personalizados desde la escultura, pasando por la decoración a la arquitectura, «el barro es una auténtica metamorfosis».

Respetuoso con el medio ambiente, las energías y la espiritualidad, a lo largo de los años se ha inspirado en la naturaleza. Durante una época, las civilizaciones maya, persa, mesopotámica o egipcia han sido fuente de inspiración de las que han surgido grandes murales, cuadros, figuras de otros tiempos que también ha fusionado con las tendencias actuales.

Retablo de la pila bautismal de la iglesia de Alozaina

Retablo de la pila bautismal de la iglesia de Alozaina J. S.

«Creamos obras con luz propia, cuyo ingrediente secreto es la energía que le ponemos a cada una de nuestras piezas», explica el maestro alfarero bailenense afincado en Alozaina

Actualmente prefiere dejar que su estado de ánimo e imaginación le lleven a crear objetos, colores, dibujos, motivos que lleguen de manera natural a su cabeza y a sus manos. No tiene un referente, un ídolo, en su disciplina «no por no querer ni porque no me guste, sino porque las circunstancias no me han dejado ese tiempo para culturizarme en ese sentido. Siempre he tenido que compaginar mi crecimiento con llegar a fin de mes. Esto no es negativo, al contrario, me permite sacar lo que llevo dentro. Superarme a la fuerza», declara Cózar, que anhela tener algún día ese espacio entre su vida personal y laboral para ahondar en técnicas. Su gran sueño es tener una escuela de alfarería y enseñar el oficio «pero puro y duro. No pinceladas sino que una persona pueda aprender realmente, desarrollarse en la profesión, abrirles la mente».

La escuela sería una manera de continuar este oficio extendido por el mundo y que ya practicaba el hombre en el Paleolítico. Una profesión que se va perdiendo cada vez más siendo este taller el único en la Sierra de las Nieves y uno de los pocos en la provincia que usan en exclusiva las manos, y no las máquinas, para moldear el barro, con diseños exclusivos y por encargo.

«Cuando estuvo aquí la delegada de Formación, Carmen Sánchez, para entregarnos el distintivo de Calidad Profesional, -del que estoy muy orgulloso y que mi mujer y yo consideramos un reconocimiento a un gran esfuerzo-, hablamos sobre la necesidad de que la Junta otorgue a personas como yo, que nos hemos formado trabajando y no en una escuela, un certificado de profesionalidad. Pero no hay convocatoria para acreditarnos. Si creamos una escuela, esto no pasaría y los alumnos tendrían acreditada su formación. La delegada se sorprendió al ver a lo que hacemos. Yo, en Málaga, no conozco ningún taller que haga lo que hacemos aquí», afirma Pascual.

Un arte que si las instituciones no apoyan está abocado a la extinción. De la generación de Pascual y Toñi hay muy pocos alfareros en Andalucía y casi ninguno en Málaga. Si no se protege este sector las máquinas sustituirán a las manos, máquinas que no podrán ponerle el sentimiento, la pasión y la personalización a estas piezas, puras obras de arte que han sido históricamente desde tiempos prehistóricos parte de la vida cotidiana del hombre y en las que encontramos datos de nuestra evolución como seres humanos.

Situado en Alozaina, el taller Cerámica Pascual Cózar (www.ceramicapascualcozar.es) hace trabajos a medida y todo tipo de piezas de alfarería clásica y moderna. Entre sus obras más significativas están el retablo de la pila bautismal de la parroquia de Alozaina, la decoración de la fuente del Mazacote de Tolox, inspirada en la película El Señor de los Anillos; o una figura de San Roque en la explanada de la parroquia de Tolox.